Página editada por Antonio L. Manzanero, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. España

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Memoria y contexto

A todos nos ha ocurrido alguna vez no poder identificar a una persona, por el hecho de que el entorno donde habitualmente coincidimos con ella no es el actual. ¿De qué la conozco? El proceso que tratamos entonces de llevar a cabo consiste en localizar previamente ese contexto para facilitar la identificación. ¿Es del trabajo?, ¿de casa?, ¿quizá de la televisión?.
Por otro lado, todos hemos vivido la experiencia acerca de cómo nuestro estado de ánimo parece condicionar el tipo de recuerdo. Así, basta estar en un funeral para que la mayoría de los recuerdos que se hacen accesibles tengan una estrecha relación con el fallecido en particular, otros fallecidos cercanos, situaciones penosas...
En estos y otros fenómenos de la memoria, el contexto juega un papel fundamental. Pero no sólo en la recuperación de las huellas de memoria, dificultando o facilitando el proceso, sino también en su codificación. Así, el hecho de estar en un contexto dado hace que interpretemos la información que se nos presenta de una determinada manera. Por ejemplo, el hecho de estar en una calle oscura, casi desierta, de madrugada, hace que la persona que se nos acerca adquiera rasgos amenazadores, y bajo esta etiqueta será interpretado cualquier detalle sobresaliente de esa persona. Una persona que pierde el conocimiento a las 3 de la madrugada irá bebida, pero si es a las 12 del mediodía estará enferma. La realidad nos demuestra que en muchas ocasiones estas interpretaciones son erróneas, pero condicionan lo que recordaremos posteriormente.
Así, el contexto define el tipo de información, ya que los recuerdos episódicos se diferencian del resto en que contienen referencias al contexto autobiográfico; guía el tipo de recuperación, ya que sólo las tareas que implican la manipulación del contexto (recuerdo libre, recuerdo con indicios y reconocimiento) permiten la recuperación episódica explícita; y finalmente parece que también interviene en el tipo de experiencia a que da lugar la recuperación, ya que es el contexto el que proporciona la experiencia de que una información ha sucedido en un tiempo y lugar concreto del pasado de un sujeto.
Sin embargo, existe falta de consistencia entre los diferentes datos encontrados por numerosos investigadores con objeto de analizar el papel del contexto, tanto ambiental como emocional. Un meta-análisis (Smith y Vela, 2001) sobre 41 investigaciones (75 estudios) muestra que el contexto ambiental afecta a la memoria, aunque de forma débil y en condiciones muy específicas. Así, en ocasiones se encuentran datos a favor de dependencia contextual y en otras no. Esta aparente inconsistencia parece querer decir que podrían existir muy diferentes tipos de contextos, unos que parecen ser importantes para los procesos de codificación y recuperación y otros que parecen ser más irrelevantes. Así, la inconsistencia podría explicarse mediante las hipótesis que aluden al tipo de procesamiento que ha sufrido el contexto y la información (interactivo o independiente), a la tarea de recuperación (recuerdo o reconocimiento) y/o a las medidas de memoria implicadas (rendimiento, calidad de los recuerdos, latencia de respuesta...).
En la mayoría de los trabajos que mencionan al contexto se echa en falta su definición, lo que podría llevarnos a que cada autor se esté refiriendo a cosas diferentes. El contexto ha sido definido como la información o las etiquetas asociadas a una serie de items (Anderson y Bower, 1972), los conocimientos previos que se tienen sobre un texto a memorizar (Bransford y Johnson, 1973), el entorno espacio-temporal en que aparece un ítem (Hirst, 1989), el ambiente físico que rodea la presentación de un ítem (Smith, 1979), el estado emocional del sujeto (Bower, 1981), el estado mental o cognitivo del sujeto en el momento de la codificación y recuperación (Tulving, 1983)...
Davies y Thomson (1988), en su libro Memory in context: Context in memory, tratan de concretar qué se entiende por contexto. Según estos autores todas las definiciones asumen la distinción entre estímulo y entorno, figura y fondo. Sin embargo, su definición no es fácil, y quizá el concepto de contexto engloba a su vez otros conceptos muy diferentes unos de otros. Así, podemos hablar de contexto como estado, como ambiente, como significado...etc. Pero ¿qué es en cada uno de los casos estímulo y qué es entorno?. Según algunos autores (por ejemplo, Lockhart, 1988) la diferencia viene determinada por la meta u objeto de la tarea que percibe el sujeto.

Contexto semántico vs. contexto episódico
La clasificación más elemental que podemos hacer respecto a los diferentes tipos de contexto tiene que ver con la distinción que hace Tulving (1972) entre información semántica e información episódica, de forma que en primer lugar proponemos distinguir entre un contexto con características semánticas y otro contexto con características episódicas.

Contexto semántico
El contexto semántico sería aquel que implica información conceptual, haciendo referencia a aspectos relacionados con el significado de la información, e incluye referencias cognitivas sobre hechos o sucesos genéricos y sobre el conocimiento general. Un ejemplo de este contexto es el título o etiqueta que se proporciona en algunos experimentos como forma de contextualizar la información.
El efecto de este tipo de contexto es el que explica porqué una misma conducta puede ser interpretada por una persona como un delito y por otra como algo normal. Incluso porqué lo que en un contexto determinado nos pareció normal, ahora nos parece delictivo. Es lo que podría ocurrir, por ejemplo, con algunos casos de agresión sexual. El contacto físico que mantiene un padre y un hijo es normal bajo la etiqueta de relación paternofilial, y así se interpretan hechos relacionados con la higiene, el cuidado a los hijos o las muestras de afecto. Sin embargo, si lo miramos bajo el paraguas de una posible relación incestuosa entonces todas esas acciones, aun siendo exactamente las mismas cobran otro significado. De ahí el peligro que tienen algunas políticas de caza de brujas, finalmente todos terminamos hechizados.
Así pues, este contexto explica expresiones del tipo “nunca me había parecido, pero ahora que lo dice…”.
El contexto semántico tiene un fuerte efecto sobre la codificación y la recuperación de la información, afectando a su significado e interpretación. Los modelos de redes semánticas explican convincentemente algunos de los efectos encontrados cuando la manipulación del contexto semántico hace referencia a información del tipo de etiquetas, cuya función es marcar el suceso y facilitar la localización y accesibilidad durante la recuperación. Un cambio de etiqueta puede alterar el significado de los estímulos y dar lugar a que el sujeto acceda a una representación errónea.
La teoría de esquemas explica los efectos encontrados cuando se manipulan contextos que implican la actualización de diferentes esquemas. La utilización de un esquema distinto en la codificación y en la recuperación dificulta la recuperación de la información, e incluso puede impedir que se produzca, ya que los esquemas tienen como función la selección correcta de la información relevante, facilitar la inferencia correcta de la información perdida o no codificada y, en términos generales, facilitar la reconstrucción de los hechos originales.
Ambas teorías son capaces de explicar los efectos del contexto semántico sobre tareas explícitas e implícitas de memoria. La manipulación del contexto semántico por el hecho de afectar al significado de la información, a la activación o accesibilidad de una representación concreta de la información, se ve reflejada tanto en las tareas explícitas como en las tareas implícitas de memoria, sean tareas episódicas o semánticas (explícitas) o tareas procedimentales (implícitas). No obstante, los modelos de red se ajustan más a la explicación de las tareas semánticas y procedimentales, fundamentalmente a aquellas en las que se utilizan tareas de lenguaje. La teoría de esquemas explica tanto los efectos encontrados en tareas explícitas semánticas y episódicas como los encontrados en tareas procedimentales, aunque se ajusta más a los efectos contextuales sobre los procesos elaborados de recuperación ya que sólo bajo condiciones muy específicas los esquemas llevan a la recuperación automática de la información (con hechos extremadamente prototípicos).

Contexto episódico
El contexto episódico, a diferencia del contexto semántico (que se referiría a aspectos conceptuales y cognitivos de la información), haría referencia a información autobiográfica, esto es, a información que permite fechar temporalmente y localizar espacialmente la información respecto al propio sujeto y a otros sucesos, especificando dónde y cuándo se presentó una información respecto a la biografía del sujeto.
Al referirse a la memoria episódica, Tulving (1983) define el contexto como la información sobre el ambiente cognitivo en el momento de la codificación y de la recuperación, y sobre los aspectos espaciales y temporales que definen la información episódica como perteneciente a un espacio y tiempo del pasado personal del sujeto. Así pues, podemos distinguir entre varios tipos de contextos según esta definición. Por un lado, lo que ha venido a denominarse contexto ambiental y que hace referencia fundamentalmente a los aspectos espaciales que rodean a la información tanto en la fase de codificación como en la fase de recuperación. Por otro lado, tendremos el contexto emocional que hace referencia al estado de ánimo del sujeto, respecto al que se han descrito fenómenos de dependencia y de congruencia. Ambos tipos de contexto se han manipulado con frecuencia de forma independiente, sin embargo Tulving (1983) habla de un contexto cognitivo que puede ser algo más que la suma de los dos anteriores. Tanto es así que, por ejemplo, algunas hipótesis hacen depender los fenómenos del contexto ambiental de la experiencia emocional asociada a un ambiente determinado (Eich, 1995a). Algunos experimentos manipulan contextos cognitivos en este sentido, al reinstaurar el contexto de codificación pidiendo a los sujetos que rememoren simultáneamente tanto las condiciones ambientales como las emocionales presentes entonces.
Analizamos los tres tipos de contexto por separado.

