Página editada por Antonio L. Manzanero, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. España

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¿Por qué los hombres nunca se acuerdan de nada?

La memoria de pez masculina es un hecho asumido en la eterna confrontación entre sexos. Esto dice la ciencia al respecto


Ángeles Gómez López
31 MAR 2015
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¿Quién no ha visto alguna vez la cara de póker de un hombre cuando, en una animada charla entre amigos, alguna fémina le espeta la fatídica pregunta: "¿Te acuerdas de…?". Por mucho que rebusque el apurado caballero, las puertas de su memoria permanecerán herméticamente cerradas para ese recuerdo. Su locuaz interlocutora recurrirá a todo tipo de detalles en un intento de que el pasado regrese a la conciencia masculina. La escena se volverá a repetir en una reunión familiar, en la intimidad del hogar y también en el trabajo con idéntico resultado: el olvido. De acuerdo, no pasa siempre ni con todos los hombres, pero es un suceso que las mujeres, a menudo, se quejan de revivir.
¿Realmente es cierto que ellas tienen mejor memoria que ellos? Que existen diferencias entre el cerebro masculino y el femenino se ha demostrado en numerosas investigaciones, y es sobradamente conocido que los varones tienen mayor capacidad espacial mientras que las mujeres tienen más desarrolladas las áreas del lenguaje. Pero en el caso de la memoria, las diferencias neurobiológicas no son tan claras.
El profesor de investigación Javier de Felipe, del Laboratorio Cajal de Circuitos Corticales, de la Universidad Politécnica de Madrid, reconoce diferencias biológicas, pero, en el campo de los recuerdos, pone el acento en la educación. “Aunque las cosas estén cambiando, generalmente la educación no es igual en ambos sexos y desde la infancia ya se les va conduciendo a unas diferencias de comportamiento y psicológicas”, explica.
Diferentes ensayos confirman el peso de la instrucción en la cimentación de la memoria; y en cómo el modo en que las madres cuentan las cosas a sus hijos influye, también, en la formación de recuerdos. “Esto no niega las diferencias biológicas, pero no son muy acusadas. Los hombres y las mujeres somos muy parecidos, siempre y cuando estemos educados de la misma forma. El resto son leyendas urbanas”, insiste De Felipe.
Pero existe un camino intermedio: que la educación recibida deje una huella física. "El cerebro es muy plástico, y si desde la infancia se educa en una dirección [la atención hacia el detalle y esfuerzo por registrarlo], al final también le afecta. Cuando nacemos, el cerebro prácticamente no tiene conexiones, pero cuando el niño empieza a interaccionar con el medio ambiente, con la familia, con sus padres y aprende a leer y a escribir comienzan a formarse una serie de circuitos que dependen mucho de su entorno. Si el ambiente está orientado hacía una dirección concreta, provocará un cambio. Y así sucede con una educación sexista”, prosigue el investigador.
El psicólogo Sergio García Soriano, que dirige talleres de bienestar y de género, también sostiene que el hecho de que las mujeres recuerden más cosas que los hombres es, sobre todo, consecuencia de la formación recibida. Si el descuido afecta a la fecha del aniversario o al cumpleaños de una persona, cabría aclarar, según el experto, que el dato no ocupa un lugar importante en la memoria del que olvida. "Y aunque no significa una falta de interés", dice, "sí sugiere que algo ha cambiado en la relación".
En cualquier caso, existen diferentes tipos de memoria y cada una aflorará en distintos momentos a lo largo de nuestra vida. “La memoria es inconsciente, aparece cuando se necesita”, anuncia el psicólogo. “En las consulta de pareja, queda patente que ellas tienen más memoria de situaciones y ellos dejan apartados estos detalles. Los hombres tenemos un sistema atencional unívoco, nos centramos en una cosa y luego pasamos a otra. Por el contrario, las mujeres tienen una memoria más circular, más emocional y engloban lo que sucedió y en qué contexto”.
Esta forma de memorizar depende de las conexiones neuronales que se han establecido con el feed back entre el cerebro y los actos y la educación. “Hay una ponderación entre lo biológico y educativo”, subraya. Por mucho que la ciencia intente justificar las diferencias con argumentos biológicos, siempre aparece la educación como explicación última a las diferencias entre sexos. García Soriano es directo: “No somos tan distintos, pero estamos metidos en unos patrones de lo masculino y lo femenino. Y no nos damos ni cuenta”.
 

