Página editada por Antonio L. Manzanero, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. España

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Reconocimiento de personas







MANZANERO, A.L.; GRANDES, I. y JÓDAR, J. (2009). Edad y experiencia en el reconocimiento y la descripción de personas. Boletín de Psicología, 95, 87-98.

Edad y experiencia en el reconocimiento y la descripción de personas


Antonio L. Manzanero
Irene Grandes
Jennifer Jódar
Resumen
En el presente estudio se analizó el papel de la experiencia y la edad sobre la capacidad para describir y reconocer personas. Dos grupos de sujetos con diferente experiencia en tareas de descripción y reconocimiento (civiles y policías) y con dos niveles de edad (jóvenes y adultos) describieron y trataron de reconocer a un hombre y una mujer en sendas ruedas fotográficas de reconocimiento. Los resultados mostraron que los jóvenes policías, con escasa experiencia profesional, y los civiles jóvenes rindieron igual en las dos tareas; mientras que los policías de mayor edad y experiencia profesional mantuvieron su rendimiento en comparación con los civiles de mayor edad que aportaban menos rasgos descriptivos y rindieron peor que los civiles jóvenes en las tareas de reconocimiento. Las estrategias de codificación mixtas, holísticas y por rasgos, en los policías de más experiencia podría servir para minimizar el efecto negativo de la edad sobre la identificación de personas.

Palabras clave: memoria, testimonio, identificación, reconocimiento, caras, psicología experimental, experiencia, edad, aprendizaje.

Abstract

The present study analyzed the effect of experience and age on the ability to describe and recognize people. Two groups of subjects with different levels of experience on recognition and description tasks (civilians and policemen) and two levels of age (younger and older) described and tried to recognize a man and a woman in two identification trials. Results showed that young policemen, with little professional experience, and young civilians performed equally in the two tasks, while the old experienced policemen maintained their performance compared to older civilians which contributing less descriptive features and performed worse than young civilians in recognition task. The used of mixed coded strategies, holistic and by features, in the most experienced policemen, could serve to minimize the negative effect of age on the identification of persons.

Key words: memory, eyewitness testimony, identification, face recognition, experimental psychology, age, experience.

Introducción

La capacidad para reconocer y describir a una persona depende de diferentes factores (Manzanero, 2006) y es una de las habilidades cognitivas más relevantes pero también de las más complejas. Distinguir a una persona de otra es una tarea muy específica en la que intervienen complejos procesos perceptivos, atencionales, de memoria y de toma de decisión. Identificar una cara es muy diferente a identificar un objeto. Todas las caras son esencialmente iguales y la diferencia entre unas y otras es cuestión de matiz, pero además las caras son dinámicas, por lo que cambian a lo largo del tiempo, a largo plazo con el envejecimiento, pero también a corto con las expresiones faciales. Se trata de una de las primeras habilidades cognitivas del ser humano, ya que se desarrolla en los primeros días de vida (Bushell, Sai y Mullin, 1989) y una de las capacidades que se ve disociativamente afectada por diferentes déficit cognitivos. Sin embargo, es una de las habilidades más desconocidas y sobre las que todavía hay una gran variedad de preguntas sin resolver sobre procesos implicados y factores que los afectan. Algunas de estas preguntas cuestionan sobre el efecto de la experiencia o la edad sobre la capacidad para describir y reconocer una cara, y en última instancia si podría entrenarse la capacidad para identificar personas. Estas cuestiones serían relevantes tanto para el tratamiento de déficit relacionados con el procesamiento de información facial (prosopagnosia) como para el entrenamiento de profesionales entre cuyas competencias esté el reconocimiento y la descripción de caras (por ejemplo miembros de cuerpos de seguridad).

Descripción de personas
Desde la perspectiva de las tareas de memoria implicadas, la descripción es muy diferente al reconocimiento. Describir una cara consiste en pasar a un formato verbal la imagen que de una persona recuerde el sujeto. Por lo tanto, además están implicados procesos de lenguaje y representacionales. Los estudios realizados en el marco de la psicología del testimonio (Manzanero, 2008) muestran que describir a una persona es una de las tareas más difíciles que puede pedirse a un testigo de un suceso y en general su rendimiento suele ser bastante escaso. Así, las descripciones frecuentemente son muy generales y parciales, de modo que difícilmente una descripción tiene utilidad para la identificación de una persona. Si la descripción fuera lo suficientemente precisa, hasta el punto de reducir la incertidumbre prácticamente a cero (aquellos casos en que el testigo conoce de antes al autor de los hechos), la rueda no sería necesaria, ya que no es esperable que se pueda reducir más la incertidumbre existente (Wells, Seelau, Rydell y Luus, 1994). A continuación se reproduce como ejemplo una descripción dada por una víctima de una agresión en un caso real:

