Página editada por Antonio L. Manzanero, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. España

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Memoria Sensorial y Memoria a Corto Plazo

Memoria Sensorial

Es obvio que la memoria y la percepción son procesos cognitivos muy cercanos y que difícilmente se puede entender el uno sin el otro. Las sensaciones son el punto de partida de la percepción, y la percepción es el primer paso hacia el recuerdo. Sin sensación no hay percepción (salvo en las alucinaciones), sin percepción no hay recuerdo. O dicho de otro modo, sólo llegará a formar parte de nuestros recuerdos aquello previamente percibido, aunque, como en las alucinaciones, también hay recuerdos que no proceden de la percepción, y entonces se habla de falsos recuerdos. Pero percepción y memoria tienen más cosas en común: la percepción va más allá de las sensaciones, habitualmente se define como el proceso mediante el cual dotamos de significado a las sensaciones; la memoria procesa y almacena la información significativa. Y aún más, entre los procesos básicos de la percepción están la detección, la discriminación, el reconocimiento y la identificación, procesos en los que interviene inevitablemente la memoria, en un ciclo continuo que se retroalimenta. No olvidemos que Ebbinghaus, Broadbent, o Neisser por citar sólo a algunos de los más relevantes, llegan al estudio de la memoria a través de la percepción.
Así, Broadbent (1958) propuso la existencia de un mecanismo de memoria inmediata que registraría la información del estímulo proximal durante un breve periodo de tiempo. Posteriormente Neisser (1967) lo denominó memoria sensorial y consistiría en un registro precategorial de la información de capacidad limitada y escasa duración. Inicialmente Neisser propuso dos tipos de memoria sensorial: memoria icónica, responsable del registro precategorial de la información visual, y memoria ecoica, que lo haría de la información auditiva. En su modelo, Atkinson y Shiffrin (1968) proponían la existencia de un registro sensorial para cada una de las modalidades sensoriales, aunque la mayoría de las investigaciones sobre memoria sensorial se centran en los dos inicialmente definidos por Neisser. Su función consistiría en la persistencia de los estímulos el tiempo suficiente para posibilitar su procesamiento.

Memoria icónica
Fue Sperling (1960) quien exploró más en detalle las propiedades de la memoria icónica mediante el uso del taquistoscopio y la técnica del informe parcial. Así estimó la capacidad de este registro sensorial visual presentando a los sujetos un estímulo compuesto por tres filas de cuatro letras durante cincuenta milisegundos, seguidas por un campo blanco y neutro, debiendo informar de las letras que figuraban en la línea señalada posteriormente por un sonido. Los resultados mostraron que los sujetos podían informar al menos de tres de las cuatro letras. Puesto que los sujetos no sabían previamente cuál era la línea objetivo se supone que debían tener disponibles tres letras de cada una de las líneas, por tanto un total de nueve ítems. Sperling interpretó que los resultados se debían a que los sujetos leerían las letras de la huella de memoria visual que les quedaba tras la presentación del estímulo, que decaería muy rápidamente. Variando el intervalo entre el final de la presentación de las letras y la presentación del tono que especificaba qué línea debían recordar estimó que la persistencia de la huella visual estaría en torno a los quinientos milisegundos.
Estas y otras investigaciones de Sperling (1963) sobre la persistencia de imágenes permiten inferir la existencia de algún almacén periférico bastante frágil desde donde posteriormente son transmitidas a un formato más duradero. Inicialmente hipotetizó que las letras serían leídas directamente de un código de respuestas motoras, aunque más adelante (Sperling, 1967) matizó la propuesta, a partir de los resultados que indican que los sujetos tienden a cometer más errores cuando el sonido del ítem que debían recordar era semejante al ítem correcto que cuando se asemejaban visualmente.
Estas evidencias de codificación fonológica llevarían más adelante a Baddeley y Hitch (1974) a proponer la existencia de un bucle fonológico, como una estructura de la memoria operativa. Por otro lado, investigaciones posteriores (Coltheart, 1983; Sakitt, 1976; Turvey, 1973) muestra que también parecen almacenarse atributos como el color, la forma o la dirección del movimiento en condiciones de improbable verbalización, lo que indicaría que la información icónica periférica se registra en un almacén visual adicional en lugar de superponerse directamente sobre un código lingüístico.
Mediante técnicas de enmascaramiento, Turvey (1973) demostró que la memoria icónica debía ser considerada como un almacenamiento que se produce en una serie de fases del proceso de percepción visual, y no tanto el producto de un simple almacén periférico pasivo. Estas distintas fases implicarían un almacenamiento periférico que registraría algo parecido a una post-imagen (Sakitt, 1976) y un segundo nivel menos periférico. Inicialmente se consideró que la información icónica se encontraría a un nivel de características físicas y por lo tanto podría considerársela como de naturaleza precategorial. Sin embargo, algunas investigaciones posteriores (Merikle, 1980; Duncan, 1983) parecen indicar que la memoria icónica incluye información categorial, lo que llevaría más a hablar de un registro perceptivo y no meramente sensorial.