Contexto ambiental
Se ha utilizado el término contexto ambiental para hacer referencia a los estímulos externos que de forma incidental aparecen relacionados explícita o implícitamente con el material objeto de aprendizaje en cualquier forma “significativa” (Smith, 1988). Una revisión de algunos de los trabajos más importantes en el área muestra que la mayoría de los contextos ambientales manipulados independientemente de otro tipo de contexto tienen una relación muy escasa con la información original.
Sin embargo, en ocasiones se han encontrado efectos de dependencia de contexto ambiental. Los procesos cognitivos implicados en la memoria se ven afectados de forma más o menos importante por la existencia de un determinado contexto ambiental en el que tiene lugar una experiencia.
No obstante, los diversos estudios que han analizado el efecto del contexto ambiental sobre los procesos de recuperación episódica muestran resultados contradictorios (Migueles y García-Bajos, 1997; Smith, 1988; Smith y Vela, 2001). De tal forma, que puede hablarse de la aparición y desaparición de los fenómenos de dependencia ambiental, que pueden explicarse aludiendo al tipo de contexto y a la tarea e información manipulada.
Smith (1988) llevó a cabo una revisión de 29 investigaciones que han analizado el efecto del contexto ambiental, con 8 tareas de memoria distintas: recuerdo libre, recuerdo con indicios, reconocimiento, identificación perceptiva, recuerdo serial, reaprendizaje, deletreo, y reconocimiento de caras. En todos los tipos de tareas se han encontrado efectos. Sin embargo, en las tareas de recuerdo esos efectos se han encontrado más veces, en comparación con las tareas de reconocimiento, y a bastante distancia del resto de tareas.
Uno de los estudios más relevantes que ha encontrado efectos de dependencia ambiental es el realizado por Godden y Baddeley (1980) en el que pedían a los sujetos que recordaran y reconocieran una lista de palabras en tierra firme y bajo el agua. Cuando las condiciones de recuperación cambiaron de uno a otro medio, el rendimiento disminuía significativamente en las pruebas de recuerdo, pero no en las de reconocimiento. Pero, ¿qué tipo de manipulación supone el cambio de contexto bajo el agua o en tierra firme? Si analizamos minuciosamente los cambios que se han producido llegaremos a la conclusión de que no solo implican un cambio físico de ambiente, sino también cambios emocionales, fisiológicos, de percepción, etc. Además de un cambio de ambiente, el hecho de estar sumergido en el agua implica cambios de temperatura y de presión que suponen una variación de la cantidad de gases diferentes absorbidos por el organismo. La acumulación de anhídrido carbónico afectará a la atención, al sentido de la orientación, al criterio de respuesta y al tiempo de reacción a los estímulos, e induce estados de conciencia diferentes; y la acumulación de nitrógeno, que provoca embotamiento, euforia y depresión (Sancho, Morer, Bescós y Pardo, 1992). Según el USA Council for National Corporation in Aquatics (1990), los efectos mentales de cada 15 metros de descenso son equivalentes aproximadamente a los de un martini seco, de los que en mayor o menor medida no se libra ni el submarinista más experimentado.
Esto nos lleva a pensar si cuando Godden y Baddeley (1980) obtienen efectos de dependencia de contexto ambiental en realidad son efectos de dependencia de contexto cognitivo, donde estos efectos de dependencia los produce una combinación de ambiente y estados emocionales y fisiológicos integrados con la información en la biografía del sujeto.
Smith (1979) también encontró efectos contextuales del ambiente sobre tareas de recuerdo. En el primer experimento manipula el contexto cambiando la habitación de estudio en la fase de recuperación, pero fuerza el procesamiento del ambiente pidiendo explícitamente a los sujetos que elaboren un esquema de la habitación donde se les presentó el material. Estas instrucciones pueden haber llevado a una integración forzada del ambiente con la información presentada. Además antes de la prueba de recuerdo pide a los sujetos una tarea de reconocimiento que puede interactuar con el recuerdo libre posterior. En el experimento 2 manipula el contexto de cinco formas diferentes. Tres de las condiciones suponen la reinstauración contextual física, mediante fotografías o mentalmente con instrucciones de recordarla. Las otras dos condiciones implican un cambio contextual, forzando en una de ellas el procesamiento del ambiente como en el experimento anterior. Los resultados son similares a los encontrados en el primer experimento, es decir, el cambio de contexto afecta negativamente al rendimiento de los sujetos en las tareas de recuerdo, siendo aun peor cuando se produce el cambio de contexto y cuando se fuerza a los sujetos a procesar la habitación. En el tercer experimento solamente hay cuatro condiciones de cambio de contexto: dos implican cambio y las otras dos no cambio, variando entre ellas el número de habitaciones por las que pasa el sujeto, de dos a cinco habitaciones. Además los sujetos realizan cinco tareas diferentes antes de la tarea de recuerdo libre. Los resultados muestran que sólo se producen efectos negativos del cambio de habitación cuando los sujetos pasan por cinco habitaciones diferentes, una para cada tipo de tarea. De estos tres experimentos se puede concluir la importancia de las instrucciones previas de recuerdo que pueden suponer una reinstauración de contexto cognitivo (no solamente ambiental) sin que explícitamente se pida a los sujetos que la realicen. Si se presenta la prueba de recuerdo como una segunda parte del estudio, los sujetos pueden no tener dificultades en recuperar espontáneamente el contexto. Bjork y Richardson-Klavehn (1989) proponen que la reinstauración mental del contexto ambiental es tan efectiva como la reinstauración física, y que los sujetos reinstauran rutinariamente el contexto de aprendizaje en un contexto de prueba diferente a no ser que las condiciones de la situación de recuperación lo hagan difícil. Muestra de ello es que parece que el contexto ambiental sólo tiene un papel en la recuperación cuando los sujetos tienen dificultades en recuperar el origen de la información porque el resto de los elementos contextuales no permiten la discriminación. Siendo el contexto cognitivo el estar realizando un experimento, este contexto es igual para todas las tareas del experimento 3, lo único que varia es en qué habitación se presentó la información para realizar cada tarea. Esta explicación puede ser válida también para explicar los resultados del primer experimento. La tarea previa de reconocimiento puede producir un efecto de interferencia como también lo producen las cinco tareas del experimento 3, ya que en el mismo contexto cognitivo introducen una nueva tarea con material similar (algunos items son los mismos) que provoca que los indicios ambientales sean necesarios para discriminar el origen de la información en la tarea de recuerdo libre.
Esta hipótesis denominada por Smith (1988) como hipótesis de eclipsado (outshining hypothesis), señala que una información contextual es importante sólo cuando no existe otra que permita una mejor recuperación. Cuando la dificultad de la tarea es tal que sólo el contexto ambiental puede servir como indicio de recuperación encontramos que su manipulación afecta al rendimiento de los sujetos. Cuando se da otro indicio mejor, la manipulación del contexto ambiental no es efectiva, como puede ocurrir en las tareas de reconocimiento, en que como indicio se proporciona el mismo estímulo (Tulving, 1983). La importancia de las instrucciones y del tipo de tareas que se utilizan para pedir a los sujetos la recuperación de la información afectan de forma importante al papel del contexto en los procesos de memoria. Cuando el sujeto es capaz de reinstaurar por via externa o de forma espontánea un contexto mejor, más integrado con la información en la biografía del sujeto, el cambio de contexto ambiental es irrelevante (Bjork y Richardson-Klavehn, 1989). O incluso como han encontrado McDaniel, Anderson, Einstein y O’Halloran (1989) y Wilhite (1991) la reinstauración del contexto ambiental puede perjudicar la recuperación cuando existen otras estrategias de recuperación más efectivas, como en el caso en que los sujetos procesan el material en términos de su relevancia personal (McDaniel et al, 1989, exp. 5).
Alonso y Fernández (1996) llevaron a cabo un experimento para tratar de confirmar que el contexto ambiental sólo tiene efectos sobre el rendimiento en tareas de recuerdo cuando los sujetos tienen dificultades en generar otros indicios mejores. Reinstauraron el contexto ambiental, manipulando la habitación donde tuvo lugar la prueba, con jóvenes y ancianos, partiendo del supuesto de que los ancianos tienen problemas en generar y utilizar indicios internos. Los resultados mostraron que la reinstauración ambiental no tuvo efectos sobre las tareas de recuerdo, pero analizando por separado el rendimiento de ancianos y jóvenes encontraron que en los primeros había diferencias significativas respecto a la reinstauración, mejorando el recuerdo en comparación con la condición de cambio de contexto ambiental.
Fernández y Glenberg (1985) son quizá de los investigadores que más han profundizado en el estudio del contexto ambiental en la memoria. Sus conclusiones llevan a confirmar las hipótesis anteriores acerca del efecto nulo del contexto ambiental entendido únicamente como cambio de contexto físico. Fernández y Glenberg llevaron a cabo 8 experimentos para tratar de encontrar algún efecto del contexto ambiental. El procedimiento seguido consiste en cambiar el contexto físico ambiental (la habitación) de la fase de estudio a la fase de recuperación, con una serie de matizaciones a lo largo de los 8 experimentos. En términos generales, no encontraron efectos sobre las tareas de reconocimiento, confirmando lo encontrado en otros estudios, pero tampoco sobre las tareas de recuerdo. Fernández y Glenberg explican este resultado aludiendo precisamente a la importancia de la relación entre el contexto y los items a recuperar. Sólo en el caso de que se establezca una relación de pertenencia causal entre el contexto ambiental y la información, este contexto tiene efectos sobre la recuperación. Posteriores investigaciones tampoco han encontrado efectos del contexto ambiental, ni aún cuando los sujetos son plenamente conscientes del cambio físico del contexto (Fernández y Alonso, 1994), aunque manipulaciones similares (habitación y olor de la misma) han proporcionado efectos significativos (Herz, 1997) pero moderados por factores de novedad y por lo apropiado o incongruente del ambiente manipulado, lo que supone un cambio más cognitivo que el puramente físico del ambiente.

Hipótesis sobre el efecto nulo de la manipulación del contexto ambiental
Eich (1995a) señala varios aspectos de los que depende que se den efectos de dependencia del contexto ambiental, señalando como más importantes las características de los items objetivo de la recuperación, la forma en que son codificados, la naturaleza de las tareas de recuperación, si los hechos son construidos como relacionados causalmente con la información ambiental más que simplemente contiguos a ella, si los hechos son visualizados interactivamente con el ambiente o como imágenes aisladas, la facilidad con que los sujetos pueden reinstaurar mentalmente el contexto de codificación durante las pruebas de recuperación, y la duración del intervalo de retención. Todos estos aspectos han dado lugar a lo largo de numerosos experimentos y distintos autores a varias hipótesis que tratan de explicar la carencia de efectos de dependencia de contexto ambiental.
Dos factores aglutinan las hipótesis sobre el efecto nulo de dependencia ambiental: aquellas que hacen mención a los aspectos que intervienen en la relación entre el contexto ambiental y la información, y las que se basan en la fuerza o la relevancia del contexto manipulado en comparación con otra información, también contextual, más válida para el procesamiento de la información.