“Que del hombre de mayor edad recuerda que tendría unos cuarenta años, de altura normal, si bien no puede precisar más concretamente, complexión normal aunque algo obeso, pelo color oscuro, aspecto agitanado, vistiendo una cazadora de piel de color marrón”

Como puede observarse, la descripción contiene generalidades más alguna etiqueta que permite calificar algunos rasgos. En cualquier caso, faltarían muchos rasgos descriptivos. Una de las razones es la falta de categorías que faciliten la descripción, ¿cuántos tipos de mentón, pómulos, orejas, o de ojos seríamos capaces de describir? Kuehn (1974) afirma que el tipo de información que frecuentemente aparece en las descripciones hace referencia al sexo, edad, peso, altura, complexión y color del pelo; mientras que Lindsay, Martin y Webber (1994) afirman que se suele mencionar la vestimenta, color del pelo y altura. En un estudio sobre 61 casos reales realizado en España (Diges, Manzanero, Gentil y Pérez-Mata, 1994) se observó que en las descripciones realizadas por víctimas y testigos aparecía información sobre el pelo, la edad, la estatura, la vestimenta, la complexión, algunos rasgos faciales, la raza y el acento.
Sin las categorías adecuadas que permitan distinguir y nombrar (casi) todas las caras tienen dos ojos, dos orejas, una nariz y una boca. A este respecto, cabe hipotetizar que una persona acostumbrada a manejar más categorías podría dar descripciones más completas y precisas. ¿Serían entonces mejores al describir una cara policías o maquilladores que el resto de la población?.
Algunos estudios centrados en evaluar factores relacionados con el desarrollo de la capacidad para describir a una persona podrían avalar la importancia de la experiencia y la edad en esta habilidad. Davies, Tarrant y Flin (1989) analizaron la capacidad de niños de diferentes edades para describir y reconocer a personas no familiares con las que habían mantenido una breve interacción. Este estudio se realizó con 128 niños de edades comprendidas entre 6-7 y 10-11 años, que fueron protagonistas de un chequeo médico, realizado por un adulto desconocido que les examinaba. Posteriormente se les pidió su recuerdo sobre ese chequeo médico, construyeron un retrato-robot y trataron de identificar al médico en una rueda de fotografías. Posteriormente Davies y cols. midieron el número de rasgos que aparecían en las descripciones y encontraron que la media de rasgos del primer grupo fue de 1, mientras que en los niños más mayores fue de 2.21.
Pozzulo y Warren  (2003) compararon las descripciones realizadas por niños de 10-14 años y adultos en dos estudios, con resultados convergentes. En la dirección predicha, los niños en el primer estudio aportaron menos rasgos (7.61 de media) que los adultos (9.85 rasgos de media). Pozzulo y Warren clasificaron los rasgos descriptivos agrupándolos en: rasgos faciales externos (pelo, contorno…), rasgos faciales internos (color de ojos, forma de la nariz…) y rasgos corporales (peso, estatura…). En todas las categorías los menores aportaron menos información que los adultos. Sin embargo, no hubo diferencias en cuanto a la descripción de la vestimenta, aunque los niños aportaron más información sobre accesorios (bolsos, cinturón…), que sería más irrelevante al tratar de buscar a una persona. En el segundo estudio los menores aportaron menos información para todas las categorías.
Respecto a la exactitud de las descripciones de los menores, diversos estudios (Pozzulo y Warren, 2003) confirman que su principal problema estaría en las estimaciones de edad (Dent, 1982), peso (Brigham, Van Verst y Bothwell, 1986) o estatura (Flin y Shepherd, 1986). En el estudio de Davies y cols. (1989) ambos grupos de edad (6-7 y 10-11 años) fueron mejores en las tareas de recuerdo de la cara del médico que implicaban ayudas al recuerdo mediante indicios (retrato-robot) que en las tareas de descripción del médico en términos de recuerdo libre, aunque en las primeras aumentó de forma muy considerable las tasas de errores. Estas tasas de errores fueron mayores para la descripción del médico que para la descripción del suceso. Los niños fueron más inexactos cuando tenían que recordar la apariencia de la gente o describir los rasgos faciales de los autores del delito que cuando tenían que recordar el suceso en sí. Una posible explicación apuntada en el estudio hace referencia a un déficit atencional de los niños para fijarse suficientemente en las características de la persona, ya que esta tarea por su complejidad requiere más recursos atencionales que en el caso del suceso. Por otro lado, según estos autores, es posible que el hecho de que aparecieran más errores de comisión que de omisión se deba a que los niños no saben qué lenguaje emplear o a que para describir la apariencia física de las personas hay que realizar estimaciones (de peso, edad, estatura) y en esto probablemente los niños tienen menos experiencia.

