Página editada por Antonio L. Manzanero, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. España

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Memoria vs aprendizaje: una confusión que dificulta los avances en la investigación sobre los recuerdos

Cada cierto tiempo nos encontramos en la prensa (incluso la especializada) con noticias como la recogida más abajo, donde se informa de supuestos avances en el conocimiento sobre la memoria. Sin embargo, de su lectura se desprenden graves errores sobre el concepto memoria, aprendizaje, y recuerdo. Memoria y aprendizaje son conceptos relacionados pero no la misma cosa.
En primer lugar debemos tener en cuenta que las ratas NO tienen recuerdos, siendo ésta una alta capacidad propia de la especie humana. Sistemáticamente se confunde aprendizaje con memoria. En realidad, los ratones aprendieron que un determinado lugar era peligroso, nada que ver con los recuerdos de hechos traumáticos, asociando ese contexto con una determinada conducta. ¿Qué es un ratón traumatizado? ¿Se trata de un ratón que trata de huir de ese lugar dañino? Lo único que se ha conseguido es extinguir esa respuesta de aprendizaje. Los mecanismos de extinción de las respuestas condicionadas se conocen hace tiempo. En cualquier caso resulta relevante conocer que puede haber genes implicados en estos mecanismos. Pero nada de olvido, ni de recuerdo, ni de memoria.
Si esto fuera así, en humanos nos podríamos encontrar que el recuerdo persista, aunque ya no genere las conductas o emociones que esperamos al tratarse de estimulos aversivos, potencialmente peligrosos. Ante esto nos surgen algunas preguntas, que podrían llevarnos a pensar en resultados no precisamente positivos de estas intervenciones. 
  ¿Esta inhibición o extinción de la respuesta podría incrementar las conductas de riesgo?¿Es malo huir de los peligros?
  ¿Si se produjera realmente el olvido, dificultamos el aprendizaje y estaríamos condenados a repetir una y otra vez estrategias o conductas equivocadas? ¿Resulta adpatativo?

Recordemos las reflexiones sobre el miedo aparecidas hace un tiempo y que recogimos en estas páginas
http://psicologiadelamemoria.blogspot.com.es/2011/05/vivir-con-miedo.html



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Descubren un nuevo gen que permite olvidar recuerdos postraumáticos
Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) han llevado a cabo una nueva investigación que podría ser clave a la hora de tratar los trastornos por estrés postraumático. Este nuevo estudio ha descubierto el importantísimo papel que puede llegar a desempeñar un nuevo gen, conocido como Tet1, esencial para el proceso de extinción de la memoria.
04/10/2013




Según los investigadores, el gen Tet1 parece controlar a un pequeño grupo de otros genes necesarios para la extinción de memoria. Li - Huei Tsai, directora del Instituto Picower del MIT para el Aprendizaje y la Memoria, junto al resto de su equipo, llegaron a esta conclusión tras experimentar con ratones en una reciente investigación, cuyos resultados han sido publicados en la revista Neuron.

Estos animales fueron divididos en dos grupos: uno, con el Tet1 activado y otro con el gen anulado. Ambos grupos fueron introducidos en jaulas en los que se practicaron pequeñas descargas eléctricas para provocarles una experiencia algo traumática. Al volver a ingresar en la jaula una vez formada la memoria, los ratones con el Tet1 anulado continuaban traumatizados porque asociaban ese espacio a la mala experiencia vivida. Sin embargo, el otro grupo fue capaz de 'olvidar' ese pensamiento negativo y de aprender nuevas tareas, desvaneciéndose así los recuerdos antiguos.

METILACIÓN DEL ADN
"En realidad, no se borra nada de la memoria original", explica la investigadora, sino que hay dos memorias que compiten entre sí y una se impone a la otra en función de si el Tet1 domina o no. "El viejo rastro de la memoria está diciendo a los ratones que ese lugar es peligroso. Pero la nueva memoria les informa que ahora ese lugar es seguro", dice Li - Huei Tsai. Por tanto, los ratones con el Tet1 anulado se quedan anclados en sus viejos pensamientos y son incapaces de extinguir el viejo recuerdo y de aprender cosas nuevas.

Tal y como explica el MIT, los investigadores encontraron que el efecto que ejerce el Tet1 sobre la memoria depende la alteración de los niveles de metilación del ADN, una modificación que controla el acceso a los genes. Cuando estos niveles son altos, los genes no se activan, mientras que los niveles más bajos permiten que se expresen.

Los resultados sugieren que es necesario establecer un nivel de umbral de la metilación para la expresión de los genes y el trabajo de Tet1 es mantener baja la mutilación. De esta forma, se garantiza que los genes necesarios para la formación de la memoria están preparados y listos para ponerse en marcha en el momento en que seas necesarios.

Ahora, los científicos confían en la estimulación de este gen en seres humanos para ayudar a tratar casos de trastornos postraumáticos y adicción.

¿Cómo construimos los recuerdos?_Conway en Redes

Un aroma, una frase, una imagen se quedan grabadas en nuestra memoria

  • Los contextos que visten ese recuerdo es producto de nuestra imaginación
  • El psicólogo Martin Conway explica a Punset cómo construimos los recuerdos

     

     

    EDUARD PUNSET (REDES)EDUARD PUNSET (REDES) 09.12.2012
    ¿Podemos fiarnos de nuestros recuerdos? Un aroma, una frase, una imagen es lo que suele quedarse grabado en nuestra memoria, pero el contexto, el resto de circunstancias que visten ese recuerdo es, en gran parte, producto de nuestra imaginación.
    lo real y lo ficticio se mezclan en nuestra mente para construir nuestros recuerdos y, a su vez, nuestra identidad

    En este programa de Redes, el neurocientífico Martin Conway explica a Eduard Punset cómo lo real y lo ficticio se mezclan en nuestra mente para construir nuestros recuerdos y, a su vez, nuestra identidad.
    Y en su sección, Elsa Punset nos muestra cómo la identidad no es un rasgo inmutable, sino algo que podemos modelar.
    Si tuviéramos que recordarlo todo, no podríamos hacer nada. Martin Conway