Relación contexto-información: Hipótesis de la integración contextual.
Baddeley (1982) distingue entre contexto de procesamiento independiente y contexto de procesamiento interactivo, para explicar el papel que juega el contexto en la codificación de la información. El contexto independiente se almacena junto con la información, pero no supone una modificación de la huella de memoria. Por el contrario, el contexto interactivo es cambia la forma en que se percibe un estímulo. Para Baddeley, el contexto ambiental es un contexto de procesamiento independiente, lo que explica su poco efecto sobre los procesos de recuperación.
Cuanto más repercute un indicio en el procesamiento de un ítem mayor es su efecto (Eich, 1985). Por ejemplo, no tiene la misma relevancia un indicio débilmente asociado con un ítem que otro fuertemente asociado (Tulving y Thomson, 1973), ni uno que afecta a su codificación conceptual con respecto a uno que afecta a su codificación perceptiva. Una de las explicaciones que Tulving y Thomson (1973) sugieren para explicar el efecto superior del recuerdo con indicios frente al reconocimiento es que un indicio externo puede alterar el significado de una palabra de tal forma que aún presentando la misma palabra como clave, en ausencia del indicio, ese significado (suma indicio+ítem) no podrá ser recuperado y, por tanto, se producirá un fallo en el reconocimiento. Recordemos que Anderson y Bower (1974) cuando reformulan el modelo de generación-reconocimiento planteado un año antes, incluyen como novedad que el proceso de codificación tiene como resultado un representación múltiple dependiendo de una etiqueta contextual proposicional, que permite diferenciar entre las diferentes acepciones o significados del ítem objeto de la representación. La representación de una palabra consiste en una representación sobre el significado de esa palabra, determinado por el contexto en que ésta se presentó. De esta forma, un contexto que no afecte al significado de un ítem no es relevante. Dependiendo del tipo de material o del tipo de tarea, el contexto ambiental afecta o no al recuerdo o al reconocimiento de un ítem si dicho contexto tiene algún papel en la representación conceptual de ese ítem. Las hipótesis formuladas por Fernández y Glenberg (1985) son de integración porque señalan que el contexto y la información deben estar relacionados causalmente. También la formulada por Baddeley (1982) que señala que sólo el contexto que se procesa interactivamente con los estímulos muestra efectos en la tareas de reconocimiento, mientras que el contexto ambiental que se procesa independiente solo muestra efectos sobre la accesibilidad de la información que se ve reflejada en tareas de recuerdo.
Un caso particular de estudios sobre el efecto del contexto ambiental sobre las tareas de reconocimiento son los realizados sobre el reconocimiento de caras. Diversas investigaciones (Watkins, Ho y Tulving, 1976; Winograd y Rivers-Bulkeley, 1977) han mostrado que la codificación de caras está sujeta a modificación dependiendo del contexto en que aparecen (Davies, 1988). Thomson, Robertson y Vogt (1982) realizaron uno de los estudios más completos sobre el reconocimiento de caras y el contexto físico, que operativizaron como una combinación de escenario, actividad y vestimenta. Los resultados mostraron que la presencia del contexto facilita el reconocimiento de caras. Pero, de igual forma, lleva también a un mayor número de falsas alarmas. Este tipo de resultados que muestran un fuerte efecto del contexto sobre el reconocimiento de caras son frecuentes (Davies, 1988). ¿A qué se puede deber que este tipo de contexto, físico (externo o ambiental), afecte al reconocimiento de caras y no al reconocimiento de otro tipo de material, como por ejemplo palabras?. Quizá es una muestra más de que el significado del material (Bain y Humphreys, 1988) y la integración de éste con el contexto (Eich, 1985) son elementos fundamentales para encontrar efectos, tal y como argumentaba Baddeley (1982). En el caso de las caras, un cambio de ambiente supone una codificación conceptual distinta. El procesamiento de una cara puede verse facilitado por la elaboración (Baddeley, 1982), teniendo en cuenta que la elaboración afecta al reconocimiento cuando el material elaborado (donde se incluye al contexto) es compatible con el material para ser recordado (Fisher y Craik, 1980). En el caso del reconocimiento de caras, tanto la compatibilidad del contexto como la estrategia (integradora) utilizada para procesarla influyen en la probabilidad de producir contextos interactivos más que contextos independientes, siendo los primeros los responsables de los efectos de la dependencia contextual (Baddeley, 1982).
El efecto del contexto ambiental sobre el reconocimiento de caras se ha encontrado en numerosas ocasiones (Bruce, 1988). No obstante, el reconocimiento de caras difiere sustancialmente del reconocimiento de cualquier otro tipo de información. Bruce señala que los procesos implicados en el reconocimiento de una cara están determinados por la familiaridad de esa cara, esto es, cuando se trata de caras conocidas intervienen procesos diferentes que cuando son caras desconocidas. La identificación de caras desconocidas en experimentos de laboratorio implica la recuperación correcta del contexto episódico en el que apareció, mientras que el reconocimiento de caras conocidas implica recuperar información semántica específica de la identidad de esa persona. Comparando las tareas de reconocimiento de caras con las de reconocimiento de palabras, Bruce hace análogos el reconocimiento de caras no conocidas con el reconocimiento de pseudo-palabras o sílabas sin sentido, mientras que el reconocimiento de caras conocidas sería similar a la tarea de reconocer palabras. Las palabras son siempre conocidas para el sujeto ya que están en su vocabulario.
De esta forma, la relación entre el contexto y la información varía en función de si la información es conocida para el sujeto. A este respecto, Dalton (1993) propone la hipótesis de familiaridad para explicar por qué el cambio de contexto ambiental afecta a un tipo de material (caras) y no a otro (palabras). Dalton analizó el papel de la familiaridad de los estímulos sobre el efecto de dependencia ambiental en el reconocimiento de caras. Los resultados mostraron que el cambio de contexto afecta más negativamente al reconocimiento de caras no conocidas que al de caras conocidas. A partir de estos resultados, Dalton propone que el reconocimiento de palabras muestra un efecto débil del contexto ambiental debido a que las palabras utilizadas suelen ser conocidas. Como lo demuestra el hecho de que el reconocimiento de pseudopalabras o sílabas sin sentido (CVC) se ve facilitado por la reinstauración contextual (Salasoo, Shiffrin y Feustel, 1985). Un contexto global (como Dalton define al contexto ambiental) juega un papel importante en la codificación del estímulo por primera vez. En cualquier caso, la duración y fuerza de esta dependencia contextual no resiste el paso del tiempo ni las sucesivas recuperaciones (Dalton, 1993).

Relevancia del contexto.
Una de las hipótesis que con más fuerza se ha defendido para explicar por qué se han encontrado en tan raras ocasiones efectos de dependencia del contexto ambiental en tareas de reconocimiento, es la hipótesis de eclipsado (Smith, 1988), que ya mencionamos anteriormente, según la cual una información contextual será importante sólo cuando no exista otra que permita una mejor recuperación. Basándonos en esta idea, el contexto ambiental tiene importancia en el procesamiento de la información únicamente cuando la dificultad de la tarea es tal que sólo este contexto puede servir como indicio de recuperación (Bower, 1992; Smith, 1979; Tobias, Kihlstrom y Schacter, 1992). Esto explica por qué es más dificil encontrar efectos de dependencia sobre las tareas de reconocimiento que sobre las de recuerdo libre, ya que en las de reconocimiento se proporciona como indicio una copia del estímulo (Tulving y Thomson, 1973) y cualquier otro indicio será irrelevante ante la fuerza de éste (Smith, 1988). De esta forma, este contexto no es relevante para la tarea de reconocimiento.
Los indicios proporcionados en las instrucciones (Bain y Humphreys, 1988) y las demandas de la tarea de recuperación (Murnane y Phelps, 1993) son elementos fundamentales a la hora de restar más o menos relevancia al contexto ambiental como indicio útil para el procesamiento de la información. Cuando el sujeto es capaz de reinstaurar por via externa o de forma espontánea un contexto mejor, el cambio de contexto ambiental es irrelevante (Smith, 1979, 1988; Bjork y Richardson-Klavehn, 1989). En este sentido, Alonso y Fernández (1996) proponen que la manipulación del contexto ambiental tiene efectos cuando los sujetos tienen dificultades en generar otros indicios mejores, principalmente internos.
Muy relacionada con la hipótesis del eclipsado, Smith (1988) también propone la hipótesis del diseño experimental según la cual algunos cambios ambientales realmente no son un verdadero cambio. Por ejemplo, cambiar de habitación de la codificación a la recuperación no es un auténtico cambio ya que el contexto físico relevante es la situación de experimento, y el experimento es el mismo sea donde fuere el aprendizaje y la prueba (Fernández y Glenberg, 1985). Algunos estudios han controlado esta variable haciendo que el cambio de contexto ambiental fuera bien percibido por los sujetos. Pero mientras en algunos la dependencia fue importante en otros siguió siendo nula. Cañas y Nelson (1986) manipularon diferentes tipos de contexto físico: la habitación o el medio de prueba (en persona o por teléfono). En este caso, el efecto del cambio de contexto sobre el reconocimiento es importante. En cambio, en el estudio de Fernández y Alonso (1994) donde el cambio de contexto físico es bien percibido por los sujetos, manipulando el cambio de habitación y el olor de la misma, esta percepción de cambio no es suficiente para encontrar efectos significativos sobre el recuerdo. Sin embargo, la manipulación contextual similar a la anterior (habitación y olor) realizada por Herz (1997) ha proporcionado efectos significativos. El diseño experimental realizado en cada caso puede explicar estos resultados.
En los experimentos de Cañas y Nelson debemos tener en cuenta que realizar una prueba de memoria por teléfono no sólo implica un cambio físico, sino también seguramente motivacional y emocional (del estado cognitivo en general), ya que no es lo mismo estar en presencia de un investigador en un laboratorio de la facultad que en la casa propia solo (o acompañado). Este argumento es igualmente válido para las investigaciones de Godden y Baddeley (1980) con submarinistas a las que ya nos referimos antes.
En los experimentos de Fernández y Alonso antes de la tarea de recuerdo pasaron a los sujetos una prueba de reconocimiento que puede sesgar los datos de la posterior prueba de recuerdo libre, ya que puede haber servido a los sujetos como indicio para una reinstauración contextual más completa de forma espontánea. Además, las respuestas de los sujetos pueden basarse en esta prueba de reconocimiento previa más que en los elementos contextuales que intervienen en la codificación y que permiten realizar una típica tarea de recuerdo. Así lo han argumentado Murnane y Phelps (1993) respecto al efecto que las pruebas de reconocimiento pueden tener sobre la reinstauración del contexto en posteriores pruebas, en el marco de las propuestas de activación global según las cuales las decisiones en tareas de reconocimiento se basan en procesos de activación global, en los que los items de la prueba activan un conjunto potencialmente grande de items en la memoria.
En los experimentos de Herz, los resultados de dependencia pueden deberse más a los factores de novedad y congruencia del olor asociado a las habitaciones, haciendo del ambiente una información muy distintiva, con una repercusión mayor en el ambiente cognitivo, no limitándose únicamente a cambios físicos.

Contexto emocional
La mayoría de los modelos de memoria cuando hacen referencia al contexto en los procesos de memoria mencionan el estado emocional como un tipo de contexto (por ejemplo, Anderson y Bower, 1972). Es más, algunos de los principales modelos que explican el efecto del contexto en la memoria se basan en la influencia del estado de ánimo sobre la memoria.
Bower y cols. (1981, 1987; Bower y Cohen, 1982; Bower, Gilligan y Monteiro, 1981; Bower, Monteiro y Gilligan, 1978) han estudiado en profundidad el efecto de los estados emocionales sobre la memoria, describiendo dos tipos de efectos: congruencia y dependencia. Las memorias congruentes con el estado emocional aparecen cuando es mayor el recuerdo de aquella información que coincide con el estado de ánimo de los sujetos. El fenómeno de la dependencia de estado se ha mostrado cuando los sujetos recuerdan mejor un material cualquiera en el mismo estado que cuando lo codificaron, en comparación con un estado diferente de la fase de codificación a la fase de recuperación.