Memoria ecoica
Como en el caso de la memoria icónica, hay evidencias que indican la existencia de un sistema de almacenamiento sensorial auditivo, que como la anterior duraría unos milisegundos, el tiempo suficiente para posibilitar el procesamiento de estímulos breves. El decaimiento de la memoria ecoica depende de las características físicas del estímulo: frecuencia y amplitud (tono e intensidad); y de su complejidad: tonos puros o compuestos. En el caso del habla la persistencia parece ser mayor que en otro tipo de sonidos. Guttman y Julesz (1963) encontraron que el sistema auditivo puede almacenar secuencias de al menos 250 milisegundos utilizando sonidos rítmicos. Darwin, Turvey y Crowder (1972) comprobaron mediante la técnica del informe parcial que los estímulos auditivos podrían permanecer hasta 2 segundos con estímulos verbales. Estas diferencias podrían indicar la naturaleza categorial de la información ecoica (Massaro, 1975), aunque como en el caso de la icónica todavía no está completamente establecido.
Las diferencias en el decaimiento, con tiempos de persistencia en algunos experimentos (Wingfield y Byrnes, 1981) de 2 hasta 6.4 segundos, llevan a pensar no en un almacén sensorial precategorial sino en una memoria perceptiva (a la que nos referiremos en el capítulo referente a la recuperación automática), tal y como propone Baddeley (1990) distinguiendo entre memoria perceptiva a corto y largo plazo, muy relacionada la primera con la memoria operativa.

Memoria a Corto Plazo
 
Los modelos generales de memoria plantean que la información procedente de los sentidos, tras pasar brevemente por el almacén sensorial y antes de almacenarse en la memoria a largo plazo (MLP) es transferida a la memoria a corto plazo (MCP). La MCP sería un almacén de retención a corto plazo, pero lo que es más importante, se la considera responsable de los procesos de codificación de la información, aunque también de la recuperación, pues es en ella donde se activa la información procedente de la MLP. La mayoría de los primeros estudios se centraron en analizar su capacidad, duración, codificación, recuperación y transferencia de información a la MLP. Así pues, junto a las funciones de mero almacenamiento se le atribuyen funciones ejecutivas y de control de la información. Son estas últimas funciones las que, en los ochenta (Baddeley, 1986) y a partir de la propuesta de Baddeley y Hitch (1974), cobran cada vez más importancia, hasta el punto de que hoy memoria a corto plazo es prácticamente sinónimo de memoria operativa (Santiago y Gómez, 2006). Este cambio paradigmático lleva a considerar la MCP ya no como un sistema unitario de almacenamiento sino como una memoria de trabajo de múltiples componentes, relacionados con otros procesos cognitivos como el razonamiento, la comprensión y el aprendizaje.

La memoria operativa
Baddeley y Hitch (1974) se plantearon la utilidad de la memoria a corto plazo tras los numerosos estudios de los años sesenta y setenta. Dado que las propuestas que hasta entonces se habían hecho no les satisfacían, plantearon su propio modelo: la memoria operativa, cuyo interés se mantiene hoy en día tanto en la psicología cognitiva como en la neurociencia cognitiva.
El modelo de memoria operativa supone una reconceptualización de la memoria a corto plazo. En la propuesta original de Baddeley y Hitch destacaban su arquitectura, sus procesos y sus funciones. La memoria operativa se diferencia de la memoria a corto plazo fundamentalmente en que implica un sistema multicomponente, en lugar de un sistema único; y cumple una función prioritaria en el aprendizaje, el razonamiento y la comprensión.
Podríamos definir la memoria operativa como “el conjunto de símbolos que, en un momento dado, se encuentran activos y están siendo utilizados voluntariamente por el sujeto” (Santiago y Gómez, 2006, pp. 74). La información con la que está trabajando la memoria operativa se mantiene activa en tanto se le dedica atención, decayendo rápidamente cuando la atención se centra en información distinta. Y como se ve en la figura 17, está compuesta por un ejecutivo central y tres sistemas subsidiarios: el bucle fonológico, la agenda viso-espacial y el almacén episódico. Estos cuatro sistemas estarían a su vez relacionados con el lenguaje, la memoria episódica a largo plazo y las representaciones visuales semánticas.

