Página editada por Antonio L. Manzanero, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. España

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Proust y la neurociencia, Jonah Lehrer.

Escrito por: corto-cortes
06 Jul 2010
http://lacomunidad.elpais.com/libros-azules/2010/7/6/proust-y-neurociencia-jonah-lehrer

Jonah Lehrer, (Los Angeles USA, junio de 1981) es un escritor especializado en psicología y neurociencia. Ha colaborado en The New Yorker, Nature, Wired y The Washington Port entre otros. Tiene un blog muy interesante llamado The frontal Cortex, y ha escrito Proust y la neurociencia, que ahora publica en castellano Paidos.

Parece que mientras Lehrer trabajaba en el laboratorio de Eric Kandel, uno de los más importantes neurocientíficos del mundo, para matar el aburrimiento mientras esperaba el resultado de algunos experimentos, se puso a leer Por el camino de Swann (primer volumen de En busca del tiempo perdido) y comprobó que Marcel Proust había intuido, anticipándose a lo que ahora la neurociencia conoce, como funciona el cerebro en lo referente a la memoria y recuerdos:

Escribe Lehrer:

Proust intuyó muchas cosas acerca de la estructura de nuestro cerebro. En 1911, los fisiólogos no tenían la menor idea de cómo se conectaban los sentidos en el interior del cráneo. Una de las grandes ideas clarividentes de Proust fue que nuestros sentidos del olfato y el gusto tenían una única carga de memoria. Las ciencias reconocen ahora que tenía toda la razón. Nuestros sentidos del olfato y el gusto son extraordinariamente sentimentales porque son los únicos sentidos que enlazan directamente con el hipocampo, el centro de la memoria a largo plazo del cerebro, antes de ser procesados por el tálamo, la fuente del lenguaje y la puerta de entrada a la conciencia, como ocurre con la vista, el tacto y el oído. El olfato y el gusto son mucho más eficaces a la hora de concitar nuestro pasado.

(…)

Formulado en pocas palabras, Proust creía que nuestros recuerdos eran engañosos. Aunque parecían reales, en realidad, eran unos amaños elaborados. Proust era consciente de que en el momento mismo en que terminamos de comer la madalena, empezamos a deformar su recuerdo para que se adecue a nuestra narrativa personal. Forzamos los hechos en favor de nuestro relato, pues nuestra inteligencia reelabora la experiencia. Proust nos aconseja tratar la realidad de nuestros recuerdos con sumo cuidado y con una buena dosis de escepticismo.

Casi 90 años después de la muerte de Proust, las ciencias le dan la razón: el hombre que encapsuló en una obra voluminosa el dolor, el amor, la ansiedad y el hastío ocioso tenía razón, la memoria es falible, el acto de recordar modifica un recuerdo. Los recuerdos no representan directamente la realidad; antes bien, son copias imperfectas de lo que sucedió realmente, una fotocopia de una fotocopia de un mimeógrafo de la foto original.

(…)

Así, ya no se concibe a la memoria como un depósito de información inerte sino como un proceso incesante: cada vez que recordamos algo, la estructura neuronal sufre una pequeña transformación, un proceso llamado reconsolidación y que Freud conocía como Nachträglichkeit o retroactividad. “El momento en el que recordamos el sabor de la madalena es el momento en que nos olvidamos de cómo ésta sabe realmente –sentencia Lehrer–. Proust se adelantó a estos descubrimientos. Para él, los recuerdos eran como frases, es decir, cosas que nunca dejamos de cambiar”.

El autor en Proust y la neurociencia nos cuenta como otros artistas como Virginia Woolf o Cezanne anticiparon con su arte algunos de los principios básicos de la neurociencia.

Lehrer escribe en el capítulo dedicado a la Woolf:

El yo es simplemente ese sujeto; ese relato que nos contamos a nosotros mismos sobre nuestras experiencias. Como escribió Woolf en su memoria inacabada: “Somos las palabras mismas; somos la música; somos la cosa misma”.

Lehrer, como dice una reseña, reconcilia arte y ciencia que casi siempre se han mirado con desconfianza.


Este es el índice del libro:


1. Walt Whitman. La sustancia del sentimiento.
2. George Eliot. La biología de la libertad.
3. Auguste Escoffier. La esencia del gusto.
4. Marcel Proust. El método de la memoria.
5. Paul Cézanne. El proceso de la visión.
6. Igor Stravinski. La fuente de la música.
7. Gertrude Stein. La estructura del lenguaje.
8. Virginia Woolf. El yo emergente.

Fuente: Radar y Paidos.