Aurelio Medel Vicente
@AurelioMedel
20 de febrero de 2026

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso,
en el acto de apertura del curso académico 2025/26.
Alejandro Martínez Vélez / Europa Press
La dimisión o cese de la dirección de la Consejería de Educación, Ciencia y Universidades de la Comunidad de Madrid pilló por sorpresa hasta a los más iniciados en el mundo de Isabel Díaz Ayuso. Era difícil de sospechar que la caída del consejero Emilio Viciana tuviera un efecto dominó sobre dos directores generales, otros tres diputados y el que parece ser el padrino de todos: Antonio Castillo Algarra, director artístico del Ballet Español de la Comunidad de Madrid. Este 7x1 ha supuesto extirpar a un clan del PP madrileño, un movimiento que puede acarrear más consecuencias, dada su atracción por las artes escénicas.
Este movimiento se ha querido vincular oficialmente con el deterioro de las universidades públicas madrileñas y la mala relación entre los rectores y Emilio Viciana. La realidad es que el deterioro viene de mucho antes de que asumiera el cargo en junio de 2023, de manera que lleva poco más de dos cursos al frente de la consejería. La infrafinanciación de la universidad pública madrileña se arrastra desde hace años y tiene mucho que ver con los modelos que propugna el PP de Madrid desde la época de Esperanza Aguirre, quien quiso establecer el cheque escolar, que hubiera supuesto dar directamente una cuantía por estudiante a las familias y que estas se lo gastaran en el centro que quisiera, público, concertado o privado.
En 2023, cuando Viciana asume el cargo, las seis universidades públicas de la Comunidad de Madrid registraron un déficit (sin operaciones financieras) de 48,1 millones, que en realidad se concentra en dos: la Universidad Complutense y la Rey Juan Carlos, con pérdidas de operaciones no financieras de 64,5 millones y 43,8 millones de euros, según el Informe La universidad española en cifras 2023-2024 elaborado por la CRUE (Conferencia de Rectores y Rectoras de las Universidades Españolas), página 178. La situación de estas dos universidades colocó a Madrid como la única región con un sistema universitario deficitario, sus gastos no financieros son superiores a los ingresos, según los datos de 2023, que son los últimos disponibles para el conjunto de universidades.
Esta situación no se debe a que los rectores sean unos manirrotos que gastan sin control. El mismo informe pone de relieve cómo se les ha recortado las aportaciones públicas cuando se compara el gasto con la evolución del PIB, lo que se denomina esfuerzo de financiación real (ingresos no financieros/PIB nominal). “Es especialmente relevante el comportamiento de la Comunidad de Madrid que ha mermado en 23,1 puntos porcentuales la participación de su PIB en la financiación ordinaria de sus seis universidades públicas”, dice el informe de la CRUE página 153. En 2008, destinaba a universidades el 0,88% del PIB y en 2023 lo redujo al 0,68%. Es la Comunidad que más lo ha recortado, la siguiente es Cantabria, un 14,8%.
A las mismas conclusiones, como no podría ser de otra manera, llega el Informe 2025 de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CyD), institución privada centrada en la promoción de la contribución de las universidades españolas al desarrollo económico y social y que realiza uno de los mejores análisis de la educación superior en España. Según dicho informe, la Comunidad de Madrid es la que efectúa el menor esfuerzo presupuestario en universidades, ya que destina por alumno tan sólo el equivalente al 16,3% del PIB por habitante; la siguiente, Cataluña, destina el 23,5%. Medido en euros, Madrid emplea 6.975 euros por alumno y año, que es la cuantía más baja y con diferencia, ya que no hay ninguna que gaste menos de 8.000 euros por estudiante.
No es casualidad, que al ser la que menos dinero destina también lidere el ranking de las tasas más altas, con una media de 2.052 euros por alumno, el doble de la más barata, Galicia. Si se baja la mirada a las universidades concretas, las más caras son cuatro de las grandes de Madrid (Carlos III, Autónoma, Politécnica y Complutense).
Al analizar el gasto, el Informe de CyD concluye que las universidades públicas madrileñas fueron las segundas que menos destinaron a gastos corrientes, que incluyen los gastos de personal, funcionamiento (bienes y servicios), financieros y transferencias corrientes que realizan los propios centros, con un coste medio de 7.278 euros por alumno, que únicamente supera a Castilla-La Mancha, con 7.250 euros.