Reconocimiento
En términos generales, podemos afirmar que la tarea de reconocimiento se basa en la comparación de la imagen de la cara que recuerda el sujeto con la que se le presenta, y la toma de decisión de si es la misma persona u otra distinta. Este proceso de reconocimiento fue denominado por Mandler (1980) como reconocimiento por identificación, en oposición al reconocimiento por familiaridad que implicaría un proceso de facilitación perceptiva y que no permite al sujeto acceder conscientemente a la información que le genera la sensación de familiaridad, por lo que reconoce a la persona simplemente porque “le suena”.
Sobre el tema que nos ocupa, el efecto de la edad y la experiencia sobre la capacidad de reconocimiento, los estudios sobre el desarrollo de la capacidad para identificar personas muestran cómo ésta se va adquiriendo con la edad. Pozzulo y Lindsay (1998) realizaron un meta-análisis de los estudios realizados desde 1984 a 1997 sobre la diferencia entre menores (de 3 a 15 años) y adultos al identificar a una persona adulta. En total consideraron una muestra de 1.020 adultos y 1.066 niños, en doce trabajos diferentes, agrupando a los menores en cuatro subgrupos (preescolares, con una media de edad de 4 años; niños pequeños, de 5 a 6 años; niños mayores, de 9 a 10 años; y adolescentes de 12 a 13 años). Los resultados del análisis les permitieron concluir que los niños de preescolar realizaban significativamente menos identificaciones correctas (.47) que los adultos (.67). Pero quizá lo más sorprendente es que el grupo de niños pequeños (5 a 6 años) realizaron significativamente más identificaciones correctas que los adultos (.71 vs. .54). Los niños mayores (9 a 10 años) y los adolescentes no mostraron diferencias significativas con los adultos. Por último, los niños de preescolar tuvieron un rendimiento significativamente diferente del resto de los niños. El peor rendimiento de los niños mayores en comparación con los niños pequeños ha sido encontrado por diferentes investigadores (Carey, Diamond y Woods, 1980; Chung y Thomson, 1995), que muestran un decremento en la capacidad para reconocer caras aproximadamente de los 10 a los 16 años, aunque el intervalo de edad varía de unos estudios a otros. Una de las explicaciones que con más fuerza se defiende propone que este efecto se debería a una estrategia de codificación basada en rasgos más que en un procesamiento holístico, aun cuando a esta edad los niños ya podrían ser capaces de procesar globalmente la información facial. No obstante, existe una amplia discusión al respecto (Pozzulo, 2007).
En otras franjas de edad, con sujetos jóvenes y adultos, también se han encontrado diferentes rendimientos en las tareas de identificación de personas, mostrando cómo las personas más mayores tienden a cometer más falsas identificaciones (Bartlett y Memon, 2007; Memon y Bartlett, 2002; Searcy, Bartlett y Memon, 1999, 2000; Searcy, Bartlett, Memon, y Swanson, 2001). Smith y Winograd (1978) compararon el rendimiento de jóvenes entre 18 y 25 años con adultos de 50 a 80 años en una tarea de reconocimiento de caras presentadas inmediatamente antes y encontraron que los jóvenes fueron más exactos. En la misma dirección Searcy, Bartlett y Memon (1999) concluyen, tras una revisión de doce investigaciones, que los ancianos suelen cometer más falsas alarmas (40% de media de todos los estudios) que los jóvenes (20%), aunque no hay diferencias en cuanto a sus aciertos (81% vs. 82%). Un estudio posterior, les permitió confirmar estos datos y afirmar que los errores en la identificación cometidos por los ancianos se deberían a un déficit perceptivo. Ya que en la medida en que se controlan sus problemas perceptivos, su rendimiento no difiere del de los jóvenes. No obstante, el problema también podría estar relacionado con la cantidad de recursos cognitivos disponible (Craik y  Byrd, 1982) o con el uso de estrategias menos analíticas y basadas más en la familiaridad (Bartlett y Fulton, 1991).
¿Qué papel juegan las estrategias y la experiencia en la identificación de personas? ¿podrían éstas compensar los déficit asociados a la edad?. La creencia común nos lleva a pensar que los policías podrían ser mejores testigos debido a su entrenamiento (Mira y Diges, 1991; Loftus, 1979; Wells, 1984). En contra de esta creencia, la investigación muestra que no hay pruebas de que los policías realicen reconocimientos de más calidad que los civiles. Si fuera una cuestión de entrenamiento, los policías de más experiencia identificarían mejor que los novatos. Y estos resultados nunca se han encontrado (Loftus, 1984).
Diferentes estudios han evaluado distintas técnicas para mejorar el rendimiento de los sujetos al identificar una cara y hasta el momento no se ha encontrado ningún sistema válido para enseñar a identificar mejor una cara. Woodhead, Baddeley y Simmonds (1979) intentaron entrenar a personas, durante 3 días, con un sistema que consistía en analizar caras rasgo a rasgo, clasificando las caras por su forma y categorizando los rasgos en función de una serie de dimensiones. Los resultados mostraron que lo hicieron igual que personas que no habían sido entrenadas. Incluso, en otro experimento similar no sólo no mejoraron sino que lo hicieron peor que los que no habían sido entrenados. Así, Malpass (1981) asegura que la habilidad de las personas para reconocer caras es difícil de mejorar, a raíz de los resultados encontrados en una investigación en la que utilizó diferentes técnicas de codificación y reconocimiento, donde todas las técnicas obtuvieron resultados similares y las diferencias ente los test anteriores y posteriores al entrenamiento fueron muy pequeñas.
En el presente trabajo tratamos de responder a las diferentes preguntas planteadas sobre el efecto de la experiencia y la edad sobre la capacidad para describir e identificar personas poniendo a prueba las siguientes hipótesis de acuerdo con los estudios previos: a) Dado que las tareas de descripción e identificación son diferentes, personas con distintos grados de experiencia podrían rendir de forma diferencial ante ambas, b) las personas adultas de más edad rendirán peor que los jóvenes en los reconocimientos y las descripciones, c) las personas con más experiencia en tareas de descripción e identificación de personas manejarán más categorías al describir a una persona y rendirán mejor en las identificaciones.