Memorias congruentes con estado emocional
El fenómeno de congruencia con el estado emocional ha sido encontrado de forma reiterada por varios investigadores (por ejemplo, Bower, Gilligan y Monteiro, 1981; Ellis, Thomas, McFarland y Lane, 1985; Nasby y Yando, 1982), con paradigmas en los que se pedía a los sujetos que recordaran una lista de adjetivos congruentes o incongruentes con el estado de ánimo (depresión vs. neutro). Bower, Gilligan y Monteiro (1981) llevaron a cabo varios experimentos en los que analizaron el efecto del estado de ánimo (alegre o triste) sobre el tipo de información recuperado (con connotaciones alegres o tristes) y encontraron que el material recordado en estado neutro era congruente con el estado de ánimo inducido en la codificación. El número de adjetivos congruentes recuperado era mayor que el de adjetivos incongruentes. Bower y Cohen (1982) proponen tres hipótesis para explicar el efecto de congruencia. La primera hipótesis hace referencia a que los sujetos elaboran semánticamente más material congruente. La segunda implica que el recuerdo de material congruente con el estado de ánimo es más probable que recuerde a los sujetos un hecho autobiográfico. Y la tercera, que el material congruente con el estado de ánimo provoca reacciones emocionales más intensas que el material incongruente.
Una de las hipótesis más plausibles para explicar este fenómeno se basa en las teorías de esquemas. Cuando se activa un esquema emocional en el transcurso del procesamiento de información, la atención se dirige hacia aquella información relevante para el esquema, los datos ambiguos son interpretados de acuerdo con los sesgos inducidos por el esquema, y la información consistente con el esquema está más elaborada y más relacionada con otros hechos de la memoria. También según Bower et al. (1981), el estado emocional funciona como un tipo de esquema seleccionando, organizando y elaborando información. Esta hipótesis hace similar el efecto del contexto emocional sobre la recuperación al efecto del contexto semántico, ya que consideran las emociones como un esquema que lleva a interpretar la información de una forma determinada.
Por otro lado, Guenther (1988) analiza el papel del estado emocional en dos fases del proceso de memoria: la codificación y la recuperación. A cada fase le atribuye un efecto del contexto. Relaciona las memorias congruentes con un determinado estado emocional con la fase de codificación y las memorias dependientes de estado con la de recuperación. Diferenciación que tiene cierto paralelismo con la propuesta de Baddeley (1982) que atribuye al contexto interactivo un papel fundamentalmente en la fase de codificación, mientras que al contexto independiente se lo atribuye en la fase de recuperación. No obstante, esta relación de Guenther de cada efecto con una fase de memoria no parece mantenerse, desde el momento en que se han encontrado efectos de congruencia tanto en la fase de codificación como en la fase de recuperación. La diferencia entre congruencia y dependencia estriba más en el contenido de las huellas de memoria. La congruencia con estado emocional asume que un material, en virtud de la valencia afectiva de su contenido, es más probable que sea almacenado y/o recuperado cuando el sujeto está en un estado de ánimo específico, siendo irrelevante la concordancia entre el estado emocional en la presentación y en la recuperación; mientras que el fenómeno de dependencia de estado implica que la recuperación estará determinada por el estado emocional previo, siendo irrelevante la valencia afectiva del material (Blaney, 1986). Esto es, mientras que el efecto de congruencia depende del contenido, en el efecto de dependencia el contenido es indiferente ya que cualquiera que sea el contenido el contexto emocional puede condicionar su recuperación.

Memorias dependientes de estado emocional
Quizá, la explicación más completa para el fenómeno de la dependencia de estado procede del modelo de redes semánticas propuesto por Bower (1981, Bower y Cohen, 1982), en el marco del modelo general de memoria, HAM, propuesto por él mismo y por Anderson (Anderson y Bower, 1973). Como vimos, este modelo supone la existencia de redes semánticas formadas por conceptos semánticos y esquemas. Las emociones se encuentran en nodos junto con los aspectos que implican y que están conectados mediante indicadores asociativos. Cuando un nodo emocional es activado por un estímulo, por encima de un determinado umbral, el nodo transmite la excitación a otros dos tipos de nodos, que pueden ser los responsables del arousal autonómico o los responsables de la conducta expresiva que acompañan a esa emoción, y además puede transmitir esa excitación a aquellas huellas de memoria con las que está conectado. Según este modelo, la dependencia de estado de ánimo se debe a que en la codificación la información original se asocia al contexto, en el que se incluye el estado emocional del sujeto en ese momento, y cuando se pide la recuperación de esa información los sujetos activan los nodos correspondientes al contexto en que apareció la información. Si el sujeto en el momento de la recuperación experimenta el mismo estado de ánimo que en la codificación, la activación del nodo correspondiente a ese estado está activado, sumándose a la activación producida por la tarea de recuperación y dando como resultado la mayor activación de los items relevantes. Si el sujeto no se encuentra en ese mismo estado de ánimo la activación es menor, a lo que hay que añadir la posibilidad de que se produzcan interferencias de activación entre unos nodos y otros que representen estados emocionales opuestos.
En términos generales, el fenómeno de la dependencia de estado se ha mostrado en pocos experimentos (Bower et al., 1978), incluso Bower (Bower y Mayer, 1985) ha tenido dificultades en replicar los efectos hallados en anteriores estudios. Bower y Mayer (1989) intentaron tres veces sin éxito replicar con el mismo paradigma los resultados de 1978 donde encontraron efectos de dependencia. La falta de resultados les llevaron a afirmar que posiblemente aquellos datos se debieran a las demandas experimentales. Como ha señalado Blaney (1986) las evidencias a favor y en contra de las memorias dependientes de estado hacen que este fenómeno aparezca en pocas ocasiones, mientras que el efecto de congruencia presenta fuertes evidencias en favor de su existencia.

Hipótesis sobre el efecto nulo de la dependencia del contexto emocional
La discrepancia entre unos resultados y otros puede depender de varios factores, tal y como indica Guenther (1988): el significado que tiene para el sujeto el material utilizado, demandas de la tarea relacionadas con la inducción del estado emocional, y déficits cognitivos asociados a estados reales (no inducidos) de depresión. Eich (1995b) señala algunos aspectos más y menciona cuatro factores que pueden estar afectando a la aparición de este fenómeno de dependencia: a) la naturaleza de los sucesos objeto de recuperación o la manera en que éstos se han codificado, b) la naturaleza de las tareas de recuperación, c) la eficacia de la modificación del estado emocional, y d) si las alteraciones afectivas son unidimensionales o bidimensionales teniendo en cuenta las dimensiones de placer y arousal.
Los dos últimos aspectos hacen referencia a cómo se manipula la inducción y el cambio emocional, y a las implicaciones cognitivas que dichas manipulaciones tienen en los sujetos. El fenómeno de dependencia de estado emocional se ha estudiado fundamentalmente a través de dos paradigmas. Uno implica la inducción en sujetos normales de un estado de ánimo diferente de la fase de estudio a la fase de prueba, utilizando diversas técnicas como la hipnosis, la técnica de Velten (1968) que consiste en proporcionar a los sujetos descripciones acordes con un estado de ánimo determinado, o la técnica consistente en poner a los sujetos de forma continua música alegre o triste que es utilizada por Eich y colaboradores. El otro paradigma consiste en comparar sujetos normales con sujetos con capacidades emocionales o estados mentales alterados (por ejemplo, depresivos o estados inducidos mediante drogas).
La mayoría de los trabajos que han encontrado evidencias de la existencia de la dependencia de estado de ánimo lo han hecho con paradigmas que implican la comparación de sujetos depresivos con sujetos normales o mediante la utilización de drogas, habiéndose encontrado pocas evidencias con paradigmas de inducción. Por ejemplo, Bower (1981) encontró que las emociones inducidas no producen tantas diferencias con los sujetos en estado de control como cuando se trata de sujetos que se encuentran biográficamente en ese estado anímico. No obstante, el hecho de que los sujetos con alteraciones emocionales por depresión o efecto de una determinada droga (por ejemplo, alcohol) hayan mostrado este efecto de dependencia debe tomarse con precaución, ya que se ha encontrado que pueden estar asociados a déficits cognitivos de los procesos de organización y recuerdo, como veremos más adelante al hablar de la naturaleza de las tareas de recuperación. No obstante, se han mostrado algunos efectos de dependencia independientemente de los efectos provocados por la ingestión de sustancias tóxicas. Eich y Birnbaum (1988) intentaron provocar efectos de dependencia de estado emocional independientemente de la acción fisiológica del alcohol. Cuando los sujetos tenían la expectativa de estar bajo los efectos del alcohol, aunque realmente no fuera así, la reinstauración de la experiencia subjetiva provocaba efectos de dependencia en las tareas de recuerdo libre, aunque no en las tareas de recuerdo con indicios (les proporcionaban la categoría a que pertenecían las palabras). Estos efectos de la reinstauración de la experiencia subjetiva fueron superiores a los efectos producidos por la reinstauración de estados reales de embriaguez, aun cuando hay que considerar que en este experimento la embriaguez inducida era ligera (provocada por la ingestión de un solo combinado de vodka y tónica en una proporción de 1/4).
Un aspecto muy relacionado con la inducción de estados emocionales y los déficits cognitivos asociados, que pueden estar sesgando los resultados de los estudios que tratan de mostrar efectos de dependencia emocional, es si la alteración afectiva implica únicamente cambios en la dimensión de agradabilidad o también implica cambios en el nivel de activación de los sujetos. Se ha comprobado que el nivel de arousal se ve afectado en sujetos deprimidos, aunque también parece estar afectado en emociones inducidas (Eich, 1995b). Si esto es así, un descenso del nivel de activación puede afectar al rendimiento tanto en sujetos inducidos como en deprimidos, fundamentalmente en tareas de recuperación elaborada.
Varias razones avalan esta hipótesis (Guenther, 1988). Por un lado, las personas con depresión presentan limitaciones cognitivas que afectan a su capacidad de procesamiento. Ellis, Thomas y Rodríguez (1984) proponen que la depresión inhibe los procesos cognitivos controlados, especialmente el tipo de procesamiento que requiere codificar la información de forma que la haga más recuperable, mediante procesos de elaboración de modo que se formen más conexiones entre la información y otros conceptos almacenados en la memoria. Por otro lado, los sujetos deprimidos pueden presentar problemas de distracción por falta de incentivo en los experimentos. Pueden estar tan preocupados consigo mismos y sus problemas que son poco efectivos al procesar información que no tiene que ver con esos problemas. De nuevo, esto puede llevarles a realizar peor las tareas que requieren un mayor esfuerzo consciente. Además, según Guenther (1988), existen evidencias clínicas que muestran que los sujetos deprimidos tienen más problemas que los no deprimidos en relatar un suceso, aunque no los tengan en recuperarlo de la memoria.

Naturaleza de las tareas de recuperación.
Eich (1995b) señala que el tipo de tareas utilizadas para medir el efecto de dependencia pueden variar en sensibilidad. Por ejemplo, Bower (1981) encuentra que es más fácil encontrar el efecto de dependencia cuando la recuperación se evalúa en ausencia de indicios específicos, de lo que parece deducirse que la tarea de recuerdo libre es más sensible al efecto que el recuerdo con indicios o el reconocimiento. La presencia de otros indicios mejores y su efecto sobre la manipulación de elementos específicos del contexto ha sido formulada como la hipótesis del eclipsado mencionada en el apartado anterior, y es aplicable tanto a la manipulación de contexto ambiental como a la del contexto emocional, como han señalado algunos investigadores (Bower, 1992; Eich, 1995b; Tobias et al., 1992). Los datos encontrados por Eich y Metcalfe (1989) que muestran el efecto de la dependencia de estado emocional sólo cuando los sujetos realizan tareas de elaboración llevan a pensar que se obtienen efectos de dependencia únicamente con tareas explícitas de memoria. Además, no podemos olvidar que las tareas implícitas implican una mínima elaboración y los sujetos no “viven” la información recuperada como autobiográfica, siendo una de las características que tiene más importancia en este efecto de dependencia (Eich et al., 1994), como veremos en el siguiente apartado. Sin embargo, Macaulay, Ryan y Eich (1993) han encontrado efectos de dependencia de estado emocional (agradable vs. no agradable) con tareas implícitas de memoria (priming semántico), aunque sólo cuando los sujetos generan las palabras como algo relacionado con su biografía, no encontrando resultados cuando se les proporciona por escrito el material. Una explicación a estos resultados puede tener que ver con el tipo de tareas utilizadas y con el concepto de estado emocional como un esquema que sirve para dar significado a las palabras utilizadas, funcionando del mismo modo que el contexto semántico que, como ya se ha comentado, tiene efectos sobre las tareas implícitas de memoria.