Componentes de la memoria operativa
Ejecutivo central
Su función es el control y la regulación de todo el sistema de memoria operativa. Inicialmente, esta función implicaba únicamente la coordinación de los sistemas subsidiarios, la focalización de la atención, el cambio atencional y la activación de representaciones en la memoria a largo plazo (Baddeley y Hitch, 1974). Posteriormente, se le fueron añadiendo funciones como la inhibición o supresión activa de las respuestas prepotentes o la información irrelevante, el control y actualización del contenido de la memoria operativa, la codificación contextual de la información entrante, y la planificación y secuenciación de las acciones deseadas (Miyake y Shah, 1999), mientras que ha ido perdiendo la función de almacenamiento temporal que tenía en la propuesta original.
Del ejecutivo central dependen tres sistemas subsidiarios (Baddeley, 2000, 2003), la agenda visoespacial, el bucle fonológico y el almacén episódico, especializados en el almacenamiento temporal y activo de huellas de memoria con características específicas, viso-espaciales, verbales y episódicas, directamente relacionados con los procesos perceptivos. No se descarta tampoco la posible existencia de otros sistemas especializados en información de otro tipo, como olfativa o musical (Santiago y Gómez, 2006).

Bucle fonológico
Tiene como función el mantenimiento activo de información verbal mediante mecanismos de repaso. Está formado por dos subcomponentes: un almacén fonológico pasivo cuya función es representar la información en un formato proposicional fonológico con una duración y capacidad limitada, y un subsistema de repaso fonológico activo cuya función es refrescar las representaciones del almacén fonológico para que no decaigan con el tiempo.
Así, sin la intervención del subsistema de repaso, la información en el almacén fonológico decaería espontáneamente con el tiempo, perdiéndose completamente en torno a los dos segundos. Y su capacidad vendría determinada por todo el material que puede pronunciarse en este intervalo. Considerando que el procesamiento de la información verbal se realiza de forma serial, su capacidad no es muy grande.
El bucle fonológico estaría implicado en la realización de cálculos matemáticos, en la adquisición de la lectura y del vocabulario, y en la comprensión lectora.

Agenda viso-espacial
Como el anterior, su función es el mantenimiento activo de información, pero en este caso con un formato de imágenes, viso-espacial. También estaría formado por dos subcomponentes: un almacén visual pasivo con la función de retener la información visual que todavía no ha sido codificada, y un subsistema de procesamiento visual activo cuya función es la codificación de la información visual, transformándola e integrándola.
La memoria operativa estaría estrechamente vinculada con los procesos perceptivos y de atención, de modo que trabaja con la información procedente de los diferentes sistemas sensoriales, posibilitando su procesamiento para dar lugar a las percepciones conscientes, activando la información necesaria para el sistema en función de los recursos atencionales dedicados y el tipo de percepción de que se trate (percepción del habla o percepción visual). Así ocurre, por ejemplo, con la percepción de objetos, en la que estaría involucrada la agenda viso-espacial, y que según la teoría de integración de características (Treisman, 1986, 1993) se lleva a cabo en varias etapas: una preatencional, consistente en identificar los primitivos que componen el objeto, y otra de atención localizada que posibilita la combinación de los primitivos, la percepción del objeto y compararlo con la memoria para su posible identificación.

Almacén episódico
Como los anteriores subsistemas, este almacén o agenda almacena información de manera temporal, y su capacidad es limitada. Su función sería la de integrar información procedente de una variedad de fuentes, mediante la codificación de la información en un código multi-modal (visual, espacial y verbal) en una secuencia temporal o cronológica (Baddeley, 2000).
El almacén episódico se encuentra controlado por el ejecutivo central, que accedería a la información episódica, mediante procesos de atención consciente. La información en él almacenada estaría relacionada con la memoria a largo plazo y con significados semánticos.