    Realidad o ficción

    Eduard Punset: Nuestros recuerdos son reales, son ficticios, son un invento, ¿cómo es posible que podamos ir construyendo poco a poco la memoria, los recuerdos, cosas que nos han pasado y cosas que hemos visto a duras penas y que inventamos?
    Bueno, de eso es de lo que vamos a hablar hoy con Martin Conway, que es el Director del Departamento de Psicología de City University, en London, en Londres. ¿Son reales los recuerdos o son ficticios? Los recuerdos a la vez son reales y no reales. A veces pueden incluso ser hiperreales
    Martin Conway: Los recuerdos a la vez son reales y no reales. A veces pueden incluso ser hiperreales. Pensamos que están organizados en dimensiones.
    En un extremo, se corresponden muy directamente con nuestra experiencia del mundo pero en el otro, se corresponden con lo que somos, lo que somos al margen de la realidad.
    Eduard Punset: Así que si empezamos por esos últimos, probablemente deberíamos hablar de la amnesia infantil, la llamamos "amnesia infantil". Al principio de todo, hay tres años durante los que nadie sabe seguro si somos capaces de recordar, si hemos olvidado y por qué demonios hemos olvidado.
    Martin Conway: ¿Y cómo se explica eso? Bueno, existen varias explicaciones al respecto y todas tienen parte de razón, aunque el período de la infancia es en esencia un poco más largo, no son sólo tres años.
    Ahora sabemos por las investigaciones realizadas en los últimos diez años que la gente en realidad no percibe sus recuerdos como tales hasta la edad aproximada de seis años, y cuando un adulto recuerda su niñez, esos primeros recuerdos de cuando tenía tres o cuatro años no son más que fragmentos, son fragmentos inconexos que a veces perciben como recuerdos y otras no saben cómo: "No estoy seguro de lo que es, quizás es algo que me contó mi madre, quizás una foto, quizás algo que soñé."
    No están nada seguros de esos primeros recuerdos, en cambio, cuando recuerdan experiencias vividas cuando tenían cinco, seis, siete años, empezamos a tener algo que es como un recuerdo real.
    Eduard Punset: Algunos colegas tuyos dicen que tiene mucho que ver con ser conscientes o no de ello, quiero decir, es como la mosca en la nariz cuando dices "es mi nariz" y te das cuenta por primera vez de que eres consciente. ¿Es ése el paso que hay que dar?, ¿la condición previa?
    Martin Conway: Bueno, la consciencia es un tema muy complicado, quiero decir que el niño recién nacido probablemente ya tiene consciencia de ciertas cosas, posiblemente no de sí mismo puesto que carecen de consciencia reflexiva.
    De modo que cuando pasamos la "prueba del espejo", así es como se la conoce, al mirar en el espejo vemos la mosca en la nariz, lo que señala que estamos distinguiendo el yo del mí y son muchos los que piensan que esto ocurre en torno a los 24-30 meses, muchos creen que se trata de la emergencia de lo que denominamos el "yo cognitivo" y el principio de los recuerdos de nuestra vida.
    Eduard Punset: He escuchado decir a algunos de tus colegas científicos que también necesitamos algo de literatura, algo de expresión verbal. Si no tenemos palabras para expresar la mosca en la nariz, no recordaremos. ¿Es cierto o no?
    Martin Conway: Bueno, es una cuestión muy controvertida. Es obvio que podemos recordar sin el lenguaje, es posible, pero el lenguaje y los recuerdos van de la mano y con el lenguaje es más fácil recordar.
    Puede ser que el niño en el breve período que antecede a los 24 meses ya tenga algunos recuerdos, algunas pruebas lo sugieren aunque no puede expresarlos porque no puede servirse del lenguaje para describirlos.
    Si bien también es cierto que cuando empieza a desarrollarse el lenguaje a partir de los dos años en adelante éste en gran parte ayuda a estructurar los recuerdos, a nombrar algunas partes y tenemos la oportunidad de interactuar socialmente con nuestros recuerdos, lo que parece ser un rasgo fundamental del hecho de recordar.
    Eduard Punset: Creo que fue un grupo de investigadores de Canadá que estudiaron la memoria de los niños hasta los tres años de edad y después de un tiempo, después de seis meses o un año, se habían olvidado de lo que antes habían conservado como un recuerdo real.
    Sin embargo, cuando intentamos hacer lo mismo con niños de diez años, se acordaban durante mucho más tiempo, durante períodos mucho más largos. ¿Es así o…?
    Martin Conway: Lo que se ha descubierto en general es que los niños, si hacemos un muestreo de sus recuerdos cuando tienen tres, cuatro, cinco, seis años, a los tres y cuatro, se acuerdan de cosas un poco antes, a los seis o siete ya no recuerdan esos acontecimientos y a los ocho o nueve, no los recuerdan, eso es lo más frecuente.
    Pongamos todo esto en un contexto más amplio, ¿de acuerdo? Si yo te pidiera esta noche que recordaras todo lo que te ha pasado durante el día, probablemente recordarías muchas cosas.
    Hemos hecho estudios que sugieren que la gente recuerda entre diez y quince hechos. Si te pidiera mañana que recordaras todos los acontecimientos de ayer, te acordarías de cinco o seis.
    Si te lo pidiera dentro de un mes, quizás no recordarías ninguno pero la clave de todo esto es que podías recordar esos hechos cuando te lo pedí al principio así que probablemente los recuerdos están ahí, por lo que cuando decimos que los olvidamos no queremos decir que borremos los recuerdos de nuestro cerebro sino que se convierten en inaccesibles a nuestra conciencia.
    Eduard Punset: La gente tiene recuerdos, los has mencionado antes. Tienen recuerdos pero no tienen claro si son inventados o reales.
    Tengo muchos amigos a los que les he preguntado por sus recuerdos y se los han inventado. Los recuerdos, sabes… Una persona de cuyo nombre no me acuerdo pero es un científico famoso me estaba contando su recuerdo de una bomba que había estallado al lado de la casa donde vivían en Londres, era durante la Segunda Guerra Mundial. Su hermano lo interrumpió y dijo: "Oye, no es verdad, sabes, nuestros padres nos mandaron fuera de Londres durante la Segunda Guerra Mundial."
    Martin Conway: Creo que son fabulosos. Me encantan los falsos recuerdos. Aunque son falsos no en el sentido de que se hayan inventado a propósito.
    La verdad es que se fueron abriendo camino desde nuestra memoria a largo plazo y en realidad vienen a apoyar de forma importante algunos aspectos de nuestra identidad personal.
    Los recuerdos, sabes, llevan mensajes importantes para la identidad personal. Hay algunos estudios interesantes donde se ha preguntado a la gente si hay algunos recuerdos de los que recelen y resulta que casi todo el mundo tiene uno o dos recuerdos que les resultan sospechosos.
    Eduard Punset: ¿Recuerdos sospechosos?
    Martin Conway: Sí, recuerdos sospechosos, aquellos de los que no estamos del todo seguros… ¿Sucedió realmente esto o no? Fue un estudio muy bonito donde se recogieron muchos recuerdos de este tipo.
    Algunos eran manifiestamente falsos porque sostenían cosas que no podían ser ciertas pero la persona los recordaba así, como el caso de un hombre que recordaba estar en el parque con su madre cuando era pequeño viendo pasar dinosaurios por el borde de una colina [risas].
    Está claro que era un recuerdo equivocado pero lo sentía como un recuerdo y, de hecho, en algunos casos extremos de enfermedad psicológica, recuerdos tramáticos o recuerdos emocionales muy intensos, podemos llegar a tener falsos recuerdos pero que, a pesar de todo, llevan mensajes importantes para nosotros.
    Eduard Punset: ¿Y sería así como vosotros, los científicos, diferenciáis un recuerdo real de otro que no lo es?
    Martin Conway: Bueno, a grandes rasgos, no podemos… en cuanto a los recuerdos se refiere, pero hay algunas cosas que podemos decir y hay algunas teorías en torno a ciertos hallazgos que son importantes.
    Lo primero que hay que cuestionar realmente es qué quiere decir alguien cuando dice que un recuerdo es real, qué quiere decir cuando dicen que es verdad: ¿verdad en qué sentido?, ¿de qué estamos hablando? Bueno, estamos hablando de nuestra experiencia del mundo.
    Bien, podría ser que haya una feliz coincidencia entre nuestra experiencia del mundo y el mundo, que represente realmente lo que está sucediendo, pero también podría ser que no.
    Es posible que estemos inmersos en una intensa experiencia emocional, sabes, y en tal caso la experiencia del mundo tendría mucho más que ver con un cierto estado interior que con la realidad y, por lo tanto, nuestros recuerdos también responderían mucho más a esto.
    No podemos olvidar que los recuerdos son fragmentarios. Si quieres, son una instantánea de algunos momentos de esa experiencia.
    Eduard Punset: Tendemos a olvidarlo a veces o muy a menudo, que es imposible conservar, quiero decir, parece muy raro, casi imposible guardar recuerdos completos en nuestro interior…
    Martin Conway: Totalmente. Bueno, hay otras partes del cerebro también pero piensa únicamente en las consecuencias.
    Si tuviéramos que recordarlo todo, no podríamos hacer nada más porque estaríamos recordando constantemente ya que se necesita tanto tiempo para recordar como para vivir las experiencias previas, por eso nuestros recuerdos no han evolucionado así, han evolucionado a partir de muestras de experiencias, en general para intentar retener cosas que a nosotros nos parecen relevantes.
    Eduard Punset: Hay algo de lo que no sé nada, simplemente he escuchado a científicos y amigos hablar de ello pero no sé nada al respecto. Los llamáis flashbulb memories. ¿Qué diablos son?
    Martin Conway: Bueno, a muchos de los que investigan los recuerdos no les gusta el nombre pero pienso que no está mal.
    Fue un término inventado por un hombre llamado Roger Brown, de la Universidad de Harvard. Hacía referencia a un artículo que había leído en la revista Esquire a principios de los setenta cuando se había entrevistado a varios famosos preguntándoles si recordaban lo que estaban haciendo cuando se anunció el asesinato del Presidente John F. Kennedy.
    Eduard Punset: Ya veo.
    Martin Conway: Y se acordaban: "Estaba en el campo de golf, en el hollo 9, estaba a punto de golpear la pelota en el green cuando alguien se acercó y me lo dijo." Así de claros y vivos eran sus recuerdos.
    Se llevó a cabo un estudio sobre ello y descubrieron que mucha gente tenía recuerdos muy vivos en relación con acontecimientos públicos aparecidos en las noticias, ¿de acuerdo? Y es muy poco frecuente tener recuerdos de hechos públicos aparecidos en las noticias.
    Eduard Punset: ¿Ah sí?
    Martin Conway: Recuerda que cada día se producen millones de hechos en las noticias y en un año quizás hayamos estado expuestos a miles de ellos.
    No recordamos dónde estábamos, qué estábamos haciendo, con quién estábamos, qué llevábamos puesto cuando escuchamos esas noticias, así que cuando lo recordamos, han desarrollado un término "recuerdo fotográfico" para transmitir la idea de que en cierto modo es como si tomáramos una instantánea, por supuesto no se trata de una instantánea literal porque hay cosas que olvidamos y detalles falsos que interfieren con esos recuerdos y a veces pueden ser totalmente falsos.

Identificada una causa principal de la pérdida de memoria con la edad

Público.es

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Investigadores de la Universidad Columbia descubren que la deficiencia de una proteína del hipocampo causa gran parte de la pérdida de memoria en la vejez y que este síndrome es reversible y no tiene nada que ver con la enfermedad de Alzheimer

EUROPA PRESS          
Madrid 31/08/2013
 
                                
Ancianos hacen ejercicios para reforzar la memoria. EUROPA PRESSUn equipo de investigadores del Centro Médico de la Universidad de Columbia (CUMC), en Nueva York, dirigido por el premio Nobel Eric R. Kandel, ha encontrado que la deficiencia de una proteína llamada RbAp48 en el hipocampo es un importante contribuyente a la pérdida de memoria relacionada con la edad y que esta forma de pérdida de memoria es reversible.
El estudio, llevado a cabo en células del cerebro humano postmortem y en ratones y publicado en la edición digital de este miércoles de la revista Science Translational Medicine, también ofrece la evidencia causal más fuerte de que la pérdida de memoria relacionada con la edad y la enfermedad de Alzheimer son condiciones distintas.
"Nuestro estudio proporciona evidencia convincente de que la pérdida de memoria relacionada con la edad es un síndrome en sí mismo, además de la enfermedad de Alzheimer. Además de las implicaciones para el estudio, diagnóstico y tratamiento de trastornos de la memoria, estos hallazgos tienen consecuencias para la salud pública", subrayó el doctor Kandel, que es codirector del Instituto Mortimer B. Zuckerman del Comportamiento del Cerebro y la Mente en Columbia, director del Instituto Kavli para la Ciencia del Cerebro e investigador senior del Instituto Médico Howard Hughes, en CUMC.
El hipocampo, una región del cerebro que se compone de varias subregiones interconectadas, cada una con una población neuronal distinta, juega un papel vital en la memoria. Los estudios han demostrado que la enfermedad de Alzheimer dificulta la memoria como primera acción en la corteza entorrinal (CE), una región del cerebro que proporciona las principales vías de entrada al hipocampo.
Antes se creía que la pérdida de memoria con la edad era una manifestación temprana de Alzheimer Inicialmente se pensó que la pérdida de memoria relacionada con la edad es una manifestación temprana de la enfermedad de Alzheimer, pero la evidencia sugiere que su montaje es un proceso distinto que afecta al giro dentado (DG), una subregión del hipocampo que recibe la entrada directa de la corteza entorrinal.
"Hasta ahora, sin embargo, nadie ha sido capaz de identificar los defectos moleculares específicos implicados en la pérdida de memoria relacionada con la edad en los seres humanos", dijo el coautor principal Scott A. Small, profesor de Neurología y director del Centro de Investigación del Alzheimer en CUMC.
La nueva investigación fue diseñada para buscar evidencia más directa de que la pérdida de memoria relacionada con la edad es diferente de la enfermedad de Alzheimer. Para ello, sus autores comenzaron realizando análisis de microarrays (expresión genética) de las células de la DG del cerebro postmortem de ocho personas, de entre 33 a 88 años, todos ellos libres de enfermedad cerebral, además de estudiar las células de su CE, que sirvieron como controles ya que la estructura del cerebro no se ve afectada por el envejecimiento.