Método

Sujetos
Participaron 60 sujetos, 30 policías y 30 civiles. Ambas muestras se dividieron en dos grupos para obtener cuatro condiciones en función de la experiencia: civiles jóvenes, civiles adultos, policías con menos experiencia (1 a 3 años) y policías con más experiencia (más de 10 años).

Diseño
Para contestar a la pregunta objetivo del estudio se diseñó un experimento de dos factores: experiencia (policía vs. civil) y edad (jóvenes vs. adultos). En la medida en que los policías de más experiencia también tienen más edad y este factor puede ser relevante por su efecto sobre la exactitud en las identificaciones, se establecieron dos grupos de civiles de acuerdo con su edad. Las diferencias entre civiles y policías de edades similares se explicarían por su experiencia en dirigir diligencias de identificación y declaraciones. De este modo, los grupos de civiles jóvenes y de más edad actuarían como grupo control de las muestras de policías jóvenes y experimentados, respectivamente.
En la tabla adjunta se presentan sus medias de edad correspondientes.

Tabla 1

Edades medias y (desviaciones típicas) de las muestras de sujetos


Edad

Jóvenes
Adultos
Experiencia
Civil
24.87 (4.08)
44.80 (9.42)
34.83 (12.33)
Policía
27.80 (2.14)
44.70 (4.03)
39.07 (8.71)

26.04 (3.73)
44.74 (6.88)
36.95 (10.88)








Dado que a los sujetos se les informaba de la posibilidad de que ninguna de las fotografías correspondiera con la persona objetivo, siendo ésta una opción de respuesta, las posibles respuestas contempladas para evaluar la exactitud de las identificaciones  fueron: aciertos, falsas alarmas y omisiones.
Para evaluar la descripción de la persona objetivo se consideró el número de rasgos descritos (pelo, nariz, boca, ojos, configuración global, barbilla, cejas, estimaciones de edad, etc).

