Página editada por Antonio L. Manzanero, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. España

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Aspectos básicos de la memoria

      La Psicología de la Memoria es uno de los grandes temas de la Psicología Experimental. El interés de los investigadores en psicología por su estudio se remonta a más de cien años. Ebbinghaus (1850-1909) fue el gran pionero en el estudio experimental de la memoria humana a finales del siglo XIX y principios del XX, sentando las bases de lo que ha llegado a significar esta área para la Psicología Experimental. Este psicólogo alemán trató de aplicar la metodología de los estudios psicofísicos de Fechner (1860) sobre la sensación al estudio de la memoria, realizando multitud de experimentos en condiciones estrictamente controladas, utilizando como material sílabas sin sentido y siendo él mismo el sujeto de los experimentos (Ebbinghaus, 1885).
      Sin embargo, la principal crítica que se le ha hecho a Ebbinghaus es que centró su trabajo en el estudio de las relaciones funcionales entre variables independientes y variables dependientes, despreciando el estudio de la memoria en entornos más naturales.
Fue en la misma época cuando surgió un importante campo de estudio con claras connotaciones aplicadas: la Memoria de los Testigos, con las interesantes investigaciones realizadas por Binet (1857-1911), Münsterberg (1863-1916), Stern (1871-1938) o Whipple (1876-1941), quienes realizaron algunos de los que pueden considerarse como los primeros estudios experimentales modernos sobre la memoria en entornos naturales.
      Sólo unos años después, Bartlett (1932) publicaría el libro Remembering que viene a recoger el testigo de los estudios anteriores sobre la memoria en la vida cotidiana, dando forma a un modelo de memoria basado en esquemas, donde los conocimientos previos y experiencias de los sujetos juegan un papel fundamental. Es probablemente la obra de Bartlett la precursora de los enfoques cognitivos que surgirán en los años sesenta.
      No obstante, los trabajos de Bartlett no tuvieron continuación en las décadas de los cuarenta y cincuenta, en las cuales se produce un escaso desarrollo de la Psicología de la Memoria, y no será hasta finales de los sesenta y fundamentalmente durante todos los setenta, con la formulación del paradigma del Procesamiento de la Información, que lo sitúa como uno de los temas más relevantes en Psicología Cognitiva (Neisser, 1978),  cuando el estudio de la Psicología de la Memoria sale de nuevo al encuentro de la vida cotidiana con todas sus consecuencias (Neisser, 1982).
      De la mano de las nuevas tecnologías de la información se produce la gran revolución en el estudio de la memoria. Terminología, e intereses teóricos y prácticos son importados desde la ciencia de los ordenadores y la informática a la Psicología Cognitiva. La interacción entre ambas áreas perdura hasta nuestros días, y los modelos computacionales (SAM, CHARM, TODAM…) se presentan como una oportunidad más de estudiar la memoria desde perspectivas diferentes a las tradicionales.
      Hoy en día el estudio de la memoria trata de integrar los enfoques de laboratorio con los enfoques ecológicos (en el entorno natural donde las personas se desenvuelven), intentando abordar el problema de la memoria de forma que los estudios de laboratorio permitan establecer las relaciones entre los fenómenos estudiados y los ecológicos, y poner a prueba su generalización a ámbitos cotidianos (Mata y Sánchez, 1999). De la interacción entre ambos surge la aplicabilidad del estudio de la memoria a contextos patológicos (diagnóstico y tratamiento de déficit de memoria) y normales (memoria autobiográfica y memoria de testigos).

Importancia de la Memoria
            Todo lo que somos es memoria. Esta afirmación que inicialmente podría parecer exagerada, dada la multitud de procesos que intervienen en las capacidades humanas desde un punto de vista cognitivo, venía a reflejar la importancia de la memoria en todas las actividades del ser humano. Son los recuerdos acerca de nuestras experiencias pasadas los que nos proporcionan una biografía y definen quiénes somos; es el conocimiento, desde un punto de vista enciclopédico, el que nos permite desenvolvernos con soltura en el mundo en que vivimos, y son las habilidades que aprendimos en algún momento las que nos permiten sobrevivir. Sin memoria no sabría quién soy, no sabría dónde estoy y no sabría qué hacer o cómo actuar.
Este hecho se pone de manifiesto de forma dramática en las demencias, ya que los pacientes aquejados de estas enfermedades, en sus diferentes variantes, van perdiendo la capacidad de utilizar toda esa información que fueron acumulando a lo largo de la vida. O en los daños cerebrales, que provocan que algunas personas pierdan la capacidad de almacenar nueva información, de forma que se mantienen en un eterno presente, como nos describe la literatura de casos clínicos. Así por ejemplo, Oliver Sacks (2002) nos describe los casos de J.G. (el marinero perdido), a quien una amnesia retrógrada le mantiene “fosilizado en el pasado”; y de W.T. (una cuestión de identidad), que ante la incapacidad de recordar su pasado continuamente se inventa uno.
            Los casos clínicos nos informan acerca de la gran variedad de funciones de la memoria y de su importancia. Su estudio representa una excelente oportunidad para comprender la memoria, y nos muestra lo difícil que es definirla y por tanto comprender su funcionamiento, ya que no podemos hablar de algo unitario, sino de una capacidad enormemente compleja configurada por diferentes sistemas y subsistemas, con diferentes funciones, que dan lugar a distintos fenómenos y con un substrato neurobiológico no del todo definido, debido a la deslocalización (o difusión) de la memoria. Muestra de ello son los casos clínicos de pacientes con déficit de memoria, de los que podemos decir que cada caso es un mundo: no hay dos iguales más que en lo general, y difícilmente podemos afirmar que todos los casos (de Alzheimer, Korsakoff, Huntington, encefalitis vírica, accidente cerebro-vascular…) se caracterizan por un déficit de memoria (semántica, episódica, procedimental) o presentan una amnesia (retrógrada, anterógrada), debido a un problema de codificación o recuperación de la información, que les afecta en su capacidad (de recuerdo, reconocimiento, discriminación del origen de sus recuerdos, planificación…) para procesar (caras, contextos, acontecimientos autobiográficos…).