El efecto se repite en roedores, monos y seres humanos

Los análisis identificaron 17 genes candidatos que podrían estar relacionados con el envejecimiento de la DG, produciéndose los cambios más significativos en un gen llamado RbAp48, cuya expresión disminuyó de manera constante con la edad en todos los sujetos del estudio. Para ver qué papel cumplía dicho gen en la pérdida de memoria con el paso de los años, los científicos realizaron estudios en ratones, descubriendo que RbAp48 estaba reducido en ratones de edad avanzada y que si lo inhibían en roedores jóvenes y sanos, perdían memoria de igual forma que los mayores, pero que recuperaban la memoria si se apagaba dicha inhibición de RbAp48.
Los investigadores también hicieron estudios de resonancia magnética funcional (FMRI, en sus siglas en inglés) de los ratones con inhibición de RbAp48 y encontraron un efecto selectivo en el DG, similar al observado en los análisis de FMRI de roedores de edad avanzada, monos y seres humanos. Este efecto de inhibición de RbAp48 en la DG fue acompañado por defectos en los mecanismos moleculares similares a los encontrados en ratones viejos, pero el perfil de FMRI y los defectos mecánicos de los ratones con RbAp48 inhibido volvió a la normalidad cuando la inhibición se apagó.
El aumento de la proteína RbAp48 hizo que ratones viejos recuperasen tanta memoria como los jóvenes En otro experimento, los expertos utilizaron la transferencia génica viral y un aumento de la expresión de RbAp48 en la DG de ratones de edad avanzada. "Nos quedamos asombrados de que no sólo mejorara el rendimiento de los ratones en las pruebas de memoria, sino que éste era comparable al de los ratones jóvenes", detalló el doctor Elias Pavlopoulos, científico investigador asociado de Neurología en CUM.
"El hecho de que hemos sido capaces de revertir la pérdida de memoria relacionada con la edad en los ratones es muy alentador", subrayó Kandel, quien recibió una parte del Premio Nobel de Fisiología o Medicina del año 2000 por sus descubrimientos relacionados con las bases moleculares de la memoria. A su juicio, lo relevante del estudio es que muestra que esta proteína es un factor importante y la pérdida de memoria relacionada con la edad se debe a un cambio funcional de algún tipo en las neuronas, a diferencia de la enfermedad de Alzheimer, donde no hay pérdida significativa de neuronas.
Por último, los datos sugieren que las proteínas arbitran los efectos de RbAp48, al menos en parte, a través de la vía PKA-CREB1-CBP, que el equipo había encontrado en estudios anteriores que es importante para la pérdida de memoria relacionada con la edad en ratones. Según los expertos, RbAp48 y la vía PKA-CREB1-CBP son objetivos válidos para la intervención terapéutica y que agentes que mejoran esta vía ya han demostrado que mejoran la disfunción del hipocampo relacionada con la edad en los roedores.

No dormir tras una tragedia ayuda a no consolidar el mal recuerdo

Público.es

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El médico noruego que dirigió la atención psicológica de los afectados de la matanza de Utoya en 2011 considera que hay que "informar" a los pacientes en lugar de darles somníferos tras una tragedia

EFE BARCELONA
07/03/2013 18:43       

El psicólogo noruego Atle Dyregrov, que dirige el Centro de Psicología de Crisis de Bergen, donde atiende a las personas afectadas por la matanza de Utoya en julio de 2011, considera que no se debe dormir durante las seis horas posteriores a una crisis para no consolidar el recuerdo con los sueños. Dyregrov ha participado hoy en las Jornadas Europeas de Actualización de Gestión de Crisis y Emergencias organizadas por la Universidad Autónoma de Barcelona en el Palau Macaya de la ciudad condal.

Los servicios de emergencia atienden a las víctimas de la matanza en la isla de Utoya, en julio de 2011.
Los servicios de emergencia atienden a las víctimas
de la matanza en la isla de Utoya, en julio de 2011
El psicólogo ha destacado la importancia de la primera fase de la atención a las personas justo después de la emergencia y ha hecho hincapié en la necesidad de tratar el recuerdo que se tendrá del episodio traumático desde el primer momento. En este sentido, ha aconsejado no dormir durante las seis primeras horas posteriores a la crisis porque los sueños juegan un papel importante en la consolidación del recuerdo, por lo que ha considerado inconveniente dar somníferos a los afectados para que duerman la primera noche.
También ha destacado el papel fundamental de la información para conseguir "reacciones emocionales más fuertes" entre las personas próximas a los afectados que esperan impacientes estar informados de la tragedia. "La información tiene un efecto calmante", ha dicho el psicólogo, que ha alertado ante "la confusión y los rumores que persiguen estos acontecimientos".
Sobre la masacre de Utoya, Dyregrov ha subrayado el enorme impacto que tuvo en la sociedad noruega y ha afirmado que "afectó a la gente durante un año porque estaba constantemente en los medios de comunicación", desde la tragedia hasta el juicio a Breivik .

Ser de izquierdas te hace propenso a creerte tropiezos de políticos de derechas (y viceversa)

Materia, la web de noticias de ciencia

 

07/02/2013
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Un 27% de los participantes en un estudio recordaron haber visto en las noticias eventos de carácter político que no sucedieron

A la izquierda, la imagen real de Obama y a la derecha, la foto manipulada del presidente de EEUU saludando al presidente de Irán / Slate
  El 1 de septiembre de 2005, con Nueva Orleans anegada tras el paso del huracán Katrina, el presidente de EEUU George W. Bush se divertía en su rancho de Texas junto a la estrella de béisbol Roger Clemens. Una imagen del político con el deportista lo acreditaba y casi un 35% de los participantes que se declaraban progresistas en un estudio organizado por la revista Slate decían recordar lo sucedido. Entre los que se reconocían conservadores, solo un 15% de los consultados recordaba la actitud irresponsable del presidente recogida en la fotografía. En realidad, todo era un montaje realizado para probar la maleabilidad de la memoria. Aquel día, George W. Bush se encontraba en la Casa Blanca y Clemens nunca estuvo en su rancho.
La memoria suele equipararse en el imaginario popular a una cámara de vídeo que registra nuestras vivencias. Dependiendo de personas, pensamos, esa cámara graba más o menos, o registra la información con mayor o menor detalle, pero siempre es fiel a la realidad. Sin embargo, varias décadas de estudio de la memoria han mostrado que es dinámica. En la cinta donde recordamos nuestras experiencias se pueden introducir nuevas escenas que nunca sucedieron y que incorporaremos a nuestra memoria en igualdad con las producidas por eventos que sí ocurrieron.
Eso es lo que ha mostrado el mayor estudio sobre memorias falsas realizado hasta la época. En él, Slate preguntó a 5.269 de sus lectores sobre sus recuerdos en torno a varios eventos políticos que nunca habían sucedido. Cada narración de los hechos iba acompañado de una imagen manipulada en la que se mostraba el evento. Además de la imagen de Bush con el jugador de béisbol, se incluía, entre otras, una fotografía de Barack Obama estrechando la mano del presidente de Irán Mahmud Ahmadineyad. Más de un 50% de los encuestados (2.650) dijeron recordar acontecimientos que no habían tenido lugar y un 27% del total afirmaron incluso que habían visto aquellas noticias en los medios de comunicación.
Bush
A la izquierda la fotografía real de George Bush y a la derecha la manipulada. Casi un 35% de los progresistas dijeron recordar la situación falsa / Slate
Además, en un estudio que se publica ahora en el Journal of Experimental Social Psychology y que también repasa los datos obtenidos por la encuesta de Slate, los investigadores, liderados por Steven Frenda, de la Universidad de California en Irvine, muestran que la probabilidad de introducir memorias falsas en una persona depende también de lo que se adapte a sus prejuicios. En este sentido, los autores descubrieron que la ideología influía en la aparición de nuevos recuerdos, pero no lo hacía siempre igual. Aunque el 34% de los encuestados recordaron la reunión entre Bush y la estrella del béisbol que nunca sucedió, frente a solo el 14% de los conservadores que vieron la misma imagen, la relación no se invirtió cuando la imagen elegida era el encuentro de Obama con Ahmadineyad, un gesto que podía interpretarse como una debilidad del presidente.
En este caso, los progresistas también recordaban con más frecuencia el acontecimiento que los conservadores: 49% frente al 45%. La tendencia, no obstante, sí se reflejaba entre los que decían haber visto aquel encuentro: 36% entre los conservadores frente al 26% entre los progresistas. Los investigadores muestran además que observaron “una asociación entre el recuerdo de acontecimientos políticos [que era algo superior entre los progresistas] y la susceptibilidad ante las memorias falsas”. Pese a lo que se pudiese esperar, la conciencia política de los participantes en el estudio les hacía más propensos a introducir entre sus recuerdos eventos que nunca habían sucedido.