Procedimiento y material
Todos los sujetos participaron en dos tareas de descripción e identificación, por lo que se obtuvieron un total de 120 respuestas. Siguiendo el procedimiento utilizado por Lyle y Johnson (2004), en primer lugar se presentaba una fotografía, para después de una tarea distractora de 10 minutos de duración consistente en realizar un sudoku, describir a la persona objetivo y participar en una rueda de identificación compuesta por seis fotografías entre las que se encontraba la persona objetivo. Todos los sujetos completaron el procedimiento en dos ocasiones, una para fotografías de hombres y la otra para fotografías de mujeres.

Las fotografías objetivo presentadas representaban a un hombre o a una mujer joven (en torno a los 20 años de edad) de frente y vestidos de negro para que la vestimenta no sirviera de indicio. Las fotografías distractoras eran de hombres o mujeres de características similares a las correspondientes fotografías objetivo, todas ellas de personas morenas y raza blanca, sin rasgos distintivos especiales y también vestidas de negro. Los distractores hombres fueron elegidos por su parecido físico con la fotografía objetivo de entre 98 fotografías de las fichas de alumnos de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid de los cursos 2003/2004 y 2004/2005. Las distractoras mujeres fueron elegidas de entre 300 fotografías de las fichas de alumnos de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid de los mismos cursos que las anteriores.

Resultados y discusión

Se procedió a realizar el análisis de los datos para las identificaciones mediante análisis de las tablas de contingencia (χ2) y de las descripciones mediante análisis ANOVA, considerando efectos principales, interacciones y efectos simples. Los datos descriptivos aparecen en las tablas 2 y 3.

 

Tabla 2

 Puntuaciones y (probabilidad) para cada tipo de respuesta en la tarea de identificación.



Experiencia y Edad
Civiles Jóvenes
Civiles Adultos
Policías Jóvenes
Policías Adultos
Aciertos
24 (0.80)
21 (0.70)
18 (0.90)
34 (0.85)
Falsas Alarmas
3 (0.10)
9 (0.30)
1 (0.05)
6 (0.15)
Omisiones
3 (0.10)
0 (0)
1 (0.05)
0 (0)

 

Tabla 3

 Puntuaciones medias y (desviaciones típicas) del número de rasgos aparecidos en las descripciones para cada condición.


Edad
Jóvenes
Adultos
Experiencia
Civil
9.2 (4.97)
6.6 (3.42)
Policía
9.4 (2.28)
9.7 (2.84)


Se encontraron efectos principales de la edad sobre las identificaciones,  χ2(2)=9.028, p<.01. En comparación con los sujetos más jóvenes, los sujetos adultos acertaron menos (84% vs. 78%), cometieron más falsas alarmas (7% vs. 21%) y menos omisiones (7% vs. 0%). No se encontraron efectos de la edad sobre las descripciones.
La experiencia afectó significativamente a las descripciones, F(1,116)=6.346, p<.01. Los policías aportan más rasgos en las descripciones de la persona objetivo que los civiles.
La interacción entre ambas variables afectó significativamente a las identificaciones, χ2(6)=13.179, p<.05, y a las descripciones, F(1,1,116)=4.931, p<.05. El análisis de los efectos simples (que considera el efecto de la edad para cada grupo de civiles y policías, y el efecto de la experiencia para los grupos de jóvenes y adultos) mostró efectos de la edad sobre las identificaciones sólo para las muestras de civiles, χ2(2)=6.200, p<.05. Los sujetos de mayor edad acertaron menos (80% vs. 70%), cometieron más falsas alarmas (10% vs. 30%) y menos omisiones (10% vs. 0%). Es decir, los civiles mayores tienden más a señalar en la rueda, cometiendo más falsas identificaciones. Además, los civiles adultos aportan menos rasgos en las descripciones (6.6) que los civiles jóvenes (9.2).
La experiencia afectó significativamente a las descripciones únicamente en los grupos de sujetos adultos, F(1,69)=17.963, p<.01. Los civiles adultos aportaron menos rasgos en las descripciones (6.6) que los policías adultos (9.7).
Además se calcularon el valor de discriminabilidad A’, siguiendo las propuestas de Snodgrass, Levy-Berger, y Hayden (1985), cuyos parámetros varían de 0 a 1 y 0.5 serían respuestas por azar; y el criterio de respuesta B”, de acuerdo con las propuestas de Donaldson (1992), donde valores <0 indican un criterio liberal y valores >0 criterios conservadores. Los valores obtenidos se presentan en la tabla 4.