Naturaleza de los sucesos.
Bower (1987) confiesa la debilidad del efecto de dependencia encontrado en algunos experimentos y propone una hipótesis para explicar los datos a favor y en contra de las memorias dependientes de estado: la hipótesis de la pertenencia causal. Según ésta no es suficiente la mera contigüidad entre el estado emocional y el suceso para producir una asociación, sino que el sujeto debe percibir la emoción como causalmente perteneciente al suceso o al material dado para ser recordado. Un determinado estado emocional, como un mero hecho incidental, no produce memorias dependientes de estado, mientras que una prolongada situación que lleva a un estado emocional muestra fuertes efectos sobre el recuerdo, como ocurre en el caso de sujetos depresivos reales (Bower, 1987). Evidencias en favor de esta hipótesis han sido encontradas por Bower y Mayer (1989, exp. 4), aunque no han podido ser replicadas en otros experimentos (Bower y Mayer, 1989, exp. 5), lo que deja el estudio de los efectos de dependencia de estado emocional en un dilema de difícil solución, según estos y otros experimentadores (por ejemplo, Ellis y Hunt, 1989; Kihlstrom, 1989).
Otra hipótesis que puede explicar el débil efecto del cambio de contexto emocional sobre la memoria es la propuesta por Baddeley (1982) quien alude también al tipo de relación que existe entre el contexto emocional y la información procesada. En el caso de las memorias dependientes de estado, el estado emocional se considera un tipo de contexto que se procesa al tiempo que la información para ser recordada, pero de forma independiente, siendo una parte más del contexto general en que se presenta la información. No ocurre lo mismo con el estado de ánimo en el fenómeno de la congruencia, ya que éste implica modificaciones en la codificación de los items sesgando los procesos de memoria que se ponen en marcha, en este caso se trata de un procesamiento interactivo más que aditivo (Baddeley, 1990).
El origen de la información, muy relacionado con la relación que se establece entre la emoción y la información, también tiene su importancia. Eich y Metcalfe (1989) realizaron un investigación basándose en la distinción entre memorias internas y memorias externas (Johnson y Raye, 1981) para comprobar si el origen de la información puede actuar como una variable moduladora del efecto de dependencia de estado emocional. La hipótesis de partida es que la información producida por el propio sujeto mediante procesos mentales como razonamiento, imaginación o pensamiento, debe estar más estrechamente conectada con el estado afectivo del sujeto que la información externa que es proporcionada por el experimentador. Manipulando la generación o la presentación de la información (los sujetos la leían o la autogeneraban) y el estado de ánimo de los sujetos, inducido mediante la técnica de ponerles de forma continua música alegre o triste, encontraron que cuando el estado de ánimo es el mismo en la codificación que en la recuperación el recuerdo de los items es mayor que cuando el estado de ánimo varía. Esta ventaja de la reinstauración del contexto emocional es mayor para los items generados que para los leídos. Estos datos encontrados a lo largo de varios estudios les llevan a hipotetizar que la búsqueda de evidencias en favor del fenómeno de dependencia se ve favorecida si los sujetos se embarcan en procesos mentales internos para generar la información objeto de recuperación.
Los resultados e hipótesis de Eich y Metcalfe (1989) coinciden con los modelos de memoria analizados en el capítulo 3. Según esto, una mayor elaboración (en términos de Mandler, 1980) en los procesos de memoria implica que los recuerdos sean más episódicos, lo que significa que existe una mayor integración inter-ítem de la información en la biografía del sujeto, dando lugar a una mayor implicación de los estados emocionales. La información generada por el sujeto mediante procesos de imaginación, pensamiento y/o razonamiento está más elaborada que la información leída. Algunos estudios sobre las características de los relatos de memoria respecto a su origen confirman que en los relatos de origen interno aparecen más alusiones a procesos cognitivos (Schooler, Gerhard y Loftus, 1986) que en los relatos más externos. Más aun, Suengas y Johnson (1988) proponen que los recuerdos internos contienen más información sobre sentimientos que los recuerdos de origen externo.
De acuerdo con ambas hipótesis, algunos experimentos han mostrado que sólo la información que está relacionada con los sujetos se ve afectada por el estado de ánimo (Bradley y Mathews, 1983; Eich, Macaulay y Ryan, 1994). Esto es, cuando el contexto emocional forma parte de la biografía del sujeto. Eich et al. (1994) enfatizan la relación del sujeto con la información en lo que denominan principio de hazlo-tú-mismo mediante el que argumentan que el estado emocional muestra un fuerte efecto sobre las memorias cuando la información tiene un carácter autobiográfico que implica aspectos internos del sujeto, y cuando en su recuperación intervienen procesos activos tales como razonamiento, reflexión y pensamientos co-temporales. Diferencian este tipo de memorias dependientes de estado de las memorias en las que están implicados procesos perceptivos relativamente automáticos y dirigidos por los datos a los que no afectan los cambios en el estado emocional del sujeto. Y lo argumentan con el siguiente ejemplo: si presentamos una rosa a un sujeto deprimido y a otro no deprimido y luego les pedimos que la recuerden o la reconozcan, no tendrán graves dificultades haya cambiado o no su estado emocional desde el momento en que la percibieron. Sin embargo, si les pedimos que recuerden un episodio vivido por ellos mismos en el que aparezca una rosa, el episodio recordado será distinto dependiendo de su estado de ánimo. Si posteriormente le pedimos que lo recuerden y su estado emocional ha cambiado desde entonces, tendrán más dificultades que si no ha cambiado (Eich et al., 1994).
En resumen, el efecto sobre los procesos de recuperación episódica aparece cuando el estado emocional se ha procesado de forma interactiva con la huella de memoria. Cuando las demandas de la tarea y el tipo de información objeto de recuperación (en el sentido que Bower, 1987, utiliza cuando se refiere a emociones causalmente relacionadas con el suceso; o Eich et al., 1994, cuando hablan de información que implica al sujeto en términos de hazlo-tú-mismo) requieren la puesta en marcha de mecanismos inferenciales que implican procesos de búsqueda conscientes, el significado de la información codificada se ve afectado por ese estado de ánimo relacionado interactivamente con la información a lo largo de las distintas fases de codificación (selección, abstracción, interpretación e integración). En este caso, un cambio en el estado de ánimo afecta no sólo a la accesibilidad de la huella original sino también a los procesos de búsqueda y de toma de decisión sobre sus rasgos característicos que llevan a la recuperación con éxito.

Contexto cognitivo
En los anteriores apartados se han analizado los efectos que el contexto ambiental y emocional, considerados por separado, tienen sobre los procesos de recuperación. Los datos han mostrado que el efecto de dependencia en ambos tipos de contexto es débil y se encuentra en contadas ocasiones (Smith, 1988; Bower y Mayer, 1989). Sin embargo, cuando se han encontrado efectos contextuales claros, la manipulación del contexto implica la modificación de elementos independientes del contexto, ya sean ambientales o emocionales, y la modificación de aspectos más globales alterando al tiempo características ambientales y emocionales (Cañas y Nelson, 1986; Smith, 1979), incluso fisiológicas (Godden y Baddeley, 1980), en lo que podemos denominar contexto cognitivo.
Uno de los factores que explica esta falta de efectos de dependencia es que se manipula cada uno de esos contextos aisladamente y sin una clara relación con la información ni con el contexto entendido en términos más amplios. Baddeley (1990) define el contexto emocional y ambiental como contexto de codificación independiente. “No hay ninguna razón para asumir que el significado de las palabras leídas bajo el agua difiera demasiado del significado de aquellas vistas en tierra. Ni existe ninguna razón para creer que una palabra en estado ebrio sea codificada con un significado diferente a cuando se lee sobrio. En estos casos, el contexto puede influir en la accesibilidad de las huellas de memoria pero no cambiar sus características básicas” (pp. 287-288). Mientras, Eich (1995a) propone que el contexto ambiental tiene efectos sobre las tareas de recuperación cuando tiene relación con estados emocionales específicos, considerando de esta manera que la emoción es un factor mediador de la dependencia ambiental. Smith (1995) argumenta a este respecto que tanto el contexto ambiental como el contexto emocional no son más que dos de los componentes de lo que él denomina contexto mental, que incluye además el estado mental general del sujeto, aspectos fisiológicos, memorias activas, y otros factores incidentales que tienen alguna relación con la información y con su codificación. El contexto mental de un episodio está compuesto por todos estos tipos de información y, teóricamente, puede ser evocado por cualquiera de sus componentes. Una emoción o un ambiente pueden servir como indicios que hacen accesible el resto de la representación del contexto mental del suceso original (Smith, 1995).
Esta concepción de contexto multifactorial aparece en la mayoría de los modelos de memoria. Para Anderson y Bower (1972) el contexto lo forma el estado mental general o actitud del sujeto, el espacio físico, los indicios externos relacionados, el estado fisiológico, y otros items asociados temporalmente. Tulving (1983) considera un contexto cognitivo que puede ser algo más que la suma de los contextos ambiental y emocional. Como vimos, en los estudios en que se han encontrado efectos de la manipulación del contexto ambiental sobre tareas de memoria se manipula un contexto que implica algo más que el ambiente físico que lo rodea (Godden y Baddeley, 1980; Cañas y Nelson, 1986). Y de hecho, algunos experimentos manipulan directamente contextos cognitivos en este sentido, al reinstaurar el contexto de codificación pidiendo a los sujetos que rememoren simultáneamente tanto las condiciones ambientales como las emocionales presentes entonces.
El efecto de la reinstauración del contexto cognitivo sobre la memoria ha sido estudiado en dos áreas diferentes. Por un lado, se ha comprobado su utilidad en la mejora del reconocimiento de caras, y por otro en el recuerdo de sucesos.

Contexto cognitivo y reconocimiento de caras
Malpass y Devine (1981a) llevaron a cabo un experimento en el que mediante un procedimiento de memoria guiada inducían a un grupo de sujetos a reinstaurar cognitivamente el contexto en que ocurrió un acto de vandalismo presenciado 5 meses antes. Esta reinstauración del contexto cognitivo consistió en instar a los sujetos a recordar detalles acerca del ambiente físico en que se produjo el suceso, la secuencia de los hechos y las reacciones que experimentaron sobre el incidente y el agresor. Posteriormente se les pidió que realizaran un reconocimiento del agresor en una rueda fotográfica compuesta por 5 personas. Los resultados mostraron que estos sujetos señalaron correctamente al agresor en más ocasiones que aquellos sujetos que no reinstauraron el contexto.
Estos resultados han sido confirmados posteriormente por otros investigadores que además han puesto de manifiesto otros aspectos interesantes del efecto de la reinstauración del contexto cognitivo sobre el reconocimiento de personas. Krafka y Penrod (1985) realizaron un experimento de campo en el que manipulaban la reinstauración de contexto proporcionando a algunos comerciantes indicios físicos sobre la interacción mantenida con una persona que había comprado unos productos en su tienda 2 ó 24 horas antes. Los resultados mostraron que la reinstauración del contexto afectó a las identificaciones producidas con ambos intervalos de tiempo. Cuando en la rueda de reconocimiento, compuesta por 6 fotografías, estaba incluido el cliente las identificaciones correctas aumentaron significativamente para los sujetos que reinstauraron el contexto. No encontraron efectos significativos sobre las falsas alarmas y rechazos incorrectos. Sin embargo, cuando la fotografía del cliente estaba ausente de la rueda, los sujetos que reinstauraron el contexto cometieron más errores de identificación, ya que rechazaron correctamente a los cebos en menos ocasiones, que aquellos sujetos que no habían reinstaurado el contexto, aun cuando se advirtió a los sujetos que el cliente podía no estar presente en la rueda. Estos datos muestran que la reinstauración del contexto afecta también a los procesos de toma de decisión, y no sólo a los de accesibilidad de la información.
Shapiro y Penrod (1986) realizaron un meta-análisis sobre numerosos estudios (23) que analizaron el efecto de la reinstauración cognitiva del contexto sobre la identificación de personas y confirmaron que este procedimiento tiene importantes efectos beneficiosos sobre las identificaciones correctas, pero también efectos negativos (aunque más moderados) al aumentar las falsas alarmas.