Capacidad de la MCP
La MCP tiene una capacidad limitada para almacenar información. Los estudios iniciales para determinarla mostraron que esta capacidad depende de varios factores, como la modalidad del estímulo. Así, la capacidad de retener estímulos auditivos es superior a la de los visuales. Pero además, la capacidad aumenta en la medida en que los ítems pueden ser agrupados (Ryan, 1969). Así, la capacidad de la MCP está determinada por el número de agrupaciones (chunks)  y no por el número de ítems, como demostró Miller (1956) en su artículo “El mágico número siete, más menos dos”, y como indica el título estaría limitada por término medio a siete. Cada agrupación sería una pieza de información integrada, en la que recordar una parte ayudaría a recordar la siguiente. Por ejemplo, una fecha conocida es más que una sucesión de números, y una palabra es más que una sucesión de letras. La fecha y la palabra constituirían una única agrupación. Así, la amplitud de la MCP evaluada en función de los ítems puede aumentarse incrementando el número de ítems en cada agrupación. La amplitud de memoria para letras seleccionadas al azar (sin sentido unitario) sería de entorno a seis, unas nueve cuando son sílabas consonante-vocal-consonante, unas cincuenta o más si forman las palabras de una frase con sentido.
El uso de reglas mnemotécnicas que permitan dar sentido a la información y agruparla incrementaría la capacidad de la MCP, por ello las últimas propuestas acerca de la capacidad de la MCP en el marco de la memoria operativa ponen más énfasis en la cantidad de recursos disponibles para trabajar con la información (Baddeley, 1999).

El olvido a corto plazo
El paradigma más utilizado para estudiar el olvido en la MCP es sin duda la tarea de Brown-Peterson (Brown, 1958; Peterson y Peterson, 1959). Consiste en presentar tres ítems al sujeto (por ejemplo 3 consonantes, “LMP”), que a continuación realiza una tarea distractora de duración variable (se le presenta un número, por ejemplo 357, que debe repetir y desde el que debe contar hacia atrás de tres en tres hasta que se le indica), con el objetivo de impedir que repita los ítems presentados inicialmente, finalizada la tarea distractora debe tratar de recordarlos. Los resultados con esta tarea mostraron que los sujetos olvidaban los ítems en función de la duración de la tarea distractora, siendo prácticamente nulo el recuerdo tras una tarea distractora de 18 segundos.
  Estos resultados permitieron postular la existencia de dos sistemas de memoria independientes: un sistema temporal a corto plazo en el que el olvido se debe al decaimiento de la huella y un sistema a largo plazo en el que el olvido es el resultado de la interferencia. El decaimiento se produciría de forma automática por el paso del tiempo y sería independiente de la naturaleza del material distractor. Sin embargo, posteriores trabajos (Keppel y Underwood, 1962, Waugh y Norman, 1965)  pusieron en duda la hipótesis del decaimiento argumentando en favor de la interferencia también en la MCP. La controversia no ha quedado resuelta todavía.

La curva de posición serial
Los trabajos sobre la curva de posición serial  (Postman y Phillips, 1965; Glanzer y Cunitz, 1966) proporcionaron datos adicionales sobre la dicotomía entre MCP/MLP.
La proporción de recuerdo de los ítems de una lista depende del lugar que ocupen, de modo que se recuerdan mejor los ítems que se presentaron al principio de la lista, efecto de primacía, y los que se presentaron al final, efecto de recencia. El efecto de primacía se explicaría porque los ítems iniciales estarían almacenados en la MLP, protegidos de posibles interferencias de los ítems posteriores. El efecto de recencia se explicaría debido a que los ítems presentados en último lugar se recuperarían directamente de la MCP.
La aparición de estos efectos depende de diferentes factores, que afectan de forma desigual a los dos efectos, y apoyarían la dicotomía MCP/MLP.  La longitud de la lista, la frecuencia de las palabras, la tasa de presentación y el estatus mental de los sujetos (amnésicos vs. normales) afectan negativamente al efecto de primacía, pero no tienen ninguna consecuencia sobre el efecto de recencia (Baddeley, 1976; Crowder, 1976). Por el contrario, la introducción de una tarea que incremente el intervalo de recuerdo afecta al efecto de recencia pero no al de primacía.
Además, reforzaron la importancia de la repetición en la generación del efecto de primacía y en la transferencia de información desde la MCP a la MLP, distinguiendo dos tipos: repetición de mantenimiento y repetición elaborativa (Shiffrin, 1975). La repetición de mantenimiento implica un modo superficial y mecánico de repaso de la información, que se perdería en cuanto se interrumpe la repetición. La repetición elaborativa es un tipo más complejo de procesamiento que afecta al significado de la información a fin de analizarla y elaborarla más profundamente con el objetivo de asociarla a otros significados previamente almacenados en la memoria. Sólo esta última produciría una huella a largo plazo, aunque la repetición de mantenimiento también tendría efectos beneficiosos sobre el recuerdo de la información.

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Manzanero, A.L. (2008): Aspectos básicos de la memoria. En A.L. Manzanero, Psicología del Testimonio (pág. 27-45). Madrid: Ed. Pirámide.