La limitada fiabilidad de la memoria

“Lo novedoso de este estudio es que lo lleva al terreno de la política, pero por lo demás, viene a corroborar que la memoria es dinámica y está en continua transformación”, explica Antonio L. Manzanero, profesor de psicología de la Universidad Complutense. “Nosotros hemos realizado estudios sobre testigos en accidentes de tráfico en los que cambiando las preguntas o la forma de hacerlas podíamos inducir a recordar a una persona que había estado presente en el lugar de los hechos que había un semáforo donde no lo había o que estaba en rojo cuando no lo estaba”, señala.
Una de las autoras del estudio que ahora se publica en el Journal of Experimental Social Psychology, la investigadora de la Universidad de California en Irvine Elisabeth Loftus, es consciente de la limitada fiabilidad de la memoria y lleva muchos años demostrando lo fácil que puede ser implantar falsos recuerdos. Durante los 90, Loftus colaboró en varios juicios relacionados con personas que de adultas denunciaban abusos sexuales sufridos cuando eran niñas. Muchas de las memorias en las que se basaban las acusaciones habían aparecido durante terapias psicoanalíticas, de grupo o hipnosis. Loftus conocía la facilidad con la que se podía manipular la memoria, pero afirmar que recuerdos completos de vivencias personales podían aparecer de la nada parecía excesivo. Sin embargo, la psicóloga trató de probar que su intuición era cierta.
Loftus encontró una buena cantidad de libros en los que se ofrecían consejos sobre cómo se podían recuperar memorias de abusos sexuales suprimidas por efecto del trauma y se incluían síntomas tan comunes como la baja autoestima o el sentimiento de culpa como indicios de que el abuso había sucedido. Se animaba a los terapeutas a que preguntasen por posibles casos de incesto a personas que acudían a ellos por problemas psicológicos, e invitaban a los pacientes a buscar las memorias ocultas imaginando posibles situaciones de abuso. Este tipo de consejos suponían un sustrato fértil sobre el que plantar memorias irreales.
Tras una serie de estudios, Loftus reunió un conjunto de criterios necesarios para introducir una memoria falsa. En primer lugar, se necesitaba la confianza de la persona. En segundo lugar, esa persona de confianza podía sugerir, como habían hecho muchos terapeutas, que un abuso había sucedido, dejando a la víctima dándole vueltas a esa posibilidad. Poco a poco, esa semilla iría creciendo en su mente y ella misma iría añadiendo detalles al suceso hasta que se convirtiese en algo real y propio.
Para demostrar la validez de su método, la investigadora de la Universidad de California lo probó con numerosos individuos en los que logró insertar memorias de todo tipo.  Consiguió, por ejemplo, convencer a un buen número de personas de que habían sorprendido a sus padres en pleno acto sexual e incluso sugestionó a un 16% de una muestra hasta que creyeron haber presenciado posesiones demoníacas. Como, pese a todo, este tipo de recuerdos podían haber sido reales, realizó una serie de experimentos para demostrar que era posible introducir memorias indudablemente nuevas. En primer lugar, logró convencer a un 16% de los participantes en un estudio de que se habían encontrado con Bugs Bunny en Disneyland, algo improbable ya que el simpático conejo es un personaje de Warner Bros. Para acabar de probar su planteamiento y mostrar que podía implantar memorias más dramáticas, realizó un experimento en el que consiguió hacer que un 30% de los participantes recordase haberse encontrado en Disneyland con un Bugs Bunny drogado que además les chupó las orejas.
Con estos precedentes, los investigadores no descartan la posibilidad de utilizar este conocimiento para influir en las decisiones políticas de los ciudadanos. Steven Frenda, investigador de la Universidad de California en Irvine y coautor del estudio sobre falsas memorias y política, pone un ejemplo de cómo se pueden utilizar estos mecanismos del recuerdo para cambiar el voto: “Las push polling [una especie de encuestas agresivas] son unas encuestas telefónicas en las que se incluyen preguntas que contienen información falsa o engañosa. Un ejemplo es el de las primarias republicanas de 2000. Entonces, el equipo de George Bush, presuntamente, encuestó a gente en zonas donde era más probable que se votase por John McCain, el otro candidato republicano, preguntando si el hecho de que éste tuviese un hijo ilegítimo hacía más o menos probable que votasen por él. La idea de estas encuestas no era obtener información significativa sino difundir información falsa sobre McCain”, asevera Frenda.
Sobre el uso político de los medios, recuerda que “existen trabajos que muestran que personas expuestas a noticias en los medios que más adelante tuvieron que retractarse por ser falsas se olvidan de la retracción, incluso cuando la ven, e incorporan en su memoria la noticia original”. Ese principio, aunque reafirmado y explicado por las nuevas investigaciones, no tiene, por desgracia, mucho de novedoso. Como decía la frase atribuida a Joseph Goebbels: “Miente, miente, que algo quedará”.



"Gran parte de los recuerdos de infancia son falsos"

“Gran parte de la información que recordamos de la infancia es falsa y todo el mundo recuerda cosas que jamás han ocurrido. No tenemos más que ponernos a recordar con familiares y amigos y ver cómo recordamos las cosas de forma distinta”, afirma  Antonio L. Manzanero, profesor de psicología de la Universidad Complutense.
“En entornos cotidianos no tiene mucha importancia, pero en un juicio puede tener consecuencias graves”, indica. Y no se trata de que los testigos se inventen hechos sino que, dirigidos por las preguntas de policías o jueces, puedan verse compelidos a recordar circunstancias que no son reales.Por ese motivo, los psicólogos tratan de concienciar sobre las limitaciones de las declaraciones de testigos para determinar condenas y la necesidad de que los interrogatorios tengan en cuenta su potencial para modificar los recuerdos y, en definitiva, la declaración.

REFERENCIA
'False memories of fabricated political events' DOI: 10.1016/j.jesp.2012.10.013

Entrevista a Joaquim Fuster en Redes



En este capítulo de Redes, Punset y Fuster charlan sobre la creación de los recuerdos y sobre los distinto tipos de memoria.

http://www.rtve.es/television/20111111/alma-esta-red-del-cerebro/474693.shtml
Joaquim Fuster, profesor de Psiquiatría, Universidad de California, Los Angeles
Joaquim Fuster, profesor de Psiquiatría,
Universidad de California, Los Angeles

  • Se pensaba que los recuerdos estaban alojados en distintos módulos cerebrales
  • Para Fuster la memoria surge de la interconexión de la red que es el cerebro

  • Antes se pensaba que las ideas, los recuerdos o los conocimientos estaban alojados en distintos módulos cerebrales.

    El neurocientífico español radicado en los Estados Unidos, Joaquim Fuster, fue uno de los primeros en desafiar este concepto y proponer que la memoria surge de la interconexión de la gran red que es el cerebro.


    La solidez y durabilidad de un recuerdo están relacionadas con
    las circunstancias emocionales en las que se lo ha adquirido.

    Joaquim Fuster

    Eduardo Punset:
    Joaquín, vamos a ver, hay una cosa en materia de cerebro que me ha preocupado toda la vida. Y estoy seguro que nuestra audiencia estará encanada también de descubrir, por fin, qué es lo que nos pasa por dentro.

    A mí me cuentan, me contáis, los médicos y los físicos... que, efectivamente, se me van muriendo las neuronas, que las células se renuevan...

    Y, sin embargo, oye, la memoria de una cara, de una persona me queda forever, me queda para siempre. Puedo llegar a los 80 años y allí está. ¿Dónde está? ¿Dónde se pone? ¿Dónde guardo este recuerdo en células que han muerto o desaparecido?

    Joaquim Fuster:
    En primer lugar, el motivo por el que una memoria es tan firme, tan sólida y tan duradera, el motivo principal, son las circunstancias emocionales en que se adquirió la memoria, en general.

    Se forman firmemente con las emociones, con el clima emocional en que se adquieren las memorias. Además, en el curso de la vida se ejercitan estas memorias, repetidamente.

    Tipos de memoria


    Luego hay otro factor importante, que es el tipo de memoria que queda. Hay muchas clases de memoria. Está la memoria semántica, más bien abstracta, del conocimiento.

    Luego está la memoria episódica de los detalles, de la vida, del nombre, de la cara. Se van ejercitando en el curso de la vida y así subsisten.

    Claro, al mismo tiempo, se van debilitando algunas de estas conexiones y se pierden memorias y se pierden neuronas y se pierden sinapsis, pero se van creando nuevas. Entonces, el truco para adquirir nueva memoria es el ejercicio, el ejercicio del cerebro.

    Eduardo Punset:
    Claro yo a mis alumnos y, en general, a la gente, siempre le digo, oiga, además del ejercicio físico... Porque les veo allí que hacen jogging...

    Joaquim Fuster:
    Claro... No... Es la gimnasia mental

    Eduardo Punset:
    Claro... No se olviden de la gimnasia mental

    Joaquim Fuster:
    Exactamente...

    Eduardo Punset:
    Oye, hablabas de distintos tipos de memorias. Y, no sé por qué, me acuerdo de una que me hizo gracia. Y es cuando me pongo la camisa, por ejemplo por la mañana, a lo mejor me pica algo de la camisa, pero al cuarto de hora me he olvidado.

    Joaquim Fuster:
    Te has olvidado, y es que la suprimes, y es que la inhibes. El cerebro tiene que inhibir las memorias que no vienen al caso…

    Eduardo Punset:
    Para poder dejar espacio...

    Joaquim Fuster:
    Exactamente, para dejar espacio y para dejar vitalidad a las que son importantes en aquel momento.

    Eduardo Punset:
    Leyendo tus cosas... Hay algo… Hoy eres… Bueno, no te lo voy a decir a ti, pero eres uno de los grandes neurólogos.

    Joaquim Fuster:
    Muy pequeñito.

    Eduardo Punset:
    De verdad, ¿eh? Has sido el primero en cantidad de cosas.

    Y en una cosa que fuiste el primero fue en constatar que realmente lo que tú llamas el conocimiento no estaba fijo, o inserto o localizado en una parte especial del cerebro.

    Era lo que llamabais, me parece, la concepción modular del cerebro. Y dices esto es el pasado… ¿Por qué lo sustituyes, eso?

    La red neuronal


    Joaquim Fuster:
    Por la red. La red es la clave.

    La red neuronal, sobre todo las redes de la corteza cerebral, son la base de todo el conocimiento y de toda la memoria.

    Se forman a lo largo de la vida con la experiencia por el establecimiento de conexiones entre neuronas.

    Entre neuronas que pueden estar agrupadas en grupos pequeños, sobre todo en las zonas primarias sensoriales y motoras que pueden llamarse módulos, si tú quieres. Es decir, los módulos están en la base.

    Es el ver, es el tocar, es el oír, es el moverse, pero la conciencia del conocimiento, y la conciencia de la memoria, está en la red. Que es la agrupación.

    Eduard Punset:
    Es relacional.

    Joaquim Fuster:
    Es relacional. El código de la memoria, el código del conocimiento es un código relacional, es un código de relaciones, lo más cercano que hay a ello desde el punto de vista psicológico es la psicología de la Gestalt, la psicología de la forma.