Contexto cognitivo y recuerdo de sucesos
Aunque los resultados anteriores parecen claros, sin embargo, los procesos implicados en el reconocimiento de caras no pueden extrapolarse al recuerdo de sucesos. La memoria de caras tiene unas connotaciones que la hacen muy diferente de la memoria de sucesos y, por tanto, el papel que el contexto juega en la primera puede ser diferente al que juega en la segunda (Baddeley, 1990). Incluso puede ser diferente lo que se entiende por contexto en el caso de caras y de sucesos (Bruce, 1988; Davies, 1988).
La mayoría de los estudios sobre reinstauración contextual sólo muestran efectos cuando se manipula el contexto cognitivo, siendo el efecto de la reinstauración de elementos contextuales independientes (ambiental o emocional) prácticamente nulo e incluso perjudicial (Wilhite, 1991). Scrivner y Safer (1988) realizaron una investigación en la que mostraban a los sujetos una secuencia filmada, de 2 minutos de duración, donde se podía observar un asalto violento a un domicilio particular. Posteriormente pidieron el recuerdo del suceso manipulando la reinstauración cognitiva del contexto en que se produce el asalto (ambiental) o de los sentimientos que les provocó (emocional), o sin reinstauración contextual. Los resultados mostraron que no había diferencias significativas en el uso de ninguno de los dos tipos de reinstauración en comparación con la condición de no reinstauración.
Sin embargo, cuando se reinstaura el contexto cognitivo como un todo, generalmente se producen efectos beneficiosos sobre la recuperación (por ejemplo, Boon y Noon, 1994), aunque algunos estudios no han podido demostrarlo (por ejemplo, Memon, Cronin, Eaves y Bull, 1992). Boon y Noon (1994) no especifican el método seguido para reinstaurar el contexto, Memon et al. (1992) si lo hacen. Piden a los sujetos que relaten un suceso presenciado previamente tras darles las siguientes instrucciones de reinstauración de contexto cognitivo: “puedes imaginarte de nuevo en la clase, antes de que entrara el hombre. Inténtalo y dibuja la escena en tu mente. Piensa en cuando estabas sentado y a quién y qué podías oír desde allí. Piensa en lo que estabas haciendo y en cómo te sentías. Ahora piensa justo en el momento en que entró el hombre. Concéntrate en lo que podías ver de él desde donde tú estabas, y en cómo te sentiste cuando entró. Concéntrate en oír lo que el hombre dijo, viendo donde va, qué hace, que traía con él, y qué parecía. Ahora cuéntamelo despacio, con cuidado y precisando los detalles que puedas ver del hombre, qué dijo y qué hizo”. La reinstauración del contexto cognitivo no es física, sino mental, como ocurre en la mayoría de los estudios que analizan el efecto de la reinstauración de contextos cognitivos. No obstante, como mostraron Smith (1979) o Bjork y Richardson-Klavehn (1989), la reinstauración mental es tan efectiva como la física, y en cualquier caso, de otra forma sería muy difícil reinstaurar algo más que las condiciones del ambiente físico, aun cuando con las instrucciones adecuadas éste puede ser suficiente para hacer accesibles el resto de los elementos del contexto cognitivo. Los resultados encontrados por Memon et al. (1992) muestran que esta reinstauración no es más efectiva mejorando el recuerdo que la utilización de técnicas estándar de recuperación consistentes en pedir a los sujetos que recuerden los más posible del suceso (“me gustaría que te concentraras lo más posible y que me contaras todo los que puedas recordar sobre el extraño y la ocasión en que entró en la clase: dónde fue, qué hizo y qué dijo, qué traía con él, y qué parecía”). Estos resultados pueden explicarse por el tipo de instrucciones que dan como técnica estándar, ya que los indicios que proporcionan son lo suficientemente explícitos como para localizar y hacer accesible la información, e incluso pueden llevar a los sujetos a reinstaurar el contexto de forma espontánea.
Pero además de la reinstauración cognitiva, otro paradigma implica manipulaciones de contextos cognitivos: el cambio de perspectiva como un cambio de punto de vista. Diversos estudios se han centrado en el efecto que el cambio de perspectiva produce sobre la memoria. En éstos se pueden considerar dos tipos diferentes de perspectivas: el cambio de perspectiva puede hacerse modificando el papel que juega el sujeto o su posición física. El primer tipo de perspectiva hace referencia a adoptar un papel diferente al que le correspondió al sujeto en la percepción (Anderson y Pichert, 1978; Nigro y Neisser, 1983), lo que implica un cambio en la interpretación del suceso. El segundo tipo se refiere a un contexto espacial con claras connotaciones ambientales (Boon y Noon, 1994; Memon, Cronin, Eaves y Bull, 1995).
Respecto al que tiene que ver con adoptar un papel diferente, podemos considerar otros dos tipos de cambio de perspectiva: aquel que supone un cambio del esquema que permite interpretar el suceso, que supone una manipulación contextual del tipo definido como semántico y del que nos hemos ocupado al principio de capítulo (Anderson y Pichert, 1978); y el que supone un cambio de perspectiva instando a los sujetos a adoptar un papel diferente que lleva a un cambio en la implicación personal (Nigro y Neisser, 1983).
El cambio de perspectiva como cambio físico o espacial ha sido estudiado en comparación con otros métodos de recuperación como por ejemplo la recuperación múltiple y con la reinstauración cognitiva del contexto. Boon y Noon (1994) encontraron que este cambio produce que los sujetos proporcionan menos detalles que cuando se pide a los sujetos que se esfuercen en recordar la mayor cantidad posible de información por segunda vez. En los estudios realizados por Memon et al. (1995) el cambio de perspectiva provoca que los sujetos proporcionen más información temporal y menos información total correcta e incorrecta (exp. 2) que pedir a los sujetos que traten de recordar lo más posible o que recuerden el suceso sucesivamente desde diferentes puntos de partida. Cuando analizan conjuntamente los datos de los tres experimentos que realizan, encuentran que el cambio de perspectiva produce más errores que la reinstauración de contexto, que esforzarse en recordar lo más posible y que recordar desde diferentes puntos de partida.
En resumen, se ha analizado el efecto de la reinstauración del contexto episódico. Los resultados parecen ambiguos, ya que los efectos de la reinstauración contextual no siempre aparecen, y cuando lo hacen en ocasiones no es en la dirección esperada, aunque en ocasiones este procedimiento facilita la accesibilidad y la recuperación de la información. McSpadden, Schooler y Loftus (1988) hablan de la aparición y desaparición del efecto de la reinstauración del contexto y atribuyen a este fenómeno 3 causas posibles: diferencias en diseños experimentales, diferencias individuales y sesgos de publicación.
Existen marcadas diferencias entre unos estudios y otros, no sólo respecto a los resultados alcanzados, sino también respecto al paradigma de estudio y al tipo de información recordada. El tipo de contexto manipulado es otro de los aspectos que varía de unos estudios a otros. En unos se trata de contexto emocional (estados emocionales, sentimientos), en otros de contexto ambiental que podríamos definir como externo o que informa acerca del origen de la información (condiciones experimentales, habitación donde se realiza el experimento, etc.), y en otros de contexto también ambiental que podríamos definir como interno del suceso o que hace referencia a aspectos de cómo se desarrolló el suceso y que está constituido por datos procedentes de la información objeto de recuerdo (dónde tuvo lugar el suceso, cómo se desarrolló, etc.). Qué tipo de contexto es el más efectivo es algo que no está claro y son necesarias más investigaciones en esta dirección. Algunas hipótesis ya han sido planteadas en este sentido. Como se ha señalado, Bekerian y cols. (Bekerian y Conway, 1988; Bekerian, Dennett, Hill y Hitchcock, 1992) diferencian entre un contexto molecular y otro contexto molar. Recordemos que el primero hace referencia a detalles específicos relacionados con el ambiente y a estados mentales, mientras que el contexto molar se refiere a datos generales del suceso como por ejemplo factores ambientales generales como el tiempo que hacía, el aspecto físico de los actores o acciones generales. El contexto molecular podría identificarse con el contexto independiente del suceso y el segundo con el contexto cognitivo. Según Bekerian et al. (1992) el contexto molecular es más efectivo para el recuerdo ya que proporciona más información, aunque es menos efectivo para la organización de la información que el molar (interactivo). Como los rasgos moleculares de sucesos autobiográficos parecen estar menos integrados en estructuras generales de un suceso que los molares (Conway y Bekerian, 1987), la efectividad de cada contexto parece depender, entre otros, del tipo de información almacenada y de la relación del sujeto con ella (autobiográfica o no). No debemos olvidar tampoco la distinción de Baddeley (1982). En la medida en que el contexto reinstaurado haya jugado un papel en el procesamiento de la información, encontramos que la reinstauración produce efectos positivos sobre la recuperación.
Otra fuente de variación es la manipulación física o mental del contexto (Bjork y Richardson-Klavehn, 1989). En algunos experimentos el contexto (sobre todo el ambiental) se reinstaura de forma real, acudiendo al mismo lugar en que tuvo lugar el suceso o la prueba, mientras que en otros la reinstauración se hace de forma mental (recurriendo a técnicas relacionadas en mayor o menor grado con la imaginación). Smith (1979) manipuló ambos tipos de reinstauración y no encontró diferencias. No obstante, hay que tener en cuenta que la utilización de estrategias que implican la formación de imágenes mentales o relacionadas con procesos de imaginación pueden suponer una elaboración extra de la información que sesgue los resultados obtenidos. Bekerian, Dennett, Hill y Hitchcock (1992) realizaron un estudio en el que encontraron que la formación de imágenes vívidas puede ser una buena estrategia para mejorar el recuerdo. De igual forma, Eich (1985) encontró que la formación de imágenes mentales donde se relaciona el ítem a recordar y algún aspecto del contexto ambiental se ve gravemente afectado por el cambio de contexto en comparación con la formación de imágenes únicamente del ítem.

Una explicación a los efectos del contexto en los procesos de memoria: el contexto interactivo
Hasta aquí se han analizado los principales efectos de los distintos tipos de contexto. En general, los efectos son variados y es difícil encontrar una línea clara que permita entender la aparición y desaparición de datos en favor o en contra del beneficio de la reinstauración del contexto o de los efectos perjudiciales del cambio contextual. La distinción entre contexto interactivo y contexto independiente podría clarificar los distintos tipos de contexto manipulados y explicar los datos encontrados sobre la influencia del contexto en los procesos de recuperación.