 Tabla 4

 Valores no-paramétricos de discriminabilidad (A’) y criterio de respuesta (B’’) para tareas de memoria.


Experiencia y Edad
Civiles Jóvenes
Civiles Adultos
Policías Jóvenes
Policías Adultos
A’
0.913
0.785
0.959
0.911
B’’
0.384
0
0.357
0

Los datos muestras que el grupo de sujetos con más problemas en la discriminación fue la muestra de civiles adultos. Respecto al criterio de respuesta, los dos grupos de adultos mantuvieron criterio neutros, mientras que los grupos de jóvenes utilizaron criterios conservadores que implican una menor tendencia a señalar en la rueda de reconocimiento.

Conclusiones
Los resultados obtenidos confirman un rendimiento diferencial en las tareas de reconocimiento y descripción de personas. Si tenemos en cuenta el grado de experiencia  de las muestras de sujetos en tareas de descripción e identificación de personas, en primer lugar debemos considerar que éste no diferirá significativamente entre los grupos de jóvenes, tanto de policías con escasa experiencia profesional como de jóvenes civiles. Sin embargo, sí será lo suficientemente amplia la diferencia entre los policías experimentados (con más de 10 años de profesión) y los sujetos civiles equiparados en edad pero sin experiencia en tareas de dirigir diligencias de identificación de sospechosos y toma de declaración.  Por su parte, el efecto de la edad se apreciará en los datos de las muestras de civiles, puesto que la muestra de policías de mayor edad además tiene una mayor experiencia.
Los datos de las muestras de civiles indican que la edad de los sujetos puede ser un factor determinante en el rendimiento ante tareas de identificación y descripción. Como se comentó en la introducción, Searcy, Bartlett y Memon (1999) concluyeron a partir de un meta-análisis que los sujetos más mayores suelen cometer más falsas alarmas que los jóvenes, aunque no hay diferencias en cuanto a sus aciertos. Los resultados aquí encontrados van en la misma dirección en las muestras de civiles ya que los civiles adultos cometen más falsas identificaciones que los jóvenes, producto de una mayor tendencia a señalar que éstos. Sin embargo, en las muestras de policías no se aprecia un deterioro en el rendimiento en ninguna de las dos tareas, aunque hay que destacar la diferencia en el criterio de respuesta en la misma dirección que en los civiles.
Respecto a la experiencia, los resultados muestran que las dos muestras de policías, con amplia o escasa experiencia, rinden aproximadamente igual en las tareas de identificación y descripción que los jóvenes civiles, aunque los policías jóvenes utilizan criterios de respuesta más conservadores que los de más edad. No obstante, la interpretación de estos resultados cambia cuando comparamos los grupos de sujetos de mayor edad. Si la experiencia no tuviera ningún efecto, lo esperable sería encontrar que los policías de mayor edad se comportaran como los civiles de edades equiparables. Así pues, podemos afirmar que la experiencia afecta a la capacidad para describir y discriminar una cara vista previamente, en el sentido de minimizar los efectos de la edad. La experiencia, no obstante, no parece afectar al criterio de respuesta que se hace menos conservador con la edad en todos los casos, incrementándose la tendencia a señalar.
Siguiendo las propuestas de Bartlett y Fulton (1991), según los cuales los déficit en la identificación de personas asociados a la edad podrían deberse a estrategias menos analíticas, una posible explicación a los resultados encontrados en este estudio sería que las profesiones en las que se potencia un análisis de los rasgos, como ocurre con los policías que manejan más categorías de etiquetas de rasgos faciales, podrían potenciar las estrategias mixtas basadas en el análisis de los rasgos pero sin abandonar las estrategias basadas en la configuración global.
Desde un punto de vista aplicado, la confirmación de estos resultados en sucesivas investigaciones y con distintos tipos de muestras podría ser el inicio para establecer una línea en la prevención de los déficit en la identificación facial asociados a la edad o a diferentes patologías. En el ámbito legal y de la formación de recursos humanos, no parece que ahondar en la experiencia en tareas de descripción e identificación de personas permita formar mejores profesionales, pero sí al menos mantener sus capacidades a lo largo del tiempo.

Agradecimientos:
Esta investigación ha sido posible gracias a la colaboración de la Policía Local de Torrejón (Madrid) que facilitó la realización de las pruebas con muestras de policías con distintos grados de experiencia.

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