Olvidar es necesario para guardar los recuerdos relevantes

Un estudio identifica el proceso por el que el cerebro elige lo que va a recordar y elimina las memorias que pueden dificultar su recuperación

Daniel Mediavilla 
17/03/2015

El escritor Ray Loriga decía en Tokio ya no nos quiere algo que los científicos llevan tiempo advirtiendo: “La memoria es el perro más tonto, le tiras un palo y te devuelve cualquier cosa”. Para desilusión de muchos, numerosos estudios han mostrado que nuestras memorias están manipuladas y que es posible incluso que los momentos más emotivos de nuestra vida, como el nacimiento de un hijo o el encuentro con un gran amor, no sucedieran como los recordamos. El cerebro no funciona como una grabadora fidedigna de los hechos. Como el perro tonto o caprichoso, recupera lo que quiere y, aparentemente, no lo que se le pide.
Neurociencia
Incluso los recuerdos más emotivos pueden no ser reales
En los últimos años, en su esfuerzo por comprender los mecanismos de la memoria, la neurociencia ha descubierto algo que puede resultar sorprendente: en el camino hasta el lugar donde podemos recuperarlos, "los recuerdos provocan el olvido". La memoria funciona por asociación y cuando se trata de recuperar un recuerdo es posible que nuestro cerebro tenga que elegir entre varias memorias relacionadas que compiten entre ellas. Si uno intenta recordar un partido de fútbol, por ejemplo, habrá otros partidos que el cerebro deberá descartar para llegar a la información deseada. Algo similar sucede con las contraseñas de algunos bancos, que, por razones de seguridad, se tienen que cambiar cada pocos meses. Aunque inicialmente solo se ha de recordar una contraseña, poco a poco se solapan las viejas con las nuevas. Esto hace que en un principio, como si fuese un ordenador atestado de datos que tiene que trillar, el cerebro necesite gastar mucha energía para elegir la memoria adecuada. Sin embargo, una vez que se seleccionan las memorias relevantes y se suprimen las que no lo son, los recursos necesarios para volver a recuperar una memoria son mucho menores.
Esta semana, un equipo de investigadores de las universidades británicas de Birmingham y Cambridge ha logrado aislar los mecanismos del olvido que facilitan el recuerdo en el cerebro humano. Para lograrlo, los científicos, que han publicado su trabajo en la revista Nature Neuroscience, utilizaron un sistema de imagen por resonancia magnética (MRI) para medir la actividad cerebral cuando a un grupo de voluntarios se les pedía que recordasen memorias concretas basadas en imágenes que les habían mostrado con anterioridad. Con esta técnica fueron capaces de conocer a nivel neuronal el destino de las memorias que finalmente resultarían borradas.

Recordar hace olvidar

Durante cuatro rondas en las que se pidió a los voluntarios que recuperasen una memoria concreta, se observó cómo esa memoria se volvía cada vez más vívida mientras otras que podrían competir con ella se iban desvaneciendo. Michael Anderson, investigador de la Universidad de Cambridge y coautor del estudio, reseña que “aunque la gente piensa que el olvido es algo que sucede sin querer, esta investigación muestra que la gente tiene un papel más relevante de lo que piensa a la hora de decidir qué van a recordar”.
En un comunicado de la Universidad de Birmingham, Maria Wimber, coautora del trabajo, consideraba que estos hallazgos "tienen importancia para cualquier cosa que dependa de la memoria". "Un buen ejemplo son los testimonios de los testigos. Cuando se pregunta a un testigo que recuerde una información específica sobre un suceso, y se les pregunta una y otra vez, se podrían estar deteriorando las memorias asociadas dando la impresión de que una memoria es incompleta", afirma. "En realidad, la evocación repetida les está haciendo olvidar los detalles", concluye.
Anderson menciona también que este tipo de estudios puede enseñarnos cuáles son los procesos detrás de la memoria selectiva que hace que recordemos lo que nos conviene o incluso sobre el autoengaño. Al fin y al cabo, es posible que el perro de la memoria no sea tan tonto y, en realidad, traiga cualquier cosa y no el palo que lanzamos porque es lo que en el fondo queríamos recuperar.

¿Qué iba yo a decir ahora?

Las pérdidas cotidianas de memoria responden a una función normal del cerebro. El estrés y la falta de atención también influyen. Cómo reaccionar ante ellas



11 MAR 2015
 
¿Cómo se llama esa actriz tan guapa, pelirroja, que sale en la última de Woody Allen? ¿Dónde he dejado el móvil? Tengo el nombre de esa persona en la punta de la lengua. ¿Qué iba a coger yo de este cajón que he abierto? ¿A qué venía a la habitación? Este tipo de olvidos son algo habitual en la vida cotidiana, y no tienen por qué reflejar la presencia de ninguna enfermedad. De hecho, obedecen al funcionamiento normal del cerebro.
El ojo humano realiza movimientos para registrar el entorno unas cinco o seis veces por segundo, y con ello recopila cantidades gigantescas de información de la que solo se conserva una parte y el resto se desecha. Si hubiera que guardar en la memoria absolutamente todo lo que vemos, escuchamos o leemos cada segundo, el cerebro estaría sobrecargado y eso deshabilitaría nuestro entendimiento. Vaciar la 'papelera de reciclaje' de vez en cuando (sí, como la del ordenador) se convierte en un imperativo para la supervivencia.
Todas las noches se da un proceso en el cerebro por el que se van desechando recuerdos del día y prevalece otra información. La memoria es selectiva. “En general, el olvido es fisiológico. Olvidar es una función normal del cerebro, porque si lo recordáramos todo sería un grandísimo problema”, zanja el doctor Alberto Villarejo, vocal del Grupo de Estudio de Neurología de la Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN).
En los años veinte del siglo pasado la ciencia conoció y estudió el caso de Solomon Shereshevsky, un individuo ruso que presentaba lo que se conoce como hipermnesia, es decir, exceso de memoria. Era incapaz de olvidar un nombre, un dato, una cara… Lo recordaba absolutamente todo, aunque pasaran años. Sin embargo, no sabía manejar tanta información, mezclaba sentidos y su don se convirtió en un tormento. Suena a película, pero fue un caso real, muy parecido al del protagonista de Funes, el memorioso, un cuento de Jorge Luis Borges.
La pérdida de memoria es, pues, un proceso necesario y frecuente, que en ocasiones se relaciona con procesos benignos como la falta de atención, el estrés o la ansiedad. También hay lagunas que nunca fueron otra cosa. "No recordar dónde se ha dejado el móvil no es un problema de memoria, sino que uno lo deja cuando estaba haciendo otra tarea y lo hace de modo inconsciente. Por ello ese suceso no se puede recuperar”, apunta el doctor Villarejo.
Otra de las causas de estos despistes cotidianos conecta con la ubicación espacial. “La memoria se codifica en un lugar determinado. Si estoy en el salón y voy a la cocina a por unas tijeras, cuando cambio de estancia ya he salido del lugar donde se creó el recuerdo, por lo que este se desvanece. Si no recuerdo que he ido a por las tijeras, la mejor técnica es volver al salón”, añade Álvaro Bilbao, neuropsicólogo y experto en salud cerebral.
Según este especialista, autor del libro Cuida tu cerebro… y mejora tu vida, los recuerdos se crean por lugares, personas o momentos. “El lóbulo temporal del cerebro es la parte más importante en cuanto a la memoria que se asocia a caras y nombres. Es muy difícil recordar nombres porque no tienen nada que ver con las caras. Un rostro no dice nada sobre si se llama María o Natalia. Si usáramos los apodos de los indios americanos (Nube Grande, Fuego Viejo…) todo sería más fácil. Por eso es más sencillo recordar motes. En estos casos, lo mejor es hacer un esfuerzo de contención y relajación. Si no atina con el nombre del actor Russell Crowe, no lo busque en Internet:  relájese y empiece a pensar cosas que sabemos de él, qué otras películas ha hecho… y el nombre vendrá solo”. Sobre todo, no se estrese. “Vivir con angustia estas situaciones dificulta que vuelva la memoria”, añade el doctor Villarejo.
Las personas atareadas son más propensas a estos olvidos cotidianos. “Cuantas más cosas pretendamos recordar y más compleja sea la vida, más normal será que olvidemos”, añade el neurólogo de la SEN, quien dice sospechar que también se relaciona con el estilo de vida en las grandes ciudades.
“Bueno, no pasa nada. Si se me olvida algo, ahí está Internet”, podrán pensar los lectores. Cierto. ¿Provocará entonces Google que perdamos memoria por permitirnos recuperar nuestros recuerdos a golpe de clic? “No sé qué ocurrirá pasados muchos años, porque esto no es algo que cambie en una generación. Es posible que haya alteraciones en la manera de memorizar y recordar la información, pero tampoco será algo tan negativo como se pretende. A veces no es tan importante tener tanta información en la cabeza sino saber dónde la puedes adquirir o qué habilidades puedes desarrollar con ella”, agrega el doctor Villarejo.
¿Cuándo hemos de preocuparnos por estos despistes del cerebro? El doctor Bilbao tiene las claves. “Primero, cuando encontremos dificultades con las palabras y no nos demos cuenta en el momento, ni al ser corregidos. Segundo, cuando no seamos capaces de recordar qué hicimos el día anterior, ni siquiera cuando alguien nos lo menciona. Y tercero, cuando las personas que nos rodean muestran preocupación por nuestros fallos de memoria y, aun así, permanecemos tranquilos. Otro signo es haber perdido el olfato a la vez que la memoria”.
Por cierto, la actriz se llama Emma Stone.