Contexto independiente y contexto interactivo
Como ya se ha dicho, Baddeley (1982, 1990) proponía que el contexto puede ser procesado de dos formas diferentes: interactiva e independientemente. El contexto se procesa de forma independiente o no interactiva cuando la información relativa a ese contexto se almacena junto con la representación de los estímulos, pero no cambia significativamente la huella de memoria. La codificación interactiva ocurre cuando el contexto presente cambia la forma en que se percibe un estímulo,  afectando al significado de la información.
Según las propuestas que se siguen de los modelos de recuperación, y fundamentalmente de la distinción de Tulving (1972) entre información semántica e información episódica, y los componentes de los engramas o huellas de memoria episódica y la información ecfórica, podemos distinguir dos tipos de contextos interactivos: a) contexto interactivo semántico, que interviene en la interpretación conceptual de los estímulos, y b) contexto interactivo episódico que afecta al significado autobiográfico. Cuando se analizó el contexto semántico y su papel en la recuperación episódica se mencionaron varios tipos de información que cumplen con su definición, como por ejemplo los esquemas o los nombres de categorías que Tulving y Osler (1968) proporcionan como indicios de recuperación. De igual forma, cuando se analizó el contexto episódico se señalaron tres tipos de contexto: ambiental, emocional y cognitivo.
Por lo que se deduce de los apartados anteriores, el contexto ambiental y el contexto emocional no afectan al significado de los estímulos, más bien se trata de un tipo de información que se presenta de forma concurrente con la información de los estímulos. Procesados de forma independiente los dos tipos de contexto informan de que determinados estímulos se presentaron junto con otra información que aparece de forma incidental. Su presentación en la recuperación puede servir de ayuda para que el sujeto pueda acceder a la información junto con la que se ha codificado.
Por el contrario, el contexto semántico y el contexto cognitivo afectan al significado de la información y son procesados de forma interactiva con la información. Un aspecto tienen en común el contexto semántico y el contexto cognitivo que hace que los dos se procesen de forma interactiva: en ambos casos la información del estímulo se relaciona con información previamente almacenada, llegando a formar parte de ella. El contexto semántico relaciona la información del estímulo con los conocimientos previos, de forma que éstos dan un significado conceptual a los estímulos. El contexto cognitivo, como contexto episódico que es, relaciona la información del estímulo con los recuerdos previos, de forma que éstos dan un sentido autobiográfico a los estímulos, incorporándolos al conjunto de sucesos que forman la historia vital del sujeto, su biografía. Es decir, la información estimular queda caracterizada por el contexto cognitivo en un espacio y tiempo de la biografía del sujeto. De este modo, el sujeto puede recuperar la información y el contexto cognitivo en que se codificó, como memoria episódica, ya que este contexto le permite ubicar esa información como fruto del recuerdo y, por tanto, que ocurrió en su pasado personal. El contexto cognitivo aporta información espacial y temporal, además de una serie de elementos, emocionales y de implicación personal, que en conjunto proporcionan el sabor autobiográfico que caracteriza a la memoria episódica (Tulving, 1983). Como vimos, tanto Tulving como Anderson y Bower (1972) señalan varios componentes contextuales. Smith (1995) comparte esta concepción multifactorial del contexto, señalando que el contexto mental (cognitivo) está compuesto por elementos emocionales, ambientales, el estado mental general del sujeto, aspectos fisiológicos, memorias activas, y otros factores incidentales que tienen alguna relación con la información y con su codificación. Todas estas concepciones multifactoriales del contexto implican que los elementos que lo componen se integran para dar lugar a un contexto más global cuyos efectos sobre las tareas de recuperación son mucho mayores que cada uno de los elementos por separado (Wegener y Payne, 1997). 

Contexto y codificación
En definitiva, el contexto procesado de forma independiente es la información contextual que aparece junto a la información objeto de recuperación pero que no se codifica interactivamente con ella. Así pues, los contextos independientes son moleculares ya que suponen detalles aislados (independientes) del entorno en que se presentan los estímulos, mientras que el contexto cognitivo es molar en el sentido de que engloba diversos elementos estrechamente relacionados formando un todo complejo.
Recordemos que Bekerian y Conway (1988) proponen que el contexto molecular y el contexto molar tienen papeles diferentes en los procesos de recuperación: los primeros se activan automáticamente y están fuera del control consciente mientras que los molares están implicados en procesos conscientes de memoria. Entre los contextos moleculares Bekerian y Conway incluían los aspectos ambientales y los estados internos. Coincidiendo con esta propuesta Baddeley (1982, 1990) afirmó que el procesamiento del contexto independiente se puede llevar a cabo de forma automática, sin gasto de recursos, mientras que el contexto interactivo se procesa de forma controlada implicando gasto de recursos.
Ciertos rasgos de las huellas de memoria cumplen con el requisito de procesamiento automático del contexto independiente. Hasher y Zacks (1979) proponen que algunas características espacio-temporales de la presentación de los estímulos, como la frecuencia de ocurrencia o la localización espacial y temporal, se procesan de forma automática. Este tipo de información cumple con la definición de contexto episódico ya que pertenece al eje espacio-temporal. Esta información procesada por separado de forma automática constituye el contexto independiente. Pero también forma parte del contexto cognitivo. La integración de esos componentes formando un todo junto con otros aspectos de los recuerdos previos del sujeto constituyen el contexto interactivo que requiere un procesamiento elaborativo (Hirst, 1989; Mayes, 1988) que implica gasto de recursos atencionales (Craik, 1989), como requisito imprescindible para que el contexto se pueda procesar interactivamente. El contexto independiente frecuentemente se codifica de forma automática, escapando del control consciente, mientras que el interactivo implica la codificación controlada, ya que es necesario el procesamiento elaborado para que se de la integración entre el contexto y la información.
Craik (1989) señala la importancia de la integración entre el contexto y la información como algo crucial. La codificación supone integrar la información en el contexto, de forma que la presentación de parte del contexto (recuerdo) o parte del hecho (reconocimiento) puede dar lugar a una reintegración del episodio completo codificado. La elaboración y organización del material y la importancia emocional del contenido facilitan la integración de la información en la autobiografía del sujeto. Craik (1989) adjudica a la información emocional un papel relevante en la integración entre los sucesos y su contexto. Según su propuesta, la información emocional es la que aporta el sabor autobiográfico a las memorias episódicas. La información con una implicación emocional del sujeto incrementa la habilidad para recordar el contexto tanto como para recordar el hecho en sí. El mecanismo mediante el cual se explica esta mayor integración, según Craik, es que los sucesos relevantes emocionalmente atraen más atención del sujeto y ese incremento de la atención está asociado con un procesamiento más elaborado del suceso dando como resultado más procesos integradores entre el contexto y el suceso. Esta integración o pertenencia causal parece ser imprescindible a la hora de encontrar efectos contextuales de dependencia (Eich et al., 1994). Eich et al. (1994) enfatizan la relación del sujeto con la información en el principio de hazlo-tú-mismo, argumentando que el estado emocional muestra un fuerte efecto sobre las memorias cuando la información tiene un carácter autobiográfico (en el que están implicados aspectos internos del sujeto) y cuando en su recuperación intervienen procesos activos tales como razonamiento, reflexión y pensamientos co-temporales (Eich y Metcalfe, 1989). Diferencian este tipo de memorias dependientes de estado de las memorias en las que están implicados procesos perceptivos relativamente automáticos y dirigidos por los datos a las que no afectan los cambios en el estado emocional del sujeto. En otro experimento Eich (1985) analizó el efecto de la integración contexto-información sobre la dependencia de contexto. La hipótesis de partida fue que cuanto más repercute un indicio en el procesamiento de un ítem, mayor se espera que sea su efecto. Los resultados mostraron que la formación de imágenes mentales donde se relaciona el ítem a recordar y algún aspecto del contexto ambiental se ve gravemente afectado por el cambio de contexto en comparación con la formación de imágenes sólo del ítem. Cuando los sujetos se embarcan en procesos de elaboración que enriquecen las relaciones entre el contexto y la información, por ejemplo creando imágenes donde ambos están representados, mayor es la integración y más afectan los cambios contextuales. De esta forma, los procesos de elaboración de las huellas de memoria tienen una gran importancia en la integración contexto-información (Craik, 1989). Según Wegener y Payne (1997), la integración se basa entre otras cosas en la evaluación o en la transformación de los elementos físicos del estímulo en representaciones psicológicas relevantes para las tareas de interés, y en que los procesos y productos cognitivos implican la integración de los efectos de múltiples estímulos.
La importancia de los procesos de elaboración en la integración contexto-información ha quedado de manifiesto en algunas investigaciones con sujetos que presentan déficit importantes de memoria y no son capaces de llevar a cabo tareas que implican gasto de recursos. Huppert y Piercy (1982) encontraron, en una investigación con pacientes con síndrome de Korsakoff, que uno de los aspectos que les llevan a realizar tareas de reconocimiento basándose únicamente en la familiaridad de los items (siendo incapaces de proceder a su identificación) es que muestran problemas a la hora de establecer asociaciones entre la información y su contexto de ocurrencia. Este déficit en los procesos de integración les impide recordar cuándo y dónde ocurrió un hecho. La dificultad en procesar la información contextual y por tanto para construir huellas episódicas, que se da en enfermos con problemas para llevar a cabo tareas de recuperación controlada, parece un hecho constatado en diversas investigaciones (por ejemplo, Mayes, 1988; Mayes, MacDonald, Donlan, Pears y Meudell, 1992). Según Hirst (1989) los amnésicos pueden codificar hechos individuales, pero fallan en la realización de asociaciones inter-ítem o mapas espacio-temporales en los que tiene lugar el hecho. Por otro lado, se ha señalado que un déficit en procesar información contextual puede provocar un deterioro en la discriminación del origen de los recuerdos (Johnson et al., 1993) y un déficit en tareas de memoria episódica (“amnesia de fuente”; Shimamura y Squire, 1987, 1991).
Esta distinción entre contexto de procesamiento interactivo y contexto de procesamiento independiente encaja con los resultados empíricos de los experimentos analizados en los apartados previos, que mostraban que sólo cierto tipo de contextos (semántico y cognitivo) afectan a la recuperación, mientras que otro tipo de contextos (ambiental y emocional sin relación con el contenido de la información) sólo muestran efectos en determinadas tareas y bajo condiciones muy específicas.