En resumen, la infrafinanciación del sistema universitario público de Madrid está obligando a ajustar el gasto a los centros, incluso a endeudarse, y a que las familias hagan un mayor esfuerzo, de ahí que sea el que tiene las tasas más elevadas. La consecuencia es el crecimiento de las universidades privadas de manera exponencial en número de centros y alumnos. En el curso 2024-25 las universidades españolas tenían un total de 1,4 millones de estudiantes, de los que el 23% acudían a centros privados, nueve puntos más que diez años antes. Este crecimiento está muy ligado a la expansión de estos centros en Madrid, donde las universidades privadas ya suman uno de cada tres estudiantes (34% del total de 264.738), con un crecimiento de trece puntos entre 2015 y 2024.
La expansión de la enseñanza y la sanidad privadas son dos caras de la misma moneda. Habrá quien piense que cuántos más madrileños acudan a los centros privados más hueco dejan en lo público y menos cuestan a los presupuestos públicos, que acaparan el 65% (18.000 millones) del gasto total (30.664 millones) de la Comunidad de Madrid para este año. El problema de este modelo es que la infrafinanciación de la educación y sanidad públicas, con centros que literalmente se caen por falta de inversión, conduce al deterioro de la calidad del servicio de manera inapelable.

Ayuso y los Pocholos contra la Universidad
Ignacio Escolar
21 de febrero de 2026
La autonomía más rica de España es también la que más maltrata a la Universidad. A la pública, conviene precisar; que a la privada las políticas del PP le sientan fenomenal.
Los datos, por si hubiera alguna duda. Madrid es la comunidad autónoma que menos dinero público invierte por alumno universitario: 6.975 euros frente a una media de 9.346. Es la que cobra tasas más caras: 2.052 euros al año, el doble que las autonomías más baratas (Galicia y Asturias). Es la que tiene más alumnos universitarios en la privada: ya son un tercio del total, el 34%, frente al 23% de la media nacional.
Las cifras absolutas son terribles. Pero cuando se compara con la riqueza de esta autonomía son más sangrantes aún; se entiende que Ayuso tenga como referente la motosierra de Milei. Respecto a su PIB per cápita, Madrid gasta la mitad que las demás. Repito, que es grave, la mitad: un 16% frente al 31% de la media nacional.
Los datos completos, con gráficos, los ha recopilado Aurelio Medel en este interesante artículo que hay que leer. Son las cifras de la demolición de la universidad pública madrileña. Un recorte paulatino que cada año va a peor. En 2008, Madrid gastaba el 0,88% de su PIB en las universidades públicas. Hoy es el 0,68%.
Las consecuencias de esta asfixia económica a la vista están. Especialmente en la Universidad Complutense, la más grande de España entre las presenciales; una de las más antiguas y prestigiosas. Más de 500 años de historia, desde que la fundó en 1499 el cardenal Cisneros en la antigua “Complutum” romana, hoy Alcalá de Henares.
En los últimos veinte años, la Universidad Complutense ha perdido el 25% de sus alumnos. No por falta de demanda, las notas de corte son altísimas y cada año miles de estudiantes se quedan fuera. Hay menos alumnos porque no les pueden atender.
Ha habido meses donde el pago de las nóminas en la Complutense ha estado en riesgo. Algunos de los edificios se caen a trozos. La universidad ha tenido que presentar un plan urgente para devolver un préstamo de 33 millones al gobierno de Ayuso, unos recortes que pasan por reducir el número de profesores, precarizar aún más sus salarios e incluso eliminar algunos de los grados y titulaciones. A pesar de los recortes, sigue estando entre las mejores universidades españolas. Pero en cinco siglos, cuesta encontrar otro momento más crítico en la historia de la Complutense. Desde luego no hay otro peor en tiempo de paz.
Esta persecución contra la universidad pública madrileña en beneficio de la privada no empezó anteayer. Viene de lejos. Comenzó con Alberto Ruiz Gallardón y su consejero de Educación, el ultracatólico Gustavo Villapalos: el mismo que entregó a los Legionarios de Cristo una universidad, la Francisco de Vitoria. Esta institución privada empezó en la pública: nació como centro adscrito a la Complutense cuando Villapalos era rector. Fue el mismo Villapalos, como consejero de Educación, quien después autorizó su transformación en universidad privada independiente. Entonces era la segunda en Madrid. Hoy ya son 14 universidades privadas, y hay más en proyecto.