    Una cosa se ve, tiene sentido y significado por las relaciones entre sus partes.

    Pero el total, el significado de aquel objeto, lo definen las relaciones entre las partes, y no es reducible a las partes en sí.

    Es decir, que el todo es mucho más que la suma de las partes.

    Eduardo Punset:
    Y una neurona puede ser el centro de muchas cosas...

    Joaquim Fuster:
    ¡Oh, claro! De muchas... Las redes neuronales del conocimiento, debido al hecho que se forman por asociación, todas ellas, y por vivencia, comparten células y grupos celulares.

    Es decir, un grupo celular puede ser parte de muchas redes, de muchísimas redes.

    Eduardo Punset:
    O sea, corrígeme… A ver si he entendido bien. Si yo me fijo en la estructura de la neurona para saber qué pasa con el conocimiento, no voy a ir muy lejos....

    Joaquim Fuster:
    No vas a ir muy lejos, no.

    Eduardo Punset:
    ¿Por qué?

    Joaquim Fuster:
    Porque el código de la cognición es un código relacional a nivel de la red. Y es irreducible a las partes.

    Es decir, hacer lo que tú decías sería como pretender entender el significado de lo que dice la carta escrita estudiando la composición química de la tinta. ¿Comprendes?

    No la entenderás nunca porque el lenguaje escrito o hablado es un lenguaje relacional, es un código relacional: relaciones entre letras, entre palabras, entre significados semánticos. Es decir, no se puede reducir a sus partes mínimas...

    Mis memorias son distintas de las tuyas porque las relaciones se han formado de modo distinto con elementos aleatorios que son distintos para mí y para ti, pero compartimos ciertas redes en común, que son las redes de la cultura, el ambiente en que hemos vivido, las leyes del léxico, del lenguaje.

    Eso queda y está por encima de todo porque es el resultado de la repetición de redes más chicas, más pequeñas, que están en la base de esas redes.

    Porque están organizadas de modo jerárquico, ¿entiendes? A nivel más bajo está la memoria sensorial, motora, primaria. Esta sí que se puede reducir a módulos, ¿entiendes? Ciertas partes del cerebro... Pero cuando nos salimos de allá y subimos a las zonas asociativas de la corteza, la memoria se va haciendo más interconexa, más compleja, más amplia y más difusa. Esto también le da solidez, porque pueden perderse algunas de las vías de acceso a ella, pero otras quedan.

    Tú te fijas muy bien que, cuando te encuentras que no recuerdas el nombre de una persona, empiezas a tantear en tu mente las distintas circunstancias en que la has visto para poder enganchar con aquella asociación y aquello te lleva a ello.

    Desgraciadamente, de todos modos, a veces, cuanto más buscas, menos recuerdas. Esto es el factor emotivo, la inhibición que te hace...

    Eduardo Punset:
    Olvidar algo que no quisieras recordar...

    Joaquim Fuster:
    Exacto, es justamente lo que no...

    Eduardo Punset:
    Oye, tú has hablado en algún lugar, no sé dónde, de lo que es el conocimiento perceptual que supuestamente está en la parte posterior de la cabeza y lo distingues del...

    Joaquim Fuster:
    Ejecutivo...

    Eduardo Punset:
    Del cognitivo, complejo...

    Joaquim Fuster:
    Exacto...

    Eduardo Punset:
    Por el que guías realmente el quehacer de cada día... ¿Esto es así o...?

    Joaquim Fuster:
    En líneas generales es así. Hay relaciones entre los dos sectores muy íntimas, como es natural, porque los dos participan en el ciclo percepción-acción. Percibo y esto educa, informa, mi acción. Mi acción produce cambios en el medio ambiente. Y estos los percibo. Con lo cual se realimenta el sistema.

    Eduardo Punset:
    Oye... Dime, por ejemplo, tú percibes una persona amiga que, además, es muy bella y muy inteligente y esto lo percibes supuestamente con tu...

    Joaquim Fuster:
    Con mis redes neuronales, sobre todo de la corteza posterior... Y también con líneas de influjo de los centros emocionales del cerebro y de la estética.

    Estos colorean mi visión de aquella persona. Y, además, se relacionan con la memoria que tengo yo de aquella persona, o de otras parecidas, para informar cómo tengo que reaccionar en aquel momento a aquella persona.

    Entonces entran en función las redes anteriores de la corteza frontal...

    Eduardo Punset:
    Estas...

    Joaquim Fuster:
    Exactamente... E informan y modulan mi conducta, mi lenguaje.

    Eduardo Punset:
    Un psiquiatra como tú... ¿Intuíais que el cerebro era algo tan sofisticado, tan complicado con sus fases, sus relaciones, sus percepciones iniciales...?

    Joaquim Fuster:
    Yo sí lo intuía, con toda humildad te lo digo... Y por eso me fui a estudiarlo en otro lugar, porque no se podía estudiar en España...

    Eduardo Punset:
    ¿Por qué estudiabas? Porque tú fuiste conocido primero porque descubriste la célula de la memoria...

    Joaquim Fuster:
    Las células de la memoria... Perdón, plural...

    Eduardo Punset:
    Esto... Las células en los primates... ¿Y por qué? ¿Por qué estudiabas las células, las neuronas, de los primates?

    Joaquim Fuster:
    ¡Ah! Pero las estudiaba en un contexto... Las estudiaba en animales que hacían su conducta normal y corriente.

    De esta manera adquirí el conocimiento de que en ciertas partes de la corteza cerebral existían unas células que mantenían la información de un objeto sensorial, visual o auditivo, durante segundos o minutos hasta que el animal hacía su acción.

    En este caso, discriminar entre dos colores... Y para conseguir una recompensa, lo que fuera, ¿no?. Esta es la memoria que llamamos memoria de trabajo.

    Eduardo Punset:
    Working memory...

    Joaquim Fuster:
    Working memory... Y esta working memory no es un tipo especial de memoria, lo que es, es memoria a largo plazo que se usa ad hoc en aquel momento... pues tal día, diríamos, para ejercer una acción o resolver un problema para...

    Este "para" es importante, es para algo que se recuerda. Pero en el uso de esta memoria, uso yo la memoria a largo plazo que tengo ya allí preformada sólo con variaciones que son "aducentes" a lo que tengo que hacer en aquel momento, ¿no?

    Eduardo Punset:
    ¿Qué hacemos con el cerebro?

    Joaquim Fuster:
    Nos ajustamos al medio ambiente.

    El cerebro es la interfase que hay entre nosotros y el medio ambiente.

    Cuando digo el medio ambiente no quiero decir sólo el ambiente externo, sino el ambiente interno, el milieu interno.

    Entonces, en el curso de la evolución, se ha desarrollado sobre todo la corteza muchísimo, muchísimo.

    Y en el ser humano ha adquirido propiedades muy peculiares que le permiten dos cosas fundamentales, dos, dos: una es el lenguaje, es un medio de ajuste al medio ambiente, y la otra es la predicción.

    Es decir, que todas las funciones que llamamos ejecutivas, todas tienen un futuro, todas: la memoria de trabajo, el planeamiento, la toma de decisiones, la conciencia creadora.

    Todas miran al futuro. Voy a hacer esto para esto, para esto, para esto... Tengo que hacer esto... Tengo que decidir... Tengo que, "ten

    La interrupción del sueño deteriora la memoria

    "Un tiempo mínimo sin interrupciones es crucial para la consolidación de la memoria", aseguran unos investigadores de EEUU

    PÚBLICO  
    Madrid 26/07/2011 
    Enlace

    Dormir fija los recuerdos.

    Dormir fija los recuerdos.Un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford (EEUU) ha llevado a cabo pruebas que demuestran que interrumpir el sueño provoca un deterioro de la memoria en ratones. "Independientemente de la cantidad total de sueño, un tiempo mínimo sin interrupciones es crucial para la consolidación de la memoria", detallan los autores. El estudio, publicado en PNAS, ha sido realizado con una nueva técnica llamada optogenética en la que se modifican células cerebrales específicas para estudiar sólo un aspecto del sueño.
    Los expertos habían teorizado con que el sueño es importante para la memoria, pero hasta el momento había sido un área difícil de estudiar debido a que las técnicas de privación del mismo afectan a varias características. Los investigadores, que no concluyen qué cantidad de sueño es necesaria para evitar el deterioro de la memoria en humanos, reconocen que se trata sólo de un primer paso.
    © Diario Público.

    Vivir con miedo

    Es fácil sentir miedo hoy día. Basta con caminar por un barrio desierto, por la noche, después de una intensa lluvia, sintiendo el ruido de los zapatos sobre el asfalto, y comprobar, después de mirar a ambos lados, que un grupo de individuos con aspecto amenazador se ha interpuesto en el camino y que no hay escape.
    El miedo es algo que surge a borbotones tras una situación extraordinaria -un temblor de tierra, un atentado terrorista-, pero que también moldea nuestra vida diaria, adquiere mil caras y se extiende a todo tipo de situaciones: ataques de pánico, agorafobia (miedo a los espacios abiertos), miedo a la gente y a la exposición al público. La ansiedad prolongada puede convertirse en algo patológico. Y sin embargo, es difícil definir el miedo: es una sensación, de acuerdo, pero también un sentimiento. Y un producto del cerebro. Hay memorias enterradas que, una vez activadas, evocan el miedo que pasamos en el pasado y levantan un viento cavernoso que nos eriza el cabello.
    Así describe para El País Semanal el intrincado, complejo y sutil circuito del miedo Joseph Ledoux, profesor del Instituto del Miedo y la Ansiedad de la Universidad de Nueva York: "Ocurre un peligro y reaccionas. Y no hay forma de controlarlo". El miedo tiene el marchamo de lo instantáneo: el corazón se acelera, aumenta la presión sanguínea. "Se te encoge el estómago y tu cerebro está alerta".