Contexto y recuperación
Baddeley (1982, 1990) afirma que el contexto independiente afecta al acceso automático de la información pero no a su recuperación. Mientras que el contexto interactivo afecta a la recuperación controlada de la información, en ocasiones relacionada con procesos de memoria cercanos a la resolución de problemas en los que los indicios contextuales son esenciales para llegar a la recuperación consciente de la información, más relacionados incluso con la inferencia que con la retención (Baddeley, 1982).
Recordemos que en el capítulo 3 se distinguía entre procesos de recuperación automáticos y procesos de recuperación controlados, donde sólo los últimos dan lugar a la recuperación episódica. Graf y Mandler (1984) distinguían entre accesibilidad y recuperación. La accesibilidad tiene lugar mediante procesos de activación de las representaciones e implica el acceso directo o automático a la información. En la accesibilidad la información “viene a la mente” en ausencia de información de recuperación relevante. Mientras que en la recuperación intervienen además procesos de elaboración que son controlados e implican el acceso indirecto a la información.
En este mismo sentido Baddeley (1982) distinguía entre evocación automática de la información por los indicios adecuados y recuperación que implica un procesamiento controlado de la información en la que intervienen procesos de búsqueda, de evaluación y toma de decisión, y de reconstrucción. Las características del entorno físico o emocional concurrentes con la aparición de la información original y que se codifican junto a dicha información pero de forma independiente y automática pueden facilitar la accesibilidad de la información original. Al activarse el contexto independiente se activarán a su vez otros elementos concurrentes con su presentación, tanto más cuanto más fuerte sea la asociación entre el contexto independiente y la información. Pero como Graf y Mandler (1984) defienden, la activación hace más accesible pero no más recuperable una huella de memoria. De este modo, el contexto episódico procesado de forma independiente facilita la accesibilidad de las huellas de memoria, mostrándose en tareas de recuerdo libre más fácilmente que en otras tareas. Así lo muestran diversas investigaciones (por ejemplo, Bower, 1981; Eich, 1995b; Godden y Baddeley, 1980) que encontraron más efectos de contextos procesados independientemente sobre las tareas de recuerdo libre que sobre las tareas de recuerdo con indicios o las de reconocimiento. Una razón que se ha esgrimido para explicar este hecho es que sólo bajo condiciones muy específicas la manipulación del contexto independiente muestra efectos de facilitación sobre la accesibilidad de la información. Estas condiciones específicas se dan cuando la tarea de recuperación está dificultada por el paradigma experimental utilizado y sólo el contexto independiente permite discriminar el origen de la información, como ocurría en el experimento 5 realizado por Smith (1979). Sólo cuando éste es el mejor indicio encontraremos efectos sobre la accesibilidad, como ha propuesto la hipótesis del eclipsado (Smith, 1988). En el reconocimiento y en el recuerdo con indicios puede proporcionarse otra información que sirva como mejor indicio que facilite la accesibilidad e incluso la recuperación, eclipsando el papel del contexto independiente sobre la accesibilidad. Además, diversas propuestas teóricas concuerdan con este efecto del contexto independiente facilitando la accesibilidad. Por ejemplo, Tulving y Pearlstone (1966) afirmaron que cuando se accede a un determinado aspecto de la información es más probable que se haga accesible el resto; los modelos de red (Quillian, 1968) afirman que la activación de un ítem se propaga a otros items asociados en la misma red proposicional; Smith (1995) propone que cualquiera de los componentes del contexto mental puede hacer accesible el resto de la información contextual y de ahí la información original que lo acompaña; y las teorías de activación global (Murnane y Phelps, 1993) proponen que la información que se proporciona en las pruebas de memoria pueden activar un conjunto potencialmente grande de items en la memoria.
En definitiva, el contexto independiente puede activar determinada información que tiene una alta probabilidad de hacerse accesible, pero que en ausencia del contexto interactivo, su recuperación se hace más difícil, ya que los procesos de búsqueda y de toma de decisión acerca del origen de las huellas de memoria pueden dar resultados erróneos.
Tanto Baddeley (1982) como Jones (1987) proponían que la recuperación automática por la vía directa de la accesibilidad se explica mediante el principio de codificación específica (Tulving y Thomson, 1973) mientras que la recuperación controlada se explica mediante las propuestas de dos fases, generación y reconocimiento. Según el principio de codificación específica (Tulving y Thomson, 1973) las operaciones seguidas en el proceso de codificación determinan qué información se almacena, y definen qué indicios son eficaces para acceder a la información almacenada. Varias investigaciones (por ejemplo,, Bobrow, 1970; Light y Carter-Sobell, 1970; Thomson, 1972; Tulving y Thomson, 1971) han mostrado que el cambio de contexto de un elemento de la presentación a la prueba afecta a su accesibilidad. Teniendo esto en cuenta, Tulving y Thomson (1973) concluyen que la eficacia de un indicio determinado depende de si el contexto ha sido codificado con la información que se ha de recuperar. También para el modelo HAM es importante que el contexto esté asociado a la información en la codificación para que luego tenga utilidad en la recuperación. Para Anderson y Bower (1974) el contexto consiste en una proposición que especifica la información en términos autobiográficos y cada proposición facilita en mayor o menor medida la accesibilidad de la palabra y su reconocimiento dependiendo del grado de asociación existente y de la ambigüedad de la proposición. Este grado de asociación explica los diferentes grados de confianza, en función de los niveles de familiaridad que supone cada proposición contextual. Cuantas más evidencias pueda encontrar el sujeto en su memoria acerca de la ocurrencia de la palabra en la lista de estudio mayor será la confianza en su decisión, y más fácilmente se superará el umbral del criterio de decisión (Anderson y Bower, 1974). La asociación que se establece entre el contexto independiente y la información por el simple hecho de la concurrencia posibilita que su presentación aumente la probabilidad de que la información se active o haga accesible. Cuanto más fuertemente estén asociados mayor será la probabilidad de que al presentar una se facilite el acceso a la otra, como ocurre en algunos experimentos de Smith (1979) donde fomenta la recuperación múltiple del ambiente y la información como un todo, reforzando las asociaciones existentes entre las dos por repetición.
Así, el contexto juega un papel importante en los procesos de codificación, integrándose con los estímulos originales para formar el engrama, y en los procesos de recuperación, ya que para acceder a la información almacenada en la memoria se necesitan los indicios adecuados que se utilizaron en su codificación y que sirven como pistas para localizarla (Tulving y Thomson, 1973). Pero, el contexto de recuperación facilita el recuerdo si y solo si esa información contextual y su relación con la información objetivo de la recuperación se almacenó al mismo tiempo y como un todo. Esto es, para que el contexto interactivo afecte a los procesos de recuperación debe haberse codificado previamente de forma que haya modificado el significado de los estímulos. Baddeley (1990) pone más énfasis en los procesos de aprendizaje y almacenamiento al referirse al contexto interactivo, mientras que son los procesos de recuperación los que muestran los efectos del contexto independiente. El contexto interactivo afecta a la interpretación de la información en la codificación y en esa medida afecta también a la recuperación, mientras que el contexto independiente no afecta a la información en la codificación y su efecto sólo se muestra en la facilitación de la recuperación. Según los modelos de memoria analizados en el capítulo 3, para llevar a cabo una recuperación episódica son necesarios procesos controlados de elaboración de la información. El procesamiento controlado no sólo es necesario para que se lleve a cabo la integración entre el contexto y la información (Craik, 1989; Hirst, 1989; Mayes, 1988), también lo es para que se pueda recuperar la información en el contexto interactivo que le aporta las características episódicas, de forma que el sujeto pueda ser consciente de que dicha información pertenece a un momento concreto de su pasado, o al menos que ocurrió en un tiempo y en un lugar determinados. En palabras de Schacter (1996), el contexto episódico interactivo afecta al significado autobiográfico de la información, permitiendo la recuperación de huellas de memoria. Es decir, de información episódica, con referencias espacio-temporales y autobiográficas (Tulving, 1983). Baddeley (1982) asume que el contexto procesado de forma interactiva afecta tanto a las tareas de recuerdo como a las de reconocimiento, mientras que el contexto procesado de forma independiente únicamente muestra efectos en tareas de recuerdo. Este efecto se muestra sólo en las tareas episódicas de recuperación, en la que el objetivo es recuperar una información como algo que me ocurrió a mi en un espacio y tiempo concreto de mi vida, como se vió en el capítulo anterior. Para la consecución de este objetivo es necesaria la puesta en marcha de procesos elaborados sobre el origen de la información que implican mecanismos de toma de decisión e inferencias sobre los ejes espacio-temporal y autobiográfico (de implicación personal). Relacionando estos dos tipos de contexto con la teoría de Tulving (1983) de ecforía sinergística, Baddeley (1990) propone que sólo el contexto interactivo será sinergístico, ya que interviene en los procesos constructivos que dan lugar a la información ecfórica de la recuperación (información de la huella + información del indicio) responsable de la experiencia de memoria, mientras que el contexto independiente no. Según Baddeley, a la hora de explicar las diferencias entre recuerdo y reconocimiento, esta concepción contextual está más cercana a los modelos de generación-reconocimiento que al de codificación específica de Tulving, que como hemos visto está más cerca de la concepción del contexto independiente. En cualquier caso, debemos tener en consideración la menor sensibilidad de las tareas de reconocimiento al detectar efectos contextuales, fundamentalmente debido a que las tareas de reconocimiento pueden realizarse mediante procesos de familiaridad (en los que interviene el contexto independiente) o mediante procesos de identificación (que requieren la presencia del contexto interactivo), aspecto que no es tenido en cuenta habitualmente por los paradigmas experimentales utilizados.

Conclusiones
En resumen, podemos distinguir dos tipos de contexto. Aquel que está integrado con la información original, de modo que forma una representación o huella de memoria con un significado (semántico y autobiográfico) específico. Y aquel que, apareciendo junto con la información, no tiene ninguna relación con ella y se procesa como un elemento más pero independiente de la información. El contexto tiene un papel en los procesos de recuperación controlada sólo cuando se procesa de forma interactiva con la información. Unicamente en este caso su manipulación muestra efectos de dependencia sobre las tareas de memoria. Así, se ha afirmado que es necesaria la asociación (Anderson y Bower, 1972), la pertenencia causal (Bower, 1987; Fernández y Glenberg, 1985), o la integración (Craik, 1989; Eich, 1985; Eich, Macaulay y Ryan, 1994) entre el contexto y la información para que se den estos efectos de dependencia. Habiéndose puesto de manifiesto que la simple contigüidad entre la información central y la información contextual (espacio-temporal, emocional, etc.) no implica que se establezcan relaciones entre ellas. El contexto independiente se codifica y recupera de forma automática, afectando al acceso automático de la información, lo que encaja con el principio de codificación específica y los modelos asociativos que explican la recuperación automática que se da en el acceso directo. El contexto interactivo se codifica de forma controlada ya que es necesaria la elaboración para que se produzca la integración entre contexto e información, y se recupera también de forma controlada, encajando con las propuestas de recuperación controlada en términos de reconstrucción, recuperación episódica o recuperación elaborada.
Por otro lado, tenemos que los datos muestran que el contexto procesado de forma independiente afecta raramente al rendimiento de los sujetos en tareas de recuerdo libre, mientras que el contexto interactivo afecta frecuentemente al rendimiento en tareas de recuerdo y reconocimiento. La manipulación del contexto interactivo se mostrará mejor en el rendimiento de los sujetos que la manipulación del contexto independiente. Esto se debe a que un cambio del contexto interactivo de la presentación a la prueba de memoria implica recuperar información errónea ya que el sujeto accederá a información con un significado (autobiográfico) diferente del buscado. Por otra parte, la presencia del contexto interactivo en la recuperación mejora el rendimiento de los sujetos en tareas episódicas debido a que dirige el procesamiento controlado que da lugar a la recuperación episódica restringiendo el campo de búsqueda y aportando información acerca del origen de los recuerdos lo que facilita los procesos de evaluación y toma de decisión que se dan en la recuperación controlada. Mientras que el contexto independiente sólo facilita el acceso automático a la información. Tanto la estrategia controlada como la estrategia automática pueden ser válidas para realizar una tarea episódica, pero siempre serán más eficaces las que implican la recuperación episódica ya que cumplen con el objetivo de estas tareas. Más aun, al definir los dos tipos de contexto se ha propuesto que el contexto episódico interactivo caracteriza a la memoria episódica debido a que relaciona la información del estímulo con los recuerdos previos integrando los hechos procesados interactivamente con el contexto episódico en la  autobiografía del sujeto. Esto es, dando sentido autobiográfico a los hechos de forma que el sujeto tenga conciencia de que sucedieron en un tiempo y lugar de su pasado (conciencia autonoética). Mientras, el contexto independiente no es suficiente para dar lugar a una memoria episódica, ya que no es capaz de relacionar los estímulos con la historia vital del sujeto. Así, el contexto interactivo no solo afecta al rendimiento en tareas de memoria episódicas, también afecta al tipo de experiencia de memoria que permite a los sujetos resolver las tareas de memoria. 



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Manzanero, A.L. (2008): Memoria y contexto. En A.L. Manzanero, Psicología del Testimonio (pág. 59-82). Madrid: Ed. Pirámide.