Los grandes tijeretazos a las universidades públicas los aplicó después Esperanza Aguirre, que perdió todo el pudor y forzó los primeros recortes de sueldos y presupuesto en la Complutense. Y la puntilla final, con ensañamiento y a la vista de todos, la está dando Isabel Díaz Ayuso.
El PP lleva gobernando la Comunidad de Madrid de forma ininterrumpida desde hace más de tres décadas, desde julio de 1995. En este tiempo han perdido las elecciones dos veces. La primera derrota la arreglaron con el Tamayazo. De la segunda les salvó Ciudadanos, ese partido que venía a regenerar la política y demostró su verdadera cara rescatando al corrupto PP de Madrid, que en esas fechas veía entrar en la cárcel a sus principales líderes, con la única excepción de Aguirre. Si aplicáramos a este gobierno autonómico un análisis sobre su calidad democrática, como los que pasan los Estados, Madrid no saldría demasiado bien.
Este PP de Madrid, supuestamente liberal, dice defender la “meritocracia”. Al tiempo se ha dedicado a dinamitar la institución más meritocrática que existe, la Universidad pública. Es la llave del ascensor social: la herramienta más potente que tienen las clases trabajadoras para poder prosperar. En el último tercio del siglo XX sin duda fue así. Hoy es un pasaje angosto por el que muy pocos logran trepar. Basta con ver las notas de corte en la pública: hace falta más de un 13 sobre 14 puntos para estudiar Medicina o alguna de las carreras científicas y tecnológicas más demandadas.
Hay otra salida, claro está. Pagar 20.000 euros al año para que tu hijo estudie Medicina en la privada; en ellas la nota de corte está en un 5. Es el modelo fantástico del PP de Madrid: te ahorran 200 euros en el IRPF, te lo cobran multiplicado por cien con el coste privado de la sanidad o la educación.
La causa de esta demolición está a la vista de todos. No ocurre por casualidad. Isabel Díaz Ayuso no oculta su desprecio sectario hacia la universidad pública. Para ella, la Complutense es una institución “colonizada por la izquierda” donde “se dan los títulos como churros”, un “entramado de chiringuitos de familiares y de negocios”. No es un diagnóstico: es su coartada para seguir recortando.
Argumenta en su artículo Aurelio Medel que es un error culpar del deterioro de la universidad a ese clan de ‘los Pocholos’ que, en los últimos tres años, han dirigido la Consejería de Educación. Tiene razón: esto viene de mucho más atrás. Pero sí es sintomático en quién confió esta tarea: en qué manos dejó Isabel Díaz Ayuso la gestión de un presupuesto de 7.000 millones de euros anuales.
Ese auge y caída de ‘los Pocholos’ lo cuenta con mucho detalle José Precedo, en este otro artículo que publicamos hoy; es un novelón. Ayuso conoció al líder de ese grupo, Antonio Castillo Algarra, casi de casualidad. Cuando aún no era la presidenta de Madrid. Desde entonces, y ha pasado casi una década, este ‘Rasputín’ –como le llaman en el propio PP de Madrid– ejerció desde las sombras una enorme influencia y poder. No cualquiera puede colocar a tres diputados en las listas del PP de Madrid, ni nombrar al consejero de Educación, ni a cuatro directores generales. Todos ellos, gente de su absoluta confianza y lealtad, hasta el punto de que la gran mayoría dimitieron en una misma mañana, tras una escueta llamada telefónica en la que ‘Rasputín’ solo les dijo una frase: “Ya sabes lo que tienes que hacer”.
Lo ocurrido con estos Pocholos y su estrambótico gurú no es la causa del deterioro de la universidad. Pero sí demuestra la frivolidad de una Isabel Díaz Ayuso a la que solo le interesa el poder y no la aburrida gestión. También el sectarismo de la presidenta de la Comunidad de Madrid, cautivada intelectualmente por un iluminado ultraconservador cuyas ideas y artículos son como la letra de “El imperio contraataca”, de Los Nikis, pero con extra de petulancia y cero sentido del humor.
Mientras tanto, esa universidad fundada por Cisneros hace más de medio milenio agoniza. No es culpa de una fatalidad, ni del pérfido sanchismo, ni de la inteligencia artificial. Es una fría y meditada decisión política.