    Imagine que los individuos que le han cerrado el paso sacan sendas navajas y las alzan delante de usted. Puede quedarse paralizado por el terror. O quizá decide hacerles frente. Lo más probable es que huya. Pero ¿por qué? Hay dos posibles respuestas. Quizá usted tiene almacenadas las experiencias pasadas de que un ataque urbano se cobra a menudo vidas de ciudadanos inocentes, y por ello decide correr. Es una explicación razonable. Pero la otra posibilidad, de la que Ledoux está convencido, es que el miedo no es generado en primera instancia por el cerebro. Es la respuesta del cuerpo a eso que nos causa miedo la que dicta al cerebro, le ordena que debe sentir miedo. Que ha de experimentarlo. Y dirigir su reacción posterior.
    Así que esto es lo que sucede mientras usted se dispone a correr, con el corazón bombeando sangre como un motor revolucionado de un coche de carreras. "Cuando estamos delante de una amenaza, esa información activa la amígdala cerebral", dice Ledoux. La amígdala es una estructura en forma de almendra hundida en la corteza del cerebro. Aquí tenemos el centro del miedo y de las emociones. "La amígdala dirige entonces la respuesta del cuerpo". Está enlazada con el núcleo del hipotálamo y del tallo cerebral -situados respectivamente bajo la corteza cerebral y en la base del cráneo-. Por embarazoso que esto pueda parecer, la respuesta que probablemente nos salve la vida proviene de los bajos fondos del cerebro, no de las zonas más nobles y sofisticadas de la corteza cerebral donde se procesa el pensamiento puro, el arte o los centros de razonamiento y deducción. Así que si un grupo de delincuentes o un oso grizzli nos hacen correr, no huimos porque estamos asustados, explica Ledoux. "Simplemente, estamos asustados porque corremos".
    Los investigadores del miedo han centrado su atención en la amígdala cerebral. En los experimentos enseñan a los voluntarios expresiones faciales humanas que reflejan el pánico, y en los escáneres de resonancia magnética funcional observan que la sangre fluye más rápidamente hacia este centro del miedo. Los estímulos, no obstante, provocan distintas reacciones. Vulgarmente hablando, hay gente más miedosa o valiente. E incluso algunos con madera de héroe (lo que no significa que no sientan miedo, sino que, según Ledoux, tienen coraje).

    En un intento por desbrozar este misterio, el investigador Justin Feinstein, de la Universidad de Iowa en Estados Unidos, junto con el célebre investigador del cerebro Antonio Damasio, presentó recientemente un caso en la revista Current Biology acerca de S. M., una mujer de 44 años que nació con la rara enfermedad de Urbach-Wiethe, que calcificó su amígdala, destruyéndola. S. M. experimenta la soledad o la tristeza, pero, a diferencia de los demás, no sabe lo que es el miedo.
    Esta mujer vivió en un barrio peligroso, abatido por la pobreza, el crimen y el tráfico de drogas. Los investigadores la llevaron al lugar donde estuvo a punto de perder la vida cuando ella contaba con 30 años. Regresaba a su casa sobre las diez de la noche. A su izquierda le llegaba el sonido del coro de una parroquia cercana. Un drogadicto que estaba sentado en un banco la llamó, pero en vez de huir, ella se aproximó con una fría curiosidad. El individuo le cogió del brazo y la obligó a sentarse, colocando un cuchillo sobre su garganta. "¡Voy a cortarte, zorra!". Escuchó la amenaza sin sentir miedo, con el coro parroquial de fondo. Y mirando a su atacante, le dijo: "Si vas a matarme, tendrás que hacerlo con el consentimiento de los ángeles de mi Dios". El hombre entonces la dejó ir. Al día siguiente, ella volvió a su casa eligiendo el mismo camino sin experimentar aprensión alguna.
    Pero S. M., como pudieron corroborar Feinstein y Damasio, sí había experimentado los miedos típicos infantiles cuando era una niña menor de 10 años: el pavor a la oscuridad, o en una visita al cementerio en la que fue asustada bruscamente por su hermano. En una ocasión, ella intentó acariciar a un dóberman mientras estaba en la casa de una amiga de su madre. "De repente, me acorraló hasta una esquina, gruñendo. No me dejaba escapar", recuerda. La dueña cogió al perro de la cadena y dijo: "Ahora ve despacio hacia la puerta. Si te apresuras, saltará sobre ti". S. M. recuerda ese temor, pero no lo asocia a su vida adulta. La calcificación de su amígdala fue gradual y se aceleró a partir de los 20 años. Una vez destruida, la patología la convirtió en una mujer sin miedo.
    Nadie esta preparado para vivir en un estado de miedo absoluto. El término es confundido muy frecuentemente con la ansiedad, especialmente en las noticias de la televisión. Después de un desastre como el reciente terremoto de Japón y, en menor grado, por el seísmo que acabó con la vida de nueve personas en Lorca (Murcia), el miedo inicial deja paso a la ansiedad "sobre lo que significa este miedo", dice Ledoux.

    El cerebro es capaz de rescatar los temores, las sensaciones que surgieron en primer lugar. Un estímulo con el que nos hemos encontrado antes enciende de nuevo la mecha. El cerebro clasifica entonces un suceso externo amenazador basándose en el tipo de emociones que lleva asociado. Hay un proceso por el que la amígdala, ante un peligro, baña de hormonas al cerebro, fijando la memoria de ese estímulo de una manera muy potente, nos dice Ledoux. Tras un terremoto, la gente, asustada, no sabe si ocurrirá de nuevo y teme volver a sus casas para dormir.
    Después del episodio del maremoto que asoló el sureste asiático en 2004, una zona sacudida fuertemente por grandes terremotos, muchos habitantes de Filipinas y Tailandia se alejaban de la costa y trataban de ponerse a salvo buscando un refugio a más altura después de cada temblor. Los recuerdos grabados a fuego con miedo no se olvidan. Es un mecanismo evolutivo de supervivencia.
    El miedo también está asociado a cómo se percibe un peligro. El cerebro toma sus decisiones no solo basándose en un razonamiento puro; las emociones cuentan, y mucho. "Sin sentimiento, el cerebro no puede elegir", asegura David Ropeik, autor del libro How risky is it, really? ("¿Cómo de peligroso es? McGrav-Hill). Ropeik, que es instructor de la Escuela de Educación Continua de la Universidad de Harvard, tiene su propia consultoría de riesgo. "En todo el mundo la gente tiene más miedo de los riesgos que se le imponen que los que acepta". Cuanta más información, mejor. Pero avisa: "Los seres humanos no tomamos decisiones perfectas y racionales. No es así como funcionamos". Cuando las emociones se mezclan con la razón, el cóctel puede ser predecible, explosivo o desconcertante.
    El autor de este reportaje tuvo la ocasión de comprobar, en un viaje a un viñedo cerca de San Francisco, cómo una de las guías cogía tranquilamente una larga culebra de entre las viñas para mostrarla a un grupo de periodistas, a sabiendas de que era una especie inofensiva sin veneno. El conocimiento despeja los temores sin necesidad de bloquear la amígdala cerebral.
    En otros casos, el conocimiento no basta para vencer a ciertos tipos de miedos, como el temor que profesamos a la radiación: es algo que asusta a casi todo el mundo. Es invisible. No se huele. Y es peligrosa. Pero su peligrosidad depende de la intensidad, la dosis, el tiempo de exposición. Un informe que publica la revista Nature asegura que los seis millones de residentes que vivían en las zonas contaminadas por la explosión del reactor de Chernóbil, en abril de 1986, recibieron de media una dosis de radiación -nueve milisieverts- equivalente a una tomografía computerizada.
    El profesor emérito de física Wade Allison, de la Universidad de Oxford, explica que el peor supuesto ante un peligro de esta naturaleza es ingerir o respirar sustancias radiactivas, o recibir una dosis excesiva de una vez. En su libro Radiation and reason arguye que una persona está bañada por una radiación natural de unos 2,7 milisieverts al año. Las regulaciones internacionales permiten aumentar la cantidad en un milisievert extra. Allison apunta a que un tratamiento de radioterapia en un paciente de cáncer supone recibir unos 20.000 milisieverts a lo largo de varias semanas, ¡20.000 veces el límite anual permitido! Incluso los tejidos sanos alcanzados por la radiación pueden recuperarse con el tiempo.
    Pero hay otros datos que muestran el lado más tétrico. Los estudios sugieren que los casos de cáncer de tiroides en niños menores de 10 años cuando ocurrió el accidente de Chernóbil en la región de Belarus se multiplicaron por nueve entre 1991 y 1995, cinco años después del accidente. Tomaron leche y queso contaminado por yodo radiactivo, sin que nadie les advirtiera. Una negligencia intolerable. Las autoridades lo consintieron. Una simple prohibición para consumir estos productos les habría salvado.
    El miedo a la radiación es tan peculiar que El País Semanal quiso obtener el testimonio de varios supervivientes de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki para confrontar posteriormente los temores almacenados en sus memorias y su percepción de la crisis nuclear que sigue golpeando a Japón tras el maremoto causado por el catastrófico terremoto ocurrido el pasado marzo.

    Iwao Nakanishi era un estudiante de 15 años cuando la bomba arrojada sobre Hiroshima explotó a unos 2,7 kilómetros del almacén militar donde se encontraba. Aquella madrugada del 6 de agosto de 1945, el muchacho esperaba a la llegada del camión que debía llevarle hasta otro almacén en el centro de la ciudad, pero se retrasó unos veinte minutos. Eso le salvó la vida. La bomba estalló un cuarto de hora después, y los 300 estudiantes que le esperaban en el parque central se vaporizaron. Nakanishi tiene ahora 82 años. Lo recuerda todo. "En un instante, vi un tremendo flash, y sentí que mi cuerpo se elevaba debido al impacto. Pensé: 'Estoy muerto'. Perdí la conciencia y me quedé sordo temporalmente, por lo que no recuerdo haber oído ningún sonido", describe en un correo electrónico. Quedó boca abajo, y cuando levantó la cabeza vio el color verde de las hojas. Su ciudad se había convertido en un infierno. Alzó la vista y vio el hongo nuclear creciendo en un cielo gris. Y oyó los primeros gritos a su alrededor cuando recuperó el oído. "¡Está caliente! ¡Dadme agua!".
    Las personas se movían como fantasmas, con la cara ensangrentada y quemada, la piel colgando como trozos de tela. Nakanishi se palpó el rostro y descubrió que milagrosamente no había sufrido quemaduras. Ese mismo día fue reclutado para ayudar a los heridos. A falta de medicinas, llevaba un cubo de aceite y aliviaba las quemaduras de sus compatriotas con una brocha. Cuando llegó al puente Miyuki, entre las ruinas, el fuego y el humo, oyó la súplica de un muchacho que le confundió con un soldado. Intentó cogerlo, pero se quedó con su piel y parte de la carne en sus manos. Todavía hoy Nakanishi sigue lamentando no haberse echado a la espalda a aquel chico.

    El simple hecho de encontrarse en el porche trasero de su casa salvó a Yoshiro Yamawaki del impacto directo del calor y las radiaciones cuando la bomba estalló a unos dos kilómetros, en Nagasaki. La explosión mató al instante a 70.000 personas. Yamawaki contaba 11 años. "Mi padre no regresó a la mañana siguiente y salimos a buscarle a la fábrica donde trabajaba. Allí encontramos su cuerpo, lo incineramos, y al día siguiente volvimos para recoger sus restos". Recuerda perfectamente los momentos posteriores, los restos de su casa, el tejado arrancado de cuajo; o cuando acudió con sus hermanos a un refugio subterráneo que no era otra cosa que una zanja excavada en una colina, repleto de mujeres con sus hijos llenos de quemaduras o heridos por los trozos de cristal y fragmentos clavados en el cuerpo.
    Yamawaki y Nakanishi pertenecen a un grupo de más de 227.000 personas que sobrevivieron a los ataques atómicos, incluyendo los que estaban en ese momento dentro del vientre de sus madres. Ellos experimentaron un miedo difícilmente concebible para el resto. El Gobierno japonés los reconoce con el término hibakusha (persona bombardeada) y establece para ellos ayudas económicas y médicas. Pero tras los bombardeos y la rendición de Japón, muchos de ellos tuvieron que enfrentarse a otro tipo de miedo: el prejuicio por parte de sus compatriotas de que las enfermedades contraídas por la radiación eran contagiosas, o que sus hijos nacerían con malformaciones congénitas al tener la sangre contaminada.
    Iwao Nakanishi creía, antes del accidente de la central de Fukushima, que la energía nuclear era un "demonio necesario". Ahora piensa que Japón debe replantearse por entero su política energética, no construir más centrales y reducir el número de las ya existentes. "Tenemos que revisar nuestro modo de vida. Nos enfrentamos ahora a las consecuencias de los excesos".
    Los hibakusha se oponen comprensiblemente a la energía nuclear. Kazue Campbell, que trabajó como profesora de idiomas y cultura japonesa de la Universidad de Harvad, tenía 13 años cuando cayó la bomba de Hiroshima y se considera una superviviente, no una hibakusha, puesto que se encontraba a más de 48 kilómetros, en un pueblo cercano. Ella sintió el miedo atómico. Pero dice que la prensa americana es un poco arrogante cuando los periodistas se quejan de que las autoridades japonesas no son lo suficientemente transparentes, teniendo en cuenta que Estados Unidos fue el país que arrojó la bomba. "No se dan cuenta de que la situación cambia cada día. Creo que Japón se debería replantear el uso de la energía nuclear para conseguir electricidad, y probablemente la mayoría de la gente de Hiroshima coincide conmigo. Pero recuerde que no vivo allí".

    Christopher Gerteis, experto en historia contemporánea de Japón, y conferenciante de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres, describió en un correo electrónico las primeras reacciones de muchos japoneses cuando estalló la crisis tras el 11 de marzo, actitudes que ahora tienen un valor retrospectivo. "Muchos de mis colegas y amigos están profundamente asustados por la contaminación de la lluvia radiactiva, e incluso algunos japoneses ricos han enviado a sus hijos al exterior hasta que termine la crisis".
    El mundo artificial que hemos hecho a nuestra medida, las seguras ciudades donde lo único que necesitamos para sobrevivir es acudir a un supermercado y no jugarnos el pellejo para obtener comida en la naturaleza como los animales salvajes, contiene, paradójicamente, riesgos nunca vistos con los que nos tenemos que manejar: los alimentos modificados genéticamente, el cambio climático y sus catastróficas consecuencias, la energía nuclear.
    "Ahora los riesgos son mucho más complejos, y hay en juego intereses comerciales", dice Ropeik. "Nuestro sistema emocional, que nos ha sido tan útil en el pasado, quizá no sea el más adecuado para pensar en estos riesgos tan complicados". En Estados Unidos, asegura este experto, hay una cierta psicosis en la opinión pública por los riesgos de la radiación desprendida por las radiografías. Y sin embargo, las sesiones de bronceado de la piel con rayos ultravioleta -asociados al cáncer de piel- atraen a millones de norteamericanos. Se arriesgan por conseguir un beneficio.
    El miedo continuará siendo el instrumento favorito de los políticos para captar votos, pero está bien presente en las técnicas de marketing, describe Ropeik: este alimento es más saludable, nos previene contra un ataque al corazón. En algunas partes de Estados Unidos se venden dispositivos para que los padres sepan siempre dónde están sus hijos, pues hay un cierto temor generalizado al secuestro. "Un anuncio comercial termina mostrando a una madre aterrorizada que no puede encontrar a su hijo para así vender el producto".
    El miedo, asegura por su parte Joseph Ledoux, parece que vive siempre en el cerebro. Es importante que almacenemos nuestros miedos de forma permanente. "Las cosas peligrosas ahora lo serán mañana, y el cerebro necesita grabarlas para protegernos en el futuro". El miedo también puede ser alterado. Ledoux está convencido de que la comprensión neurológica del miedo y sus circuitos podría llevarnos algún día a tratar mucho más eficazmente las patologías y fobias. "Se podría alterar la amígdala en la gente que se asusta, quizá mediante fármacos que pueden reducir su actividad en situaciones peligrosas, y lograr que esa gente sienta menos miedo". Sin embargo, el miedo es también un recurso evolutivo, es como un sistema de seguridad. Este experto lanza una reflexión final acerca de las técnicas para reducir o alterar ese miedo. "¿Deberíamos alterar las emociones de la gente y sus recuerdos? Es un tema complejo".

    Una proteína dispara la respuesta química al estrés en el cerebro

    Un equipo científico descubre un mecanismo molecular clave en los estados de ansiedad

    EL PAÍS - Madrid - 21/04/2011
    
    ¿Qué sucede en el cerebro en un estado de ansiedad, de fuerte estrés? ¿Cómo se desencadenan las respuestas químicas en esas situaciones? ¿Qué mecanismo molecular está implicado? Un equipo científico internacional partió de estas preguntas y ha tardado cuatro años en encontrar una respuesta, descubriendo un proceso químico del cerebro que dispara la respuesta ante situaciones fuertemente estresantes o acontecimientos traumáticos.
    "Los problemas relacionados con el estrés afectan a un porcentaje alto de la población y generan un impacto enorme tanto desde el punto de vista personal como social y económico", señala Robert Pawlak (Universidad de Leicester, Reino Unido), líder del equipo."Se sabía ya que ciertos individuos son más susceptibles a padecer efectos negativos del estrés que otros y, aunque la mayoría de nosotros experimenta acontecimientos traumáticos, sólo algunas personas llegan a padecer trastornos psiquiátricos relacionados con ellos, como depresión, ansiedad o síndromes postraumáticos, por razones que no están claras".
    
    Las células nerviosas (en naranja) se conectan y comunican entre sí en sinapsis (en verde) y emiten compuesto químicos implicados en los procesos de ansiedad.- UNIVERSITY OF LEICESTER
    
    Lo que motivó la investigación fue precisamente la aparente falta de correspondencia entre la exposición común de las personas a situaciones psicológicas potencialmente traumáticas y el desarrollo de patologías en algunas de ellas. En resumidas cuentas, el objetivo de estos científicos era buscar factores que hicieran a algunos individuos más vulnerables a los estados de ansiedad y estrés que otros. En al revista Nature, Pawlak y sus colegas explican cómo han abordado el problema combinando técnicas genéticas, moleculares, electrofisiológicas y de comportamiento, partiendo del centro emocional del cerebro, la amígdala, que reacciona al estrés incrementando la producción de una proteína denominada neuropsina. Esto desencadena una sucesión de pasos químicos que acaban por provocar una mayor actividad de la amigdala y, como consecuencia, se activa un gen que determina la respuesta a nivel celular.
    "Examinamos entonces las consecuencias de esas seria de procesos celulares provocados por el estrés en el comportamiento de ratones", explica Pawlak en un comunicado de la Universidad de Leiceter. "Los estudios en ratones revelaron que, al sentirse estresados evitaban zonas del laberinto de experimentos donde se sentían especialmente inseguros, espacios abiertos e iluminados que evitan cuando sienten ansiedad". Sin embargo, cuando se bloquea la producción de la proteína clave en la amígdala, ya sea con fármacos o con manipulaciones genéticas, los ratones abandonan ese comportamiento motivado por el estrés. "Nuestra conclusión es que la actividad de la neuropsina y los mecanismos asociados pueden determinar la vulnerabilidad al estrés", señala Pawlak.
    La neuropsina había sido descubierta ya por Sadao Shiosaka, uno de los investigadores de este equipo que ha unido fuerzas de expertos del Reino Unido, Polonia y Japón. Su logro ha sido desvelar y caracterizar este mecanismo de control de la ansiedad en la amígdala. Además del conocimiento básico, los científicos no descartan que su hallazgo pueda tener implicaciones clínicas para desarrollar terapias preventivas y curativas de desórdenes psiquiátricos asociados al estrés.


    AAAS: Tus recuerdos pueden ser implantados

    EL PAÍS.com
    Escrito por Pere Estupinya

    21 Feb 2011 - Enlace

    Pasar 3 días inmerso en el congreso anual de la Sociedad Americana para el Avance de la Ciencia –la sociedad científica más grande del mundo y que publica la revista Science- es como visitar un buffet libre de ciencia exquisita. Con la diferencia que por muchos cerebros que devores no logra saciarte y terminas con más hambre de conocimiento del que empezaste.
    El encuentro de la AAAS no es un espacio pensado para presentar los estudios más novedosos. Más bien se trata de sesiones donde expertos de diferentes disciplinas discuten si pueden encontrar indicios de futura psicopatía en niños (y si el entorno influye en que se conviertan en asesinos o directivos exitosos), analizan la peculiar tipología de los planetas extrasolares encontrados por Kepler, contrastan visiones sobre cómo transformar la agricultura para alimentar a 9 mil millones de personas –y si los trangénicos son imprescindibles para ello o no-, presentan sus últimos avances en superconductores, brazos biónicos conectados al cerebro, o diseño de genes con funciones noveles. Contrastan visiones sobre el estado de las diferentes fuentes de energía, anuncian disciplinas emergentes como la aeroecología, se habla de la necesidad de potenciar otras como la diplomacia científica, discuten por qué son tan poco eficientes comunicando el cambio climático, se quejan ante John Holdren del malestar por la congelación de presupuestos, resaltan aspectos de investigación militar y bioseguridad nacional…
    Esta aparente falta de grandes titulares hace las sesiones menos noticiables ante los medios. Pero en absoluto menos interesantes. Por eso atrae a más de 1.000 comunicadores científicos, de los que buscan ideas y comprensión más allá de las “noticias” que publican cada semana Science o Nature. Es gozo, alimento e inspiración.
    A la lista de antes añade discusiones sobre la situación real del LHC, nuevos candidatos a materia oscura, si la transmisión del HPV por sexo oral también puede causar cáncer, los beneficios cognitivos de hablar dos lenguas aunque se parezcan tanto como catalán y castellano, cómo afectará una gran tormenta solar a nuestro mundo tecnológico, el estado de los océanos, la lucha contra el sida o la tuberculosis, nuevos enfoques multidisciplinares a enfermedades neurodegenerativas, los microorganismos que crecen en las barbas, radares inspirados en murciélagos… y muchísimo, muchísimo más.
    Abrumado al ver el programa, constatando que el saber quizás no ocupa lugar pero sí tiempo, decides una vez más rascar donde no pica y deslizarte por el congreso sin presiones guiado únicamente por tu curiosidad e instinto de ladrón de cerebros. Acumulas ideas y conversaciones como para rellenar 3 apasionantes meses de posts en caso de tener tiempo y un mínimo apoyo. Como omnívoro de la ciencia, a ti te apasiona todo. Sabes que tus lectores son más diversos, y no te decides por dónde empezar. Priorizas la emoción, y escoges el momento más emotivo del congreso.



    Tus recuerdos pueden ser implantados
    Elisabeth Loftus subió al escenario a recoger el “Premio a la libertad y responsabilidad científica” por el impacto de sus estudios en memoria humana.
    Pero como cualquier deportista que tras enormes sacrificios logre ganar un anhelado título, o músico que recibe la ovación de un público entregado, actriz cuyos compañeros le otorgan un sentido premio, maestra voluntariosa que es felicitada por sus exalumnos, o escritor que recibe cariñosos mensajes anónimos por su obra, Elisabeth Loftus irrumpió a llorar delante de sus colegas científicos al constatar que las largas horas pasadas diseñando estudios, contrastando datos, y sacrificando hipótesis, finalmente habían contribuido a mejorar un poquito la sociedad. Al fin y al cabo; ésta es la principal motivación que mueve a la inmensa mayoría de científicos vocacionales. La sala se puso de pie.
    La psicóloga Elisabeth Loftus empezó su carrera investigando las funciones básicas de la memoria humana, y cómo la mente clasifica y recuerda la información. Poco a poco empezó a constatar que los recuerdos eran mucho más frágiles y maleables de lo que en la literatura científica estaba establecido. Vio que incluso factores sutiles como la manera de realizar una pregunta sobre el pasado modificaban el recuerdo de la experiencia que se relataba. Y lo más trascendente; estudios con testigos oculares pusieron de manifiesto que ante situaciones de estrés emocional podemos llegar a imaginarnos experiencias que quedan fijadas como si hubieran sido reales.
    De hecho, de los más de 250 casos de prisioneros que han sido liberados tras demostrarse por análisis de ADN que eran inocentes, se ha visto que la mayor parte habían sido inicialmente imputados por la declaración basada en “falsas memorias” de un testigo ocular. La Dr. Loftus ha testificado en más de 200 juicios, y no sin cierta controversia, en algunos estados testigos oculares han sido desestimados cuando se sospechaba de una memoria implantada y no había otras evidencias para corroborarlo.
    El “Síndrome de Falsa Memoria” desarrollado por esta actual catedrática de ecología social y ciencia cognitiva de la Universidad de California-Irvine, también ha generado polémica entre psicoterapeutas. Según sus trabajos, abusos, experiencias traumáticas, y muchos de los recuerdos “revividos” durante sesiones de psicoterapia pueden no corresponder a memorias reprimidas, sino haber sido implantados a posteriori. Incluso inducidos por el terapeuta. A partir de el “síndrome de falsa memoria” algunos psicólogos han llegado a declarar “muerta” a la terapia regresiva.
    Elisabeth Loftus lleva 40 años investigando la memoria humana y constatando lo manipulable que es por el estado emocional que nos induzcan, la manera en que se intente recordar, o hasta fotografías amañadas. Es considerada uno de los 100 psicólogos más influyentes del siglo XX, y es la mujer con ranking más alto de la lista. Representa uno de los muchos ejemplos de cómo la ciencia cognitiva, la biología, la astrofísica, o la química va cambiando la manera cómo nos percibimos a nosotros mismos, y generando avances en la sociedad. Seguiremos explorando los próximos días desde Boston, Yale, y Nueva York, y retomando ideas pescadas durante el congreso de la AAAS.

    Proust y la neurociencia, Jonah Lehrer.

    Escrito por: corto-cortes
    06 Jul 2010
    http://lacomunidad.elpais.com/libros-azules/2010/7/6/proust-y-neurociencia-jonah-lehrer

    Jonah Lehrer, (Los Angeles USA, junio de 1981) es un escritor especializado en psicología y neurociencia. Ha colaborado en The New Yorker, Nature, Wired y The Washington Port entre otros. Tiene un blog muy interesante llamado The frontal Cortex, y ha escrito Proust y la neurociencia, que ahora publica en castellano Paidos.

    Parece que mientras Lehrer trabajaba en el laboratorio de Eric Kandel, uno de los más importantes neurocientíficos del mundo, para matar el aburrimiento mientras esperaba el resultado de algunos experimentos, se puso a leer Por el camino de Swann (primer volumen de En busca del tiempo perdido) y comprobó que Marcel Proust había intuido, anticipándose a lo que ahora la neurociencia conoce, como funciona el cerebro en lo referente a la memoria y recuerdos:

    Escribe Lehrer:

    Proust intuyó muchas cosas acerca de la estructura de nuestro cerebro. En 1911, los fisiólogos no tenían la menor idea de cómo se conectaban los sentidos en el interior del cráneo. Una de las grandes ideas clarividentes de Proust fue que nuestros sentidos del olfato y el gusto tenían una única carga de memoria. Las ciencias reconocen ahora que tenía toda la razón. Nuestros sentidos del olfato y el gusto son extraordinariamente sentimentales porque son los únicos sentidos que enlazan directamente con el hipocampo, el centro de la memoria a largo plazo del cerebro, antes de ser procesados por el tálamo, la fuente del lenguaje y la puerta de entrada a la conciencia, como ocurre con la vista, el tacto y el oído. El olfato y el gusto son mucho más eficaces a la hora de concitar nuestro pasado.

    (…)

    Formulado en pocas palabras, Proust creía que nuestros recuerdos eran engañosos. Aunque parecían reales, en realidad, eran unos amaños elaborados. Proust era consciente de que en el momento mismo en que terminamos de comer la madalena, empezamos a deformar su recuerdo para que se adecue a nuestra narrativa personal. Forzamos los hechos en favor de nuestro relato, pues nuestra inteligencia reelabora la experiencia. Proust nos aconseja tratar la realidad de nuestros recuerdos con sumo cuidado y con una buena dosis de escepticismo.

    Casi 90 años después de la muerte de Proust, las ciencias le dan la razón: el hombre que encapsuló en una obra voluminosa el dolor, el amor, la ansiedad y el hastío ocioso tenía razón, la memoria es falible, el acto de recordar modifica un recuerdo. Los recuerdos no representan directamente la realidad; antes bien, son copias imperfectas de lo que sucedió realmente, una fotocopia de una fotocopia de un mimeógrafo de la foto original.

    (…)

    Así, ya no se concibe a la memoria como un depósito de información inerte sino como un proceso incesante: cada vez que recordamos algo, la estructura neuronal sufre una pequeña transformación, un proceso llamado reconsolidación y que Freud conocía como Nachträglichkeit o retroactividad. “El momento en el que recordamos el sabor de la madalena es el momento en que nos olvidamos de cómo ésta sabe realmente –sentencia Lehrer–. Proust se adelantó a estos descubrimientos. Para él, los recuerdos eran como frases, es decir, cosas que nunca dejamos de cambiar”.

    El autor en Proust y la neurociencia nos cuenta como otros artistas como Virginia Woolf o Cezanne anticiparon con su arte algunos de los principios básicos de la neurociencia.

    Lehrer escribe en el capítulo dedicado a la Woolf:

    El yo es simplemente ese sujeto; ese relato que nos contamos a nosotros mismos sobre nuestras experiencias. Como escribió Woolf en su memoria inacabada: “Somos las palabras mismas; somos la música; somos la cosa misma”.

    Lehrer, como dice una reseña, reconcilia arte y ciencia que casi siempre se han mirado con desconfianza.


    Este es el índice del libro:


    1. Walt Whitman. La sustancia del sentimiento.
    2. George Eliot. La biología de la libertad.
    3. Auguste Escoffier. La esencia del gusto.
    4. Marcel Proust. El método de la memoria.
    5. Paul Cézanne. El proceso de la visión.
    6. Igor Stravinski. La fuente de la música.
    7. Gertrude Stein. La estructura del lenguaje.
    8. Virginia Woolf. El yo emergente.

    Fuente: Radar